Anabel Fuente, trabajadora social de la Asociación Pavía, En la imagen, junto al monumento al Maestro en Palencia
Foto Brágimo

Palencia investiga 18 casos de bullying en las aulas

La mayoría de las víctimas son niñas de entre 12 y 13 años

En la provincia de Palencia se investigan, a día de hoy, 18 casos de acoso escolar. Menores que viven un infierno en su día a día y que se levantan con el temor de acudir a clase. Son datos de la Asociación palentina de Ayuda a las Víctimas de Acoso Escolar y Laboral (PAVIA) que detectó un incremento en lo que va de año. De hecho, se han denunciado doce nuevos casos de bullying en los centros palentinos.

Actualmente, de los casos denunciados a la entidad, la mayoría son niñas aunque esa diferencia de género no se ha convertido, de momento, en una tónica que se repita de forma habitual. Lo que sí es una constante es la edad a la que se sufre acoso escolar. La mayoría de casos se da en la adolescencia, entre los 12 y los 13 años.

La trabajadora social de la asociación, Ana Isabel Fuente, cree que solo una mínima parte de los casos de bullying salen a la luz y que por eso, hay que “estar más alerta que nunca” ya que no suelen ser fáciles de detectar. “Los niños no acostumbran a contar lo que está pasando al llegar a casa. Los padres, igual que nos aseguramos de que les enviamos al colegio aseados, con su ropa limpia y los deberes hechos, debemos prestar atención a cómo vuelven”.

Siempre hay señales de alarma que pueden hacer sospechar como, por ejemplo, cambios en el comportamiento o cambios corporales que puedan advertir de un posible problema. Para intentar solucionarlo, lo primero es dialogar con el menor. “Nunca hay que poner en duda lo que está contando ni restarle importancia”, explicó Fuente al tiempo que insistió en que el segundo paso es siempre ponerse en contacto con el Centro Educativo para trabajar de una forma coordinada “desde el primer momento”. “Los centros deben poner en marcha un protocolo especial. Para los docentes, una vez que la familia denuncia un caso de acoso escolar, comienza una dura labor para descubrir lo que está pasando realmente en el aula”.

Ya desde ese primer momento, recuerdan desde PAVIA, es importante que el menor acuda a una terapia psicológica. “La pena es que las colas para poder ser atendidos en Salud Mental pediátrica son interminables y el niño no puede esperar”, lamentó Ana Isabel Fuente. También la familia puede necesitar ayuda para saber cómo gestionarlo ya que un caso de bullying puede arrastrar, no solo a la víctima, sino a todo el entorno del menor que se encuentra “perdido y sin saber cómo actuar. “Desde la Asociación ofrecemos un acompañamiento. Nos convertimos en un bastón de apoyo”.

En los últimos años además, ha entrado en juego el acoso a través de las redes sociales amplificando y provocando que sea cada vez más difícil acotar el acoso. “Antes, el menor se iba a casa o llegaban vacaciones y podía coger aire. Tenía un espacio seguro. Ahora, las agresiones continúan fuera del horario escolar a través del teléfono móvil o las redes sociales. Ya no hay un respiro para las víctimas”.

Por eso considera que, además del sentido común, es importante hacer un uso razonable de las nuevas tecnologías. En eso coincide Alejandro de la Gala, policía del Grupo 5 de delitos tecnológicos de la brigada de Policía Judicial de Palencia que ha detectado cómo, en los últimos años, se han agravado este tipo de situaciones. “Por desgracia, los jóvenes se olvidan de que determinadas actuaciones tienen consecuencias. La educación es clave desde que son muy pequeños para que sepan que nunca se debe grabar una pelea, una humillación a un compañero ni difundir bulos o insultos”, aseguró.

De la Gala reconoció que en los casos de ciberacoso es relativamente sencillo identificar al agresor y que desde la Policía, además de rastrear la dirección IP de los posibles sospechosos, se suele contar con la colaboración de las redes sociales para rastrear cualquier hecho delictivo. “Tenemos unidades específicas y compañeros que imparten charlas en los colegios tanto a padres como a alumnos para alertar de los peligros que conllevan las nuevas tecnologías. Deben saber que la huella digital es muy difícil de borrar y que esas imágenes pueden perseguir a la víctima de por vida”.

Y, ¿Qué hacer cuándo tu hijo no es la víctima si no el agresor? Desde PAVIA, creen importante no demonizar al autor de los hechos ya que, a su juicio, “todos son víctimas”. “Está claro que ese joven necesita reconducir su vida y cambiar esos malos comportamientos. Una vez salen a la luz, es hora de solucionar el conflicto”. En este sentido, recomienda a los padres pedir ayuda cuando detecten una impulsividad exagerada o ciertas actitudes que no son capaces de manejar desde casa. “Un niño o un adolescente que aprende a maltratar, es un niño que se va a convertir en un maltratador en el ámbito doméstico y en el ámbito laboral cuando sea mayor”.

Por eso, quiso incidir en que el acoso es una “cuestión de toda la sociedad” e hizo hincapié en que los adultos deben predicar con el ejemplo siendo conscientes de los valores que se transmiten a las nuevas generaciones para avanzar hacia una “cultura de respeto y buenos tratos”. “Tenemos muchos retos por delante y si prestáramos atención, nos sorprenderíamos de la cantidad de violencia física o verbal que utilizamos en nuestro día a día. Eso hay que cambiarlo. El acoso o violencia escolar es un problema de todos y todos somos parte de la solución”, sentenció.

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