Brágimo / ICAL . Jaime Rubio prepara churros en la Churrería Jardinillos dentro del parque del mismo nombre en Palencia - Brágimo ICAL
Jaime Rubio prepara churros en la Churrería Jardinillos dentro del parque del mismo nombre en Palencia - Brágimo ICAL

La ‘Churrería de Jardinillos’ de Palencia cumple 96 años ofreciendo el sabor del primer día

A. Míguez / ICAL

Agua, sal, harina y aceite. Tan solo cuatro ingredientes y una sencilla pero deliciosa receta han servido para mantener viva la mítica churrería del Parque de los Jardinillos de Palencia durante 96 años. Nada de eso hubiera sido posible sin las mágicas manos de su fundadora y abuela de los actuales propietarios. Ella decidió abrir un pequeño puesto de churros en el año 1928 a tan solo escasos metros de donde se encuentra la churrería actual. “Se quedó viuda con tres hijos pequeños y tenía que vivir de algo. La puso en marcha con la ayuda de su hermano”.

Desde entonces, su inconfundible olor impregna cada rincón del parque especialmente en la época navideña. Tomar un chocolate caliente con churros sigue siendo uno de los planes preferidos por los palentinos para sobrevivir a las frías tardes de invierno. “Eso es algo que se ha mantenido inalterable pese al paso de los años”, destacó Jaime Rubio, uno de sus propietarios. De hecho, todos los domingos sin excepción se repite la misma imagen con largas colas alrededor de la churrería. “Tardamos un poco más en atender porque el producto se entrega recién hecho y eso lleva su tiempo”.

Tampoco ha cambiado la forma de elaborar los churros y mucho menos esa receta que ha pasado de generación en generación. “Se sigue haciendo todo a mano y de forma artesanal”. Ese es uno de sus principales atractivos y lo más demandado por sus clientes que siguen yendo en busca de ese sabor tan característico que les retrotrae a su niñez. “No lo podemos cambiar porque es el que tienen en su memoria de cuando eran pequeños y venían con sus padres o abuelos. Esos niños de entonces son los que ahora vienen ya de adultos con sus hijos”.

También se ha mantenido sin cambios la variedad de productos que ofrecen. Churros con chocolate es el combo estrella pero por la tarde además, hay posibilidad de comprar patatas fritas y cortezas. “Son los clásicos. No hago más que eso. La gente se sorprende pero yo no he venido a inventar. He venido a hacer churros”, reconoció Jaime mientras esperaba a que su socio y hermano volviera de hacer el reparto diario. “Desde primera hora llevamos churros a muchísimos bares de la ciudad”. Eso significa que, para poder abarcar toda esa demanda, tienen que elaborar unos 1.500 churros al día. “Varía mucho de una época a otra pero en Navidad es cuando más trabajo tenemos”, aseguró.

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Y aunque en el interior del establecimiento parece haberse detenido el tiempo manteniendo los mismos sabores, mismas costumbres y mismas formas de trabajar, la ciudad a su alrededor sí ha sufrido el inexorable paso del tiempo y esta famosa churrería ha sido testigo de ello en primera línea. “Antes aquí no había nada. Hace unos años estaba el vallado para el ganado y poco más. Ni la estación de autobuses ni la de trenes ni nada de nada”, explicó Jaime mientras señalaba a su alrededor pese a que la intensa niebla apenas dejaba ver. “Hemos vivido unas cuantas reformas del Parque de los Jardinillos pero, para mi gusto, esta última ha sido la más artificial”, reconoció sin dejar de atender al goteo constante de clientes que se acercaba para comprar.

Jaime tras el mostrador, mira de reojo el termómetro que marca 1 grado mientras se frota las manos para intentar entrar en calor al tiempo que insiste en que se trata de una profesión “muy sacrificada”. “Nadie salvo nosotros sabe lo duro que es”. Y es que además de soportar las gélidas temperaturas del invierno palentino, casi a la intemperie, su despertador suena de madrugada.

La persiana de la churrería se levanta a las seis de la mañana y es, a esa hora, a la que empieza su jornada laboral con clientes ya esperando para poder comprar sus famosos churros. Es tan duro que Jaime no cree que haya una cuarta generación de churreros. “A nuestros hijos les gusta y vienen a echar una mano en época de vacaciones pero para trabajar, no”.

Mucho sacrificio y esfuerzo pero también alguna que otra satisfacción ya que esta churrería casi centenaria puede presumir de tener clientes en prácticamente todo el mundo. “Puedo decir que hay una foto mía en todos los rincones del planeta”, presumió Jaime pese a insistir en que de lo que más orgulloso se siente es de tener una clientela habitual, no solo en la capital, sino también en el resto de la provincia. “La gente de los pueblos es muy importante para nosotros. Sin ellos no seríamos nada y estaríamos liquidados. Son fundamentales porque sus vecinos vienen a Palencia y vienen directos a comprar churros”.

Y no solo de la provincia palentina. Cada vez son más los turistas que se fían de las reseñas que encuentran en Internet y aprovechan su visita a esta ciudad para probar uno de los productos más típicos de todo el país. De hecho, Palencia, y según la puntuación de los internautas, ocupa el puesto número 15 de toda España en lo que a churros se refiere lo que demuestra, que la capital palentina se ha ido poco a poco haciendo un hueco en un ranking que sigue liderado por Madrid y Barcelona.

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