Jesús García-Prieto / ICAL
“Yo siempre decía que Tractores y Tacones era como abrir una ventana al mundo sobre lo que era el mundo rural”. Esa frase resume el espíritu con el que Blanca Martín decidió abrir una cuenta de Instagram que, años después, se ha convertido en una de las más influyentes del panorama agrario de Castilla y León.
Ingeniera agrónoma, vinculada desde niña a la explotación familiar de Santa Cecilia del Alcor y Valdespina (Palencia) y profesional del sector de los fertilizantes, su objetivo nunca fue convertirse en una influencer. Lo que pretendía era mucho más sencillo: enseñar el campo tal y como es, explicar cómo se producen los alimentos y derribar prejuicios que todavía pesan sobre la agricultura y quienes viven de ella.
La idea nació de manera espontánea, durante una jornada cualquiera de trabajo junto a su hermano. Su empleo le permite recorrer explotaciones agrícolas de Castilla y León, Galicia y la Cornisa Cantábrica, conocer nuevos cultivos, visitar fábricas y comprobar cómo evoluciona un sector que vive en permanente transformación. Aquellas imágenes que compartía de vez en cuando en su perfil personal despertaban interés y terminó planteándose crear un espacio exclusivamente dedicado al mundo agrario.
El nombre surgió casi con la misma naturalidad. «A mí me flipan los tacones», recuerda entre risas a la Agencia Ical. Siempre que puede sale de casa con ellos, aunque en el coche nunca falten las botas de campo. Aquella combinación dio lugar a un nombre tan llamativo como simbólico. «Me gustó la combinación» porque, explica, quería «reivindicar un poco la feminidad, que no el feminismo» y demostrar que «los tacones y los tractores son perfectamente compatibles».
Con esa declaración de intenciones comenzó un proyecto que ha ido mucho más allá de enseñar maquinaria agrícola o explicar el calendario de las campañas. También ha servido para cuestionar una imagen demasiado extendida fuera del medio rural. Blanca Martín considera que todavía existe la percepción de que las mujeres del campo son menos femeninas o que trabajan en un sector especialmente machista. Su experiencia dice exactamente lo contrario.
«No creo que el campo sea un sector machista, ni muchísimo menos, o por lo menos mi experiencia puedo decir que no», afirma. Reconoce que, cuando empezó a trabajar, apenas había mujeres desempeñando funciones técnicas y en ocasiones necesitó demostrar más sus conocimientos para ganarse la confianza de algunos agricultores. Sin embargo, añade que «una vez que nos cogían confianza, sin problema ninguno».
Tras casi dos décadas de trayectoria profesional, su balance es rotundo. “Llevo desde que acabé la carrera en el sector y en ninguno de los trabajos en los que he estado he tenido ningún tipo de discriminación por ser chica ni muchísimo menos”, señala.
La evolución del papel femenino en el campo, a su juicio, ha sido enorme. Aunque recuerda que las mujeres siempre sostuvieron la vida de los pueblos, rara vez aparecían al frente de las explotaciones.
«El pilar de los pueblos y el medio rural siempre ha sido la mujer», asegura. Durante décadas estuvieron «a la sombra haciendo los trabajos de casa y ayudando al marido» en las labores agrícolas y ganaderas. Hoy el panorama ha cambiado. Cada vez es más habitual encontrar mujeres conduciendo un tractor, gestionando explotaciones o desarrollando carreras técnicas vinculadas al sector agroalimentario.
Las redes sociales también reflejan esa transformación. Cuando abrió Tractores y Tacones apenas existían perfiles similares. Ahora son muchas las agricultoras, ganaderas, veterinarias o ingenieras que utilizan Instagram o TikTok para mostrar su trabajo cotidiano y acercar la realidad del campo a miles de personas.
Sin embargo, Blanca Martín insiste en que su perfil nunca ha querido limitarse a la agricultura. En sus publicaciones aparecen cosechadoras, sí, pero también romerías, tradiciones, fiestas populares, paisajes y escenas cotidianas de sus pueblos. «A mí me gusta mucho subir cosas, tradiciones del pueblo, de mis dos pueblos, de Valdespina y de Santa Cecilia», explica a Ical. Considera que demasiadas veces se idealiza el medio rural desde las ciudades.
“Nos acordamos de ellos en verano y qué guay está el pueblo, pero no quiero que haya ruidos ni olores. No, pues mira, el pueblo es todo esto”, asegura.
Durante la pandemia muchas personas descubrieron el atractivo de vivir fuera de las grandes ciudades. Sin embargo, aquel entusiasmo se fue diluyendo. «Cuando pasamos el COVID hubo un boom con los pueblos… nos queremos ir todos al medio rural, pero llegó el invierno y ya las ganas se nos quitaron un poquitito», resume con ironía.
Precisamente esa distancia entre el mundo urbano y el rural es la que intenta reducir con cada publicación. Lo hace explicando cuestiones aparentemente sencillas para un agricultor, pero completamente desconocidas para buena parte de la población. Vídeos sobre la flor del girasol, el funcionamiento de una cosechadora o el desarrollo de un cultivo acumulan miles de reproducciones y comentarios de personas que jamás habían tenido contacto con la agricultura. «Cuando te dicen ‘yo no tenía ni idea de esto’ o ‘anda, pues mira qué curioso’, ahí ves que merece la pena», reconoce.
