La mochila atravesaba el túnel escaneador. Cuando terminó de aparecer, acariciada por unas lenguas negras de goma, como en una especie de parto mecánico, le pregunté a la operaria… “Solo por curiosidad, ¿todo esto sirve para algo? Quiero decir, a los de este tren AVE nos han mirado el equipaje, pero a los del Regional no”. Acompañé la cuestión con un gesto entre incrédulo y esperando una confirmación a lo que acababa de observar. Entonces, la responsable de aquella máquina tragamaletas, me miró con una sonrisa socarrona y contestó a la vez que negaba con la cabeza… “La verdad es que no”.
Y si la verdad es que no, por qué vivir en la mentira. Es cierto que a veces ocurre. Quizá menos en las grandes ciudades, con zonas de embarque más modernas, donde todos los viajeros, sí o sí, pasan por el control de turno. Pero en cuántos apeaderos o estaciones más pequeñas o humildes, vamos a decirlo así, hemos comprobado cómo los usuarios se subían a los vagones/coches sin más.
En Palencia, a un servidor, en ocasiones le hacen pasar sus cosas por el gargantúa ese, pero otras muchas me libro. Depende en general de la categoría del transporte a tomar. Por supuesto, nadie me revisa los bolsillos del pantalón o de la chaqueta, que es donde suelo guardar navajas, cadenas y gases paralizantes. También llevo algo de droga, la joyas que me regalan y una rama de romero para que me dé suerte.
Algo similar sucede, y en estos tiempos de obras en las vías más, cuando te trasladan en autobús a Paredes, o a Venta de Baños… El conductor llena las tripas del autocar con todas las bolsas y cachivaches que le dan. Ese día la seguridad es menos fundamental. Porque, si se pone uno a pensar, este curioso sistema de control es más bien un descontrol en toda regla.
Al parecer, “no existe un protocolo único ni uniforme para los controles de equipaje en las estaciones de tren en España, lo que genera esta inconsistencia. La aplicación de dichos controles depende de criterios discrecionales y de la tecnología o personal disponible en cada estación”. Esto es lo que me cuentan.
Todo se fundamenta en el criterio del vigilante, y las instrucciones varían según la interpretación del personal de seguridad de turno. Por ejemplo, unos te mandan quitar el abrigo, y otros no. Por cierto… en Palencia, en invierno, eso podría estar tipificado como delito. Visto el panorama judicial. En fin. Ahí lo dejo para que le den una vuelta. O siempre, o nunca… ¿No?





