Los hogares del pueblo vecino, su polideportivo, el albergue, uno de los hoteles y las propias calles del municipio se convirtieron en el improvisado hogar de los primeros evacuados por el fuego de Burgohondo
Centenares de vecinos llegaron a Cebreros procedentes de El Tiemblo en la noche del jueves al viernes, buscando un lugar seguro -que en aquel momento lo era- y dado que las llamas se habían acercado en demasía a algunos puntos de la localidad y en algunos casos como en los de la urbanización de La Atalaya quemando viviendas. Hasta cinco fueron pasto de las llamas. Así a partir de las 21 horas del jueves fueron muchos los tembleños que se desplazaron al pueblo vecino en el que muchos fueron acogidos en casas particulares o de amigos; otros, en el polideportivo; los que necesitaban más atención, en el albergue y también se puso a disposición uno de los hoteles de la localidad o El Cabildo o…. Pero, eran tantos, que algunos de ellos se quedaron en la calle y también en sus coches. Hasta por las zonas del polígono se fueron distribuyendo buscando su protección.
El pueblo ‘hermano’ se volcó con los desplazados por el fuego. Cuentan desde el Ayuntamiento que desde el primer momento tenían voluntarios que fueron a más, a muchos más con el paso de las horas para que no faltara de nada.
Se encargaron de dispensar comida, se pusieron camas en el polideportivo para que la gente pudiera descansar, tanto las que ya tenían como las que les facilitaron otras entidades y administraciones con las que han estado en contacto permanente. La lucha se ha dicho que es de todos a una y así debe ser porque el incendio es un verdadero monstruo que se mueve al son de un viento cambiante que empeora la situación casi a cada minuto.
Durante la mañana del viernes organizaron en Cebreros los desayunos y de cara a seguir dispensando comida también contaban con asociaciones, como la del chef José Andrés, que se había ofrecido para que esta gente que tan mal lo está pasando «coma caliente», ayudado por el cocinero abulense, Carlos Casillas.
Un pueblo, el de Cebreros, volcado con sus vecinos tembleños sin lugar a dudas, que también ha puesto a disposición el punto de atención por ejemplo para que no falten medicinas porque “muchos han venido con lo puesto” y muchos tienen tratamiento. “Había mucha gente mayor”, señaló. A ellos procuraron darles la confortabilidad y servicios que requieren, gente que precisa oxígeno o que tiene problemas de movilidad y muchos niños y mascotas. Por lo general, las familias con niños estaban en casas.
Muchos de los desplazados hacia Cebreros eran también niños y jóvenes que disfrutaban de campamentos ubicados en El Tiemblo. Sin ir más lejos 200 críos que estaban en El Charco del Cura fueron derivados allí. Más tarde ‘repatriados’ a sus hogares, ya que en muchos de los casos eran de fuera de la provincia, de Vitoria, de Asturias, de Valladolid, de Burgos. También de otro campamento más pequeño en la zona de Puente Nueva.
Allí todos reunidos esperando ansiosos y también temerosos a sus hogares de los que en la mayor parte de los casos no tenían noticias. En definitiva, una noche en vela y con mucha preocupación porque los desplazados de El Tiemblo pasaron tiempo sin poder retornar a sus casas. A lo largo de la jornada algunos pudieron hacerlo, no así el grueso de los desplazados, procedentes de la urbanización La Atalaya a la que no podían regresar, como tampoco los de la urbanización Calas de Guisando. El resto sí podía volver. Pero teniendo en cuenta que de la mañana a la tarde la situación cambió para mal, era difícil el retorno porque la incertidumbre era mala compañera de viaje.
Cebreros pasó a estar por la tarde confinado por el humo, con sus propios desalojos en el área periurbana, con la mayor parte de sus carreteras de entrada y salida cerradas por el humo o por la cercanía del fuego. La situación cambió, lo hizo con ese viento que soplaba en contra de los intereses de un Ávila que está perdiendo, mucho, muchísimo en esta tragedia.
Al menos ese velar por las vidas humanas que era lo más importante está dando resultados, ahora bien con sus gentes viajando de un lado para otro en busca de seguridad. Los de El Tiemblo fueron a Cebreros y a El Hoyo, El Hoyo se desalojó por la tarde; Cebreros, en parte, en su zona periurbana. Burgohondo, donde nació la tragedia hasta ayer se libraba de la evacuación que entonces ya fue inevitable; después cayó Villanueva de Ávila obligada a quedarse vacía. A ello se unieron los confinamientos en otras poblaciones tales como El Tiemblo, Cebreros y Navaluenga, además de San Bartolomé de Pinares.