Pero las redes también le han servido para descubrir una realidad que contradice otro de los grandes tópicos del sector. “Lo primero que descubres es que hay muchísima más gente joven de la que pensamos en el sector”. Eso sí, inmediatamente introduce un matiz importante. La incorporación de jóvenes continúa siendo complicada. «El relevo generacional es muy difícil» y «empezar de cero me atrevería a decirte que es prácticamente imposible» debido a la inversión necesaria, la burocracia y la dificultad de acceder a tierras y explotaciones.
Aun así, destaca el elevado nivel de formación de quienes permanecen en el campo. «La mayoría de la gente está muy, muy formada», afirma. Ingenieros, graduados universitarios y técnicos especializados forman hoy un sector muy diferente al que muchas veces imagina la sociedad. “Antes era lo típico de que se queda en el campo quien no quiere estudiar. Ahora no”.
Esa profesionalización convive con otro cambio que Blanca Martín observa con satisfacción. “Por fin nos sentimos orgullosos de decir que somos de pueblo y que trabajamos en la agricultura”, reconoce. Ese orgullo impregna cada una de sus publicaciones y también buena parte de los mensajes que recibe. Lo que comenzó como una cuenta personal ha terminado convirtiéndose en una comunidad donde agricultores y ganaderos intercambian consejos, dudas o experiencias. “Parece que hemos creado una comunidad que no conoces de nada, pero parece que los conoces de toda la vida”.
Muchos seguidores le consultan problemas relacionados con maquinaria, recambios o cultivos. Otros simplemente comparten fotografías de sus pueblos o cuentan que mantienen tradiciones similares. “Cuando la gente te dice ‘en mi pueblo también se hace’, dices: pues yo creo que es que los pueblos realmente no se van a acabar”.
Además de divulgar, Blanca Martín intenta desmontar ideas equivocadas sobre la agricultura. Una de las más extendidas tiene que ver con el trabajo del agricultor. “Nadie ve el trabajo duro que hace el agricultor durante todo el año”.
Explica que muchas personas únicamente observan la cosecha, el momento en que los remolques se llenan de cereal, pero olvidan que detrás hay meses de planificación, inversión, incertidumbre y riesgos climáticos. También rechaza la imagen de un sector que vive exclusivamente de las ayudas. “Ojalá no nos las tuvieran que dar y viviéramos todos mucho mejor si tuviéramos nuestros precios justos”. Su reflexión desemboca en una idea tan sencilla como contundente. “Si el sector agrícola no trabaja, los lineales del supermercado no se llenan”, afirma con rotundidad.
La campaña cerealista de este año constituye un buen ejemplo de la complejidad que afrontan los agricultores. Tras la cosecha récord de 2025, la de 2026 está siendo extraordinariamente irregular. “Es una campaña rara. Muy rara”, resume Blanca con sinceridad. Las lluvias de comienzos de año retrasaron numerosas labores; después llegó una larga ausencia de precipitaciones y, más tarde, varias olas de calor condicionaron el llenado del grano. “Te puedes creer cualquier cosa que te diga cualquiera este año porque va a ser verdad”.
En unas comarcas las cebadas tempranas han ofrecido buenos rendimientos y calidad. En otras apenas alcanzan producciones aceptables. La diversidad de situaciones impide hacer una valoración homogénea. En las zonas cerealistas de secano, como buena parte de Palencia, la principal preocupación sigue siendo la rentabilidad. “Ahora mismo lo que más preocupa es la rentabilidad del cereal”, afirma.
Los agricultores invierten cada vez más en semillas, fertilización, genética y tecnología para ganar eficiencia, pero los precios continúan sin acompañar. Aun así, Blanca Martín se muestra optimista respecto a la capacidad de adaptación del sector. “La genética y las empresas están trabajando de una forma brutal”, señala Blanca a Ical.
Los nuevos materiales vegetales y los campos de ensayo permiten disponer cada año de variedades mejor adaptadas a la sequía o a los episodios extremos de calor. “El campo está evolucionando de una forma brutal para conseguir ser más eficientes”.
La otra gran amenaza del verano son los incendios. Blanca Martín lamenta que muchas veces solo se señale a las cosechadoras cuando se produce un fuego, sin valorar el enorme esfuerzo preventivo que realiza el propio sector. “Somos los primeros que, si hay que parar, paramos”, reconoce con cierta tristeza. Recuerda que los agricultores extreman las precauciones durante las olas de calor y que, cuando se declara un incendio, suelen ser los primeros en acudir. “Los agricultores siempre son los primeros”.
Desenganchan remolques, acoplan aperos y realizan cortafuegos para impedir que las llamas alcancen nuevas parcelas. “Lo que quieres es ayudar porque evidentemente con los rastrojos eso vuela”, explica. También reclama más actuaciones preventivas durante el invierno. “Los incendios se apagan mucho mejor en invierno que en verano”, señala con rotundidad y cierta crítica.
Mientras continúa recorriendo explotaciones agrícolas por buena parte del norte peninsular y ayudando a su familia en las campañas de siembra y cosecha, Blanca Martín sigue alimentando una comunidad que ha encontrado en las redes una manera distinta de mirar al campo. Sin discursos grandilocuentes ni victimismos. Con naturalidad, humor y cercanía. “Da la sensación como que los conoces de siempre y es gente que no has visto nunca o coincides a lo mejor haciendo alguna colaboración y eso me encanta”, concluye Blanca que ya está pensando los nuevos contenidos para seguir dando forma a sus Tractores y Tacones.





