“Hoy me he levantado dando un salto mortal. He echado un par de huevos a mi sartén. Dando volteretas he llegado al baño. Me he duchado y he despilfarrado el gel. Porque hoy… algo me dice… Que voy a pasármelo bien”. Estos cuatro chavales de aquí se llaman Jesús, Pablo, Víctor y Mario. A algunos les une la familia, a todos la amistad y, por encima de todo, una pasión compartida. La música.
Pablo y Jesús son hermanos, Víctor es el primo de ambos y Mario… un amigo. Aunque se podría decir que todos ellos forman otra familia. Hace cuatro años se juntaron por probar cómo sonaban. Por pasarlo bien. Por la pasión que tienen por la música. Seguro que, aunque sea de oidillas, has escuchado su nombre. Son ahora un habitual de las fiestas de barrios de la ciudad o de plazas de la provincia. Si no has tenido el placer de ‘cruzarte’ (con perdón del chascarrillo) con ellos, aquí te contamos su historia.
Antes de ‘El Cruce’, estuvo ‘La Curva del 20’
La historia de lo que es ahora ‘El Cruce’ comenzó en una tarde de 2022, cuando los cuatro amigos de Cascón de la Nava decidieron juntar sus instrumentos… y probar lo qué podía salir de ahí. «Dijimos: Tú sabes tocar la batería, tú la guitarra, yo también un poco la guitarra y este cantaba un poquillo… pues oye, vamos a juntarnos y a ver qué sale… Hicimos cuatro o cinco canciones y dijimos: es que sonamos medianamente bien», recuerdan entre risas.
Después llegaría el nombre. Aunque el grupo nació oficialmente hace cuatro años, la relación de sus integrantes con la música viene de mucho antes. En Cascón de la Nava ya existía otro grupo, ‘La Curva del 20’, cuyo cantante era el padre de Jesús y Pablo (que también se llama Jesús). Aquella banda fue una referencia musical dentro del pueblo. El propio nombre de ‘El Cruce’ guarda ese vínculo con aquella historia. ‘La Curva del 20’ hacía referencia a una zona situada antes de llegar al pueblo y, apenas un kilómetro después, aparece el lugar al que llaman ‘El Cruce’. «Después de la curva vino el cruce», referencian.
En la casa de Pablo y Jesús la música era inevitable. Crecieron con el grupo viajando y acompañados por las actuaciones de su padre. Por un lado, Pablo empezó tocando el piano de pequeño y después se lanzó también a la voz. Su hermano mayor, Jesús, comenzó con la guitarra eléctrica siendo adolescente. Tenía 16/17 años cuando, escuchando a Extremoduro, descubrió que quería aprender a tocar. «Pensé: ojalá pudiera tocar yo así». Empezó con la guitarra clásica y luego se fue a la eléctrica. A día de hoy sigue señalando a Robe y Extremoduro como una de sus grandes influencias, al igual que el resto del grupo.
Por su parte, Mario empezó en una actividad extraescolar cuando apenas tenía 11 años. Tuvo su primera guitarra, y con el paso de las clases y muchas horas de práctica, e incluso con un paso por el Conservatorio, se convirtió en su afición.
Y Víctor descubrió pronto que lo suyo no era el órgano al que le habían apuntado sus padres. «Yo siempre me quedaba mirando al batería de ‘La Curva del 20’. Era lo que me llamaba la atención». Con 16 años decidió empezar con la batería y desde entonces ese instrumento se convirtió en su lugar dentro del grupo.
“Veo el primer concierto y pienso: qué paquetes éramos”
Su debut como banda llegó el 21 de agosto de 2022. Fue en las piscinas de Cascón de la Nava, gracias a la oportunidad que les dieron las responsables del recinto. Todavía lo recuerdan. «Lo veo ahora y pienso: qué paquetes éramos», bromea Jesús. «Estábamos muy estáticos, muy parados», comentan, algo que ha cambiado por completo y que es seña de su identidad.
Tampoco tenían por entonces un repertorio demasiado amplio y tuvieron que buscar soluciones sobre la marcha. «No teníamos canciones para llegar a una hora o una hora y media y nos tuvo que ayudar mi padre a cantar un rato», recuerdan. «Ahora notas muchísimo la diferencia, que ya llevamos cuatro años. Ahora a veces nos sobra, o estamos dos horas y nos piden, y tenemos para una hora más y sacamos sin haber ensayado ni nada», confiesan.
Cuando dieron sus primeros conciertos, algunos apenas eran adolescentes. Llegaban a pueblos donde muchas veces el público se sorprendía al ver a un grupo tan joven defendiendo un repertorio completo. «Nos decían: no esperábamos que lo hicierais así de bien siendo tan jóvenes», señalan.
El paso del tiempo les ha dado experiencia, pero no les ha cambiado la idea inicial. «No hacemos esto pensando en el dinero o en hacernos famosos. Lo hacemos porque nos gusta y nos lo pasamos bien».
