Dulzaro llega a Palencia Sonora como una de las voces más singulares de la nueva escena de raíz en Castilla y León.
El artista vallisoletano ha hecho de la tradición su punto de partida creativo, llevando jotas, seguidillas y ritmos populares al terreno de la electrónica y la experimentación. En esta conversación, reflexiona sobre la herencia cultural, la importancia de abrir caminos sin complejos y la conexión emocional que se genera cuando la música tradicional se encuentra con nuevos públicos y escenarios.
Por estas tierras, muchos hemos bailado jotas o paloteo en el pueblo o el colegio y hemos escuchado a las abuelas cantar seguidillas en casa. Tú has cogido esa herencia y la has traído al presente: a las fiestas populares, pero también a festivales como el Palencia Sonora. ¿Cómo vives ese proceso y ese logro?
Es muy gratificante que haya festivales que apuesten por proyectos que parten de la raíz. Siento que mi misión como artista es ir recogiendo melodías, ritmos que parten de la música tradicional pero a la vez utilizarlos de una manera creativa, tanto para dar mi visión como para crear un puente y que la gente se pueda acercar más a la música tradicional.
A menudo comentas que, cuando actúas ante personas mayores, te dan nuevos matices sobre las canciones tradicionales en las que te has inspirado, porque los pueblos las hacían suyas, cambiaban las letras o las mezclaban. ¿Qué aprendizajes te estás llevando en esta gira de tu disco Ícaro?
Estoy conociendo a mucha gente muy interesante, que me enseñan muchas cosas. Siempre ando creando canciones y siempre estoy de gira y conociendo a gente… Así que toda recomendación de cantares tradicionales o toques que aprendo, los intento implementar en mi música.
A tus conciertos acuden personas de todas las edades. ¿Tu música se recibe diferente en cada escenario? ¿Tocarla en un festival como el Palencia Sonora la pone a prueba, o es más complejo actuar ante un público más conservador u ortodoxo?
Al final intento hacer las cosas desde mi verdad y eso es lo que hace que conecte con la gente. Mi público es muy diverso y maravilloso. Me hace muy feliz ir creando una familia con la que pueda ir compartiendo mi viaje musical y vital.
De seguro, cada escenario y lugar es diferente, pero en todos me lo paso igual de bien y la gente me da mucho cariño.
Cuando compones, juegas con la producción sonora y la electrónica tratando de llevar al límite la música popular de Castilla y León. Y logras, como has explicado, llevar una seguidilla a la “rave”. ¿Qué le dirías al público de Palencia Sonora que no te haya escuchado todavía?
Que estén preparados para bailar, para pasárselo bien, emocionarse… Mi música es un viaje en el que intento que haya variedad de emociones. Les diría que vengan con ganas de emocionarse.
Formas parte de un movimiento cultural que ha llegado para quedarse, con embajadores tan importantes como Rodrigo Cuevas o, mirando nuestro territorio, El Naán, El Nido, Carrión Folk, Castora Herz… ¿Esta generación se respeta más a sí misma, sus raíces y su patrimonio cultural?
Creo que las nuevas generaciones tenemos menos complejos y necesitábamos abrir un camino nuevo. Amo los grupos más tradicionales como Mayalde, que son un absoluto referente para mí y para mucha gente amante de la música tradicional, pero también tiene que haber fusiones y otros caminos diferentes y no hay que tener miedo, en Galicia por suerte se lleva haciendo esto desde hace más de veinte años.
Valladolid te enarbola como uno de los artistas locales con más proyección y por aquí te vemos tocar muy a menudo en escenarios importantes. ¿Te sientes profeta de la tierra? Y, dado que sentirse castellano y gay todavía está cargado de estigmas, ¿qué te gustaría mejorar, desde tu música y tu propuesta?
Por suerte me siento profeta en mi tierra y muy querido cada vez que tocamos en Pucela. En cuanto al estigma sobre la homosexualidad, no sé, yo soy un ser humano creativo que hace música que resulta que es gay y por tanto implemento mi realidad en mi música.
Sería muy incoherente conmigo mismo y con mi público intentar ser algo que no soy, de ahí creo que viene el activismo. Al final en mis letras y en el escenario soy cien por cien yo y eso es maravilloso, porque la gente se puede sentir identificada con lo que yo hago.





