Miriam Peña en las oficinas de Ebury

Miriam Peña dejó su trabajo en Palencia como profesora y traductora de inglés para dar un giro a su vida profesional en Madrid

Ahora, viaja por todo el mundo como analista de operaciones con divisas para la entidad  financiera Ebury

Es un ejemplo de la realidad que tenemos en nuestra ciudad. Perfiles de jóvenes sobre cualificados que, hastiados de las pocas oportunidades que ofrece Palencia, deciden armarse de valor, confiar en su talento, en su carrera profesional y lanzarse a buscar un futuro diferente fuera de sus fronteras.

No es el único ejemplo de esta especie de “Diáspora Palentina” que cada vez es mayor entre la juventud palentina. Cuando llegan días de fiesta, es frecuente encontrarte en los bares con esos mismos perfiles y se entrecruzan la cara y la cruz. Por un lado, los que han decidido quedarse miran con envidia sana a los que han triunfado fuera de Palencia, mientras que “los forasteros” recuerdan con nostalgia todo aquello que echan de menos aquí, en su casa.

Miriam Peña Abejón tiene 28 años y abandonó por primera vez Palencia con 18, cuando comenzó en Salamanca sus estudios universitarios de Filología Inglesa, aunque desde entonces ha estado “rotando por bastantes sitios”, reconoce. Pasó un tiempo en Londres para acabar sus estudios universitarios. Para entonces, la ciudad del Támesis ya había dejado en ella una huella importante.

Miriam Peña durante su etapa en Londres

Sus primeros desempeños labores en Palencia fueron de traductora en remoto y profesora de inglés. “Vi que no era lo que realmente me gustaba y quería dar un cambio en mi vida y dedicarme a algo que realmente me llamaba como es todo el tema del comercio, ventas y macroeconomía internacional”, explica Miriam.

Unas limitaciones propias de una ciudad como Palencia, con un perfil demográfico claramente envejecido, que generan que los motivos de la marcha de Miriam puedan ser compartidos por cualquier joven de su misma edad, que siente que su carrera frena en seco y necesita, sencillamente, un cambio.

“Yo vivía con mis padres, pero venía de estar ya viviendo sola muchos años, conociendo mucha gente y me di cuenta que necesitaba estar en contacto con personas que tuvieran el mismo ritmo de vida que yo, un entorno algo más internacional, al tiempo que me di cuenta que no me gustaba lo que hacía, no me llenaba”, concluye.

Muchos jóvenes han acuñado la frase de que “Palencia se les queda pequeña”. Una expresión que comparte nuestra protagonista, sobre todo, en el campo laboral: “Lo que creo es que hay pocas oportunidades. Que tú te sigas formando y te quedes simplemente como una profesora de inglés y no puedas ir más allá, a mí eso me frustraba mucho. Sabía que dar un paso adelante en mi carrera en Palencia iba a ser muy complicado, porque no tenía la oportunidad y la única manera de hacerlo era yéndome a otro sitio”, explica Miriam.

VIDA RUTINARIA, PERO DE CALIDAD

Otra cuestión my repetida y, al mismo tiempo, muy cierta, es que Palencia es una ciudad que goza de “gran calidad de vida”. Para Miriam, su vida estaba marcada por una tediosa rutina: “Me dedicaba a estudiar, dar clase, traducir algo cuando me tocaba e ir al gimnasio. Es verdad que Palencia es una ciudad muy cómoda para tener tiempo de calidad con tu familia y tus amigos, pero yo veía que podía dar más y que la ciudad no me daba esas prestaciones que yo necesitaba”, añade.

Aspectos, todos estos, que alimentan una decisión meditada para dar un cambio radical, que tomó carta de naturaleza gracias a un máster en Asuntos Internacionales enfocado a los negocios, el cual realizó en la prestigiosa universidad de ICADE, en Madrid, lo que inevitablemente supuso tener que mudarse a la capital en el año 2018, poco tiempo antes de la pandemia.

“Un mes antes de terminar el máster, me ficharon en la empresa en la que estoy a día de hoy, que es Ebury, y este julio cumplo ya cinco años”, recuerda Miriam.

ECOS DE LONDRES

“Mi etapa en Londres fue de las mejores que he tenido. Sí que es verdad que yo empecé a ir desde los 12 años para pasar los veranos estudiando inglés, sin tener contacto con el español hasta que regresaba aquí. Por eso fue mucho más sencilla mi estancia luego de adulta. Pude trabajar, seguir mis estudios universitarios y la manera en que crecí fue tremenda, porque incluso el sistema educativo es distinto, no se basa tanto en memorizar, sino que potencian el pensamiento crítico”, recuerda Miriam.

Miriam Peña, mientras trabajaba para la marca Hollister en Londres

Unos lazos con el país y con muchas personas, que todavía mantiene a día de hoy. Aunque en un primer momento pensó en quedarse, finalmente volvió a España para reorganizar sus ideas. Por suerte, gracias a su trabajo en la empresa Ebury, que cuenta con sede en Reino Unido, tendría la posibilidad de regresar: “A día de hoy, estoy contenta en Madrid, puedo viajar bastante, por lo que ya vivo la experiencia internacional y nunca digas nunca, pero no tengo idea de volver a Londres”, reconoce.

CAMBIO DE DIVISAS

Actualmente, Miriam Peña trabaja en Ebury, una entidad financiera que está focalizada en el cambio de divisas y transacciones internacionales, todo lo que tiene que ver con pagos y collection en divisas que no son el euro. Dentro de la empresa, ella trabaja en el departamento que se dedica al análisis de ventas y operaciones: “Me encargo de supervisar todo el análisis de ventas para la región del sur de Europa y de Chile”, concreta.

Un día a día intenso, nada marcado, pues cada país es un mundo aparte y van apareciendo operaciones diferentes, cuestiones distintas que analizar, aunque sí que es cierto que mantienen unos parámetros a los que acogerse.

Miriam Peña en las oficinas de Ebury

“Lo que más me gusta de mi trabajo es que todos los días se descubre algo distinto, que aprendes y que tienes contacto con gente de diferentes países que te ayudan a comprender cómo trabajan ellos y cómo interpretar los datos”.

Desde luego, es un cambio sustancial el pasar de dar clases de inglés en Palencia a analizar las operaciones con divisas en todo el mundo, algo que no es fácil de conseguir y que Miriam Peña tuvo que pelear desde una posición inicial en la empresa.

“Comencé como ventas junior, después de un proceso de selección bastante rápido. Estuve un año y fue bastante duro, sobre todo comparado con mis compañeros que venían del ámbito económico. Me tocó estudiar mucho sobre el tema, pero como la formación que recibes en la empresa durante los primeros seis meses sirve para conocer los productos, el mercado, no sentí ningún hándicap. De ahí ya pasé a mi puesto actual, primero en el mercado español y después en los del resto de países, según la necesidad del negocio”, explica Miriam.

Un trabajo y una evolución que la palentina no pretender concluirlo ahí, pues su intención es seguir formándose dentro de su entorno. Lo sí que ve algo más difícil es volver a su ciudad natal, aunque reconoce que lo que más echa de menos es “poder hacer todos los recados en un hora y media”, pero también la tranquilidad o la conciliación familiar, “porque sería mucho más fácil formar una familia en Palencia que en Madrid”, añade.

Miriam Peña en las oficinas de Ebury
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