“Devuélveme a mi chica”, la que nunca falta
El repertorio de El Cruce está formado, sobre todo, por versiones de pop, rock, indie, de las últimas décadas, conocidas por varias generaciones y pensadas para que el público se sienta parte del concierto.
En sus actuaciones pueden sonar Hombres G, Barricada, Marea, Extremoduro, El Canto del Loco o incluso estilos más alejados como rumba, flamenco o algún tema más actual (a pesar de que Víctor y el reggaetón no se lleven muy bien). Pero hay una canción que nunca falta. “Sufre mamón”. O también, bien llamada por su nombre, “Devuélveme a mi chica”, de los Hombres G. Desde aquel primer concierto hasta el último, siempre ha formado parte del repertorio. «Es la canción que hace que la gente empiece a engancharse al concierto. La canta todo el mundo», señalan.

Cada integrante tiene, eso sí, su canción especial. Pablo tiene claro que se queda con Todos los besos, de Siloé. Mario, por su parte, cita Niño Soldado, de Ska-P. Jesús se debate entre So Payaso, de Extremoduro, y No hay tregua, de Barricada, una elección que comparte Víctor. También coinciden, además, en destacar Los mismos clavos, de Marea. Y a pesar de en sus actuaciones toquen repertorio de otros cantantes o grupos, ya cuentan con música propia. Tienen una canción publicada en Spotify, Gritando al cielo, abierta a todo el mundo, y su intención es grabar algunos temas más este verano.
“Lo que más nos hace disfrutar es la gente”
Los cuatro ya han viajado y actuado por muchos escenarios de la provincia. Empiezan a enumerar municipios y no paran. También han tocado en diferentes espacios de la capital, y han salido fuera de Palencia, con conciertos en León y Valladolid. En total se habrán subido al escenario unas cien veces, admiten.
Esto da para muchas historias, y más para un grupo de amigos. Algunas encima del escenario… y otras, como esta, que es la que más recuerdan, fuera de él. Ocurrió en Monzón. Mientras preparaban la salida de la furgoneta, Jesús terminó pasando con la rueda por encima del pie de Víctor. «Tuve que estar un buen rato con hielo porque no podía ni tocar el bombo», recuerdan entre risas ahora. Por entonces, no se reían tanto.
Pero, eso sí, preguntados por sus actuaciones favoritas les cuesta pensar un lugar en concreto. Cuando se dan cuenta, mencionan por ejemplo, Astudillo o Fuentes de Nava… pero sobre todo, el motivo es el mismo: el público. «Lo que más se nota es la gente. Cuando ves que conecta contigo y lo vive igual que tú», comentan. Para ellos, lo importante de un concierto lo tienen delante. «Nos da igual tocar en un pueblo o en la capital. Lo importante es que la gente esté con nosotros. Es lo que más nos hace disfrutar».
Empiezan sus actuaciones con Voy a pasármelo bien, de Hombres G. Es casi una declaración de intenciones. Porque eso es precisamente lo que buscan cada vez que suben al escenario. Disfrutar y conseguir que durante unas horas todos los que están delante formen parte de la misma fiesta.
Aunque solo busquen el objetivo de disfrutar, no esconden tampoco sus pretensiones. Les encantaría subirse al escenario del Palencia Sonora o del Sonorama. «Mismamente ser los teloneros de alguien», deslizan. Desde aquí les oigan los promotores.
“Nos dicen que están orgullosos”
Si hay algo que ha tenido al grupo desde el principio es el apoyo de sus familias a la hora de perseguir este sueño. «Han venido a todos los conciertos». Da igual que delante hubiera diez personas o una plaza llena. «Si había cuatro, seis u ocho personas, nuestros padres estaban.
Y si había 250, también», destacan. «Nos dicen que están orgullosos y que cada vez lo hacemos mejor», comentan por su parte Jesús y Pablo.

Asimismo, la mayor fortaleza de El Cruce está en lo que ellos mismos repiten durante toda la conversación, y que está patente al hablar con ellos. Su unión, tanto fuera como dentro del escenario, donde muchas veces no necesitan ni hablar para comunicarse. «Hay mucha conexión en el grupo», afirman. Esta unión que parece que no se va a romper ni aunque uno de sus miembros esté a kilómetros de distancia. Mario se tendrá que marchar en septiembre a Italia durante un año de Erasmus. Aun así, el grupo no se plantea buscar sustituto ni seguir por su cuenta. «No queremos que el grupo siga como si nada sin uno de nosotros. Nuestra idea es esperarle», comentan.
Antes de este parón, tienen previsto actuar, por ejemplo, en Dueñas, Fuentes de Nava, las casetas del parque del Salón, Magaz… y cerrarán esta etapa en Astudillo. Después tocará esperar a que Mario vuelva de Italia y los cuatro puedan reunirse de nuevo. Porque ‘El Cruce’ nació siendo cuatro amigos antes que una banda, y quiere seguir siéndolo.





