Hay días que se apuntan en el calendario porque prometen ser inolvidables. El miércoles 12 de agosto de 2026 tendremos uno de ellos: el primer eclipse total de Sol visible desde la Península Ibérica en más de un siglo. Y desde Palencia vamos a tener un asiento privilegiado.
No vengo a quitarle magia al momento (todo lo contrario), pero sí a recordar algo importante: para disfrutarlo, hay que mirar al cielo con cabeza.
Un eclipse ocurre cuando la Luna se coloca entre la Tierra y el Sol y lo va ocultando poco a poco. Durante unos instantes el día parecerá apagarse, bajará la temperatura y tendremos esa sensación tan extraña de que el cielo ha cambiado las reglas. Maravilloso, sí. Inofensivo para los ojos, no.
Mirar directamente al Sol, aunque esté casi cubierto, puede provocar lesiones graves en la retina y lo complicado es que el daño no siempre duele en ese momento. Las gafas de sol normales, por muy oscuras que sean, no sirven. Tampoco radiografías, cristales ahumados ni inventos caseros (que para una manualidad pueden tener su gracia, pero aquí no).
Para observarlo necesitamos gafas específicas para eclipses, con marcado CE y que cumplan la norma EN ISO 12312-2. Antes de usarlas, un adulto debe comprobar que no tengan agujeros, arañazos, grietas ni dobleces. Si están dañadas, se desechan. Con los niños conviene ensayar antes. Primero miramos hacia el suelo, colocamos bien las gafas y después levantamos la cabeza hacia el Sol. Mientras las lleven puestas, mejor permanecer quietos: nada de correr, saltar o jugar con ellas. Y siempre con supervisión adulta, porque sabemos que un «no te las quites» a veces dura exactamente tres segundos.
Las gafas deben mantenerse durante todas las fases parciales. Solo se puede mirar sin ellas cuando el Sol esté completamente oculto, en la totalidad, y hay que volver a colocarlas en cuanto reaparezca el primer punto de luz. Para prismáticos, telescopios o cámaras hacen falta filtros solares propios colocados delante del objetivo; las gafas no bastan.
Mi consejo es sencillo: elegid con tiempo un lugar abierto, con buena vista hacia el oeste, preparad las gafas y explicad a los peques lo que va a ocurrir. Prevenir no consiste en meter miedo, sino en saber qué hacer para disfrutar tranquilos.
Ese 12 de agosto levantemos la vista, abramos la boca de asombro y guardemos el momento en la memoria. Pero los ojos, siempre bien protegidos.





