La Noche Blanca sirvió para, a través de la música y microconciertos, poner de relieve las joyas de Palencia
Seguramente, muchos de los que ayer, acudieron a participar como espectadores de las actuaciones de la Noche Blanca de Palencia no conocieran la Sala del Nuncio del Palacio del Obispo o la impresionante capilla de la sede de episcopal. Pues ya sólo por el hecho de visualizarlas, ya mereció la pena esta cita anual con la música y el patrimonio en la capital palentina.
Precisamente el Obispado era una de las novedades de este año, un lugar al que muchos palentinos no han accedido nunca y quizá tampoco lo hicieran sin una excusa como la de ayer. Un espacio que se llenó de personas para presenciar las actuaciones de Lignun Sunus (en la capilla) y de Shuarma en la Sala del Muncio.
Y aunque el Obispado era la novedad para esta edición no faltaron ‘sedes’ clásicas para este certamen cultural que busca poner en valor también los recursos patrimoniales de la ciudad.
Un lugar obvio, es la Catedral, con dos actuaciones. Una en el trancoro, con Trio Cordium y otra en el Claustro, de la mano de Carla Lourdes, que sirvieron para que el público también pudiera empaparse del patrimonio de la seo.
El Museo del Agua, la Dársena del Canal de Castilla, el Parque de Isla Dos Aguas, y Puentecillas fueron otros de los escenarios de esta cita cultural.



























