Educar en emociones desde la infancia una herramienta contra las rabietas

La psicóloga Anabel Martín propone una nueva forma de educación emocional a través de los cuentos infantiles para ayudar a niños y adultos a comprender y gestionar la rabia en familia.
Mujer sosteniendo el libro Antón aliento de dragón en un parque
Brágimo / ICAL . La psicóloga Anabel Martín autora del libro infantil, 'Antón aliento de dragón', e ilustrado por Nerea Rodriguez, creado para que los niños aprendan a gestionar las emociones

Jesús García-Prieto / ICAL

La rabia no es una emoción menor ni un problema que deba ser eliminado de la infancia. Es una señal, una energía que aparece en el cuerpo y que, si no se entiende, puede desbordar tanto a niños como a adultos. Desde esta premisa trabaja la psicóloga especialista en duelo Anabel Martín, que acaba de publicar su primer libro infantil ‘Antón aliento de dragón’, ilustrado por Nerea Rodríguez. Una obra que no solo busca entretener, sino ofrecer herramientas reales para familias que se sienten desbordadas ante las rabietas infantiles.

El origen de este proyecto no nace en un despacho ni en una investigación académica, sino en la vida cotidiana. En concreto, en el primer año de colegio del hijo de la autora. Allí, entre conversaciones informales con otras madres y padres, emergió una preocupación común que se repetía con insistencia: cómo gestionar las rabietas de los niños sin caer en el agotamiento, la culpa o la frustración.

“Muchas mamás me preguntaban qué podían hacer, cómo podían ayudar a sus hijos cuando tenían rabietas. Me decían que no sabían cómo actuar y que se sentían culpables por no hacerlo bien”, explica Martín a la Agencia Ical. Esa sensación de insuficiencia parental se convirtió en el detonante del libro. No solo los niños necesitaban herramientas, también los adultos requerían un acompañamiento emocional para entender lo que estaba ocurriendo.

En ese momento, la autora comprendió que la educación emocional no podía seguir siendo un concepto abstracto o limitado al ámbito clínico. Tenía que convertirse en algo cotidiano, accesible y comprensible desde la infancia.

Psicóloga Anabel Martín con libro sobre emociones en un parque infantil
Brágimo / ICAL. La psicóloga Anabel Martín autora del libro infantil, ‘Antón aliento de dragón’, e ilustrado por Nerea Rodriguez, creado para que los niños aprendan a gestionar las emociones

Desde su experiencia como psicóloga especializada en duelo, Anabel Martín está habituada a trabajar con emociones intensas y difíciles. En el proceso de duelo aparecen la tristeza, la culpa y también la rabia, una emoción que muchas veces se intenta ocultar o evitar.

“En duelo se manejan muchas emociones desagradables. La rabia es una de ellas, igual que la tristeza o la culpa. Todas forman parte del proceso”, explica. Esa vivencia profesional le ha permitido trasladar a la literatura infantil una mirada más amplia sobre lo emocional, alejándose de la idea de que existen emociones buenas y malas.

El libro parte precisamente de esa base y es que la rabia no debe eliminarse, sino comprenderse. Para ello, la autora recurre a una metáfora central que articula toda la historia: un dragón que habita en el interior de cada niño y que escupe fuego cuando aparece el enfado.

La elección no es casual. “Me gustaba la idea de soltar fuego por la boca como forma de expresar la rabia. Ese dragón interior que aparece cuando nos enfadamos me parecía una imagen muy potente”, señala. Pero el dragón no es solo destrucción. El fuego también calienta, ilumina y cocina. Es útil si se sabe controlar, pero peligroso si se desborda. Esa dualidad es clave en el mensaje del cuento.

Uno de los elementos más importantes del libro es la atención al cuerpo. A través de la historia de Antón, los niños aprenden a identificar dónde se siente la rabia: en el estómago, en el pecho, en la cabeza. Esa localización corporal convierte la emoción en algo tangible, reconocible. “Me gustaría que los niños aprendieran a encontrar ese momento en el que sienten la rabia, y luego que sepan gestionarla y volver a la calma”, explica la autora. En este sentido, el cuento no se limita a narrar, sino que introduce ejercicios sencillos de respiración y conciencia corporal que ayudan a regular la emoción.

El objetivo no es evitar la rabia, sino reconocerla a tiempo. Nombrarla. Sentirla sin miedo. Y después, aprender a transitarla.

Errores

Uno de los aspectos más repetidos es la importancia de incluir a los adultos en el proceso educativo emocional. Para Martín, no tiene sentido trabajar la gestión emocional solo con los niños si los padres no cuentan con herramientas suficientes para acompañarlos. “Todos los cuentos están dirigidos a los niños, pero los papás también tenemos que aprender herramientas para poder ayudarles”, afirma. En su experiencia, muchas familias sienten culpa cuando no saben cómo actuar ante una rabieta, lo que genera una presión adicional que dificulta la respuesta adecuada.

La autora evita hablar de “errores” en la crianza. Prefiere centrarse en las limitaciones naturales de cada persona. “Los padres hacemos lo que podemos con las herramientas que tenemos”, señala. Esta mirada reduce la culpabilidad y abre la puerta a una crianza más consciente y menos exigente.

Uno de los grandes retos de la educación emocional es encontrar el equilibrio entre validar lo que el niño siente y establecer límites sobre su comportamiento. Para Martín, esta diferencia es fundamental. “Validar una emoción no significa permitir cualquier comportamiento. Significa que el niño sepa reconocer lo que siente y qué hacer con ello”, explica. Es decir, todas las emociones son legítimas, pero no todas las acciones derivadas de esas emociones son aceptables.

Cuando un niño no sabe identificar lo que le ocurre internamente, aparece la desregulación. En ese momento, la emoción domina por completo la conducta. Por eso, la educación emocional temprana resulta clave para prevenir estas situaciones.

Otro de los pilares del discurso de la psicóloga es el papel del adulto como modelo emocional. Los niños aprenden observando, no solo escuchando. “Sería ideal que nosotros fuéramos su reflejo”, reconoce. Sin embargo, también admite la dificultad de este proceso en la vida adulta, donde las emociones no siempre aparecen en contextos sencillos o controlables.

La coherencia emocional no significa perfección, sino presencia. Mostrar cómo se gestiona el enfado en la vida cotidiana puede ser una de las lecciones más poderosas para un niño.

La entrevista también aborda un sentimiento recurrente en la crianza actual: la culpa. Para muchas familias, no saber cómo reaccionar ante una rabieta genera una sensación constante de insuficiencia. “La culpa es la kriptonita”, resume la autora con contundencia. En su opinión, la sociedad actual tiende a exigir una perfección imposible, lo que incrementa la presión sobre los padres.

Frente a ello, propone una mirada más compasiva. Las emociones desagradables no son un fallo del sistema, sino parte natural de la experiencia humana. La clave está en aprender a gestionarlas sin dejar que dominen la vida familiar.

Las pantallas y el ritmo de vida actual

Otro factor que aparece en la conversación es el impacto del entorno digital. Las pantallas, el ritmo acelerado de vida y la exposición constante a estímulos influyen en la forma en que los niños perciben y gestionan sus emociones. Según la psicóloga, muchos contenidos fomentan la inmediatez y el deseo constante, lo que puede aumentar la frustración cuando la realidad no responde a esas expectativas. Limitar este tipo de exposición es importante, aunque reconoce que no siempre es fácil en el día a día de las familias.

El éxito del libro reside en su formato. Los cuentos permiten introducir conceptos complejos de forma sencilla y accesible. El juego, la imaginación y la narrativa convierten el aprendizaje emocional en una experiencia atractiva para los niños.

“El mundo de los cuentos es magia”, afirma. Sin embargo, el libro también incluye una guía para adultos que aterriza los conceptos y advierte que el proceso no es inmediato. Aprender a gestionar emociones requiere tiempo, repetición y constancia.

Martín es clara en su postura: la educación emocional debería formar parte del currículo escolar desde edades tempranas. Considera que aprender a identificar y gestionar emociones es tan importante como cualquier otra materia académica.

En su visión, las nuevas generaciones están más preparadas para hablar de salud mental, aunque todavía persisten ciertos estigmas sociales, especialmente en contextos más tradicionales o envejecidos.

El proceso de escritura del libro ha sido, para la autora, una experiencia transformadora. Lo que comenzó como una herramienta para familias ha terminado convirtiéndose también en un aprendizaje personal y ese aprendizaje le ha hecho pensar en seguir escribiendo en un futuro.

El personaje de Antón ha acabado siendo, en sus palabras, “como un segundo hijo”. El resultado ha superado sus expectativas, especialmente por el feedback recibido: muchos adultos han reconocido que el libro también les ha ayudado a ellos a entender sus propias emociones.

Al final, el mensaje central de Antón aliento de dragón es sencillo pero profundo: la rabia no es un enemigo, sino una emoción que necesita ser comprendida. Aprender a reconocerla en el cuerpo, aceptarla y gestionarla puede cambiar la forma en que las familias conviven con ella.

Cuando un niño cierra la última página del libro, la autora desea que se lleve una imagen clara: la de su propio dragón interior, ese que aparece cuando algo duele o enfada, pero que puede aprender a respirar, calmarse y transformarse. “ Quiero que aprendan a detestar cuando aparece la rabia, que sepan un poco las partes del cuerpo en la que lo sienten y que sepan ver que cuando sienten ese calor”, concluye Anabel, con la esperanza de que tanto niños como adultos encuentran un mismo punto de encuentro: la posibilidad de vivir las emociones sin miedo, sin culpa y con mayor comprensión.

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