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La técnico Natali Camolez ensaya la obra´¿Jugamos?' con cinco usuarios de la fundación: Raquel Bravo, Pilar Andrés,Jorge de Prado, José Jimenez y Raquel Redondo. / Brágimo (ICAL)

La Fundación San Cebrián cuenta con un grupo de danza conformado por personas con discapacidad intelectual donde rompