Los calcetines pueden oler mal, criar tomates, y, desde hace algún tiempo en Palencia, volar. Sólo precisan de un empujoncito y su sueño de surcar los aires se hace realidad. Algunos se quedan a vivir ahí arriba, para vernos pasar a sus pies, y se convierten en guirnaldas aéreas de un espectacular manto de hierro y algodón.
Se puso de moda hace años. El calcetining. Sin edad. Cualquiera puede practicarlo. Es sencillo. Por regla general, se suele llevar a cabo tras una partida en la bolera, donde entregan unos calcetines para calzarse los zapatos con los que jugar la partida sobre el delicado parqué. Finalizado el juego, usted tiene derecho a ese par de escarpines blancos. Con ellos puede hacer lo que desee. Llevárselos de recuerdo, echarlos a la papelera, o si se siente alegre por haber ganado, o triste por la derrota, siempre puede subir a la plaza, llenarlos con tierra del parque y lanzarlos al viento para que queden colgados del emparrado.
Al parecer, esta suele ser una costumbre extendida. La más cabal y apropiada, pensarán unos. O una ocurrencia de juzgado de guardia, dirán otros. Podría tratarse de una broma de la chavalería que no ve maldad en ello. Pero la realidad es que muchos padres animan a sus hijos a la bobada esta, si se me permite la expresión, y que compitan con ellos a ver quién es capaz de encajar la prenda en lo más alto.
El resultado es lo que ven. Bonito, elegante y edificante para esta ciudad que se esfuerza por deslumbrar. Y es de suponer que maneras de evitarlo existen. Seguro que hay varias. Cobrar por los calcetines y devolver el importe al ser devueltos, como hacen en Alemania con los botellines de cerveza… a lo mejor es demasiado drástico. O colocar una cámara en la zona. Tampoco, ¿verdad? Pero si nos importase… algo se nos ocurriría. Una red, una multa, una retirada de puntos del carné de ciudadano…
De momento, esa es la estampa, y los servicios municipales de limpieza suelen acudir cada cierto tiempo al lugar para dejarlo limpio, con lo que, imagino, ser luego el primer calcetín en alcanzar ese firmamento debe de tener algún tipo de premio. ¡Qué divertido!
Dada la gran habilidad de algunos y algunas, que más de dos y de tres serán reincidentes, estaría bien organizar en fiestas, junto a la tanga y la petanca, un calcetinódromo para disfrute de grandes y chicos. Con distintas modalidades… calzoncillos, sostenes y otras intimidades. A ser posible con muestras de estar usados, para mayor homologación del jurado.
Si en esta sociedad es necesario decirle al personal que esto no está bien, es que algo anda mal. Por cierto… aquí pueden incluir ustedes todo lo quieran. Todo lo que atente contra lo más básico. Hasta que lleguen a lo más elemental. Pero si somos capaces de sembrar guerras, odio, y exterminar al diferente. De negar el pan y la sal al más necesitado. A quién le va a importar un calcetín colgando del cielo.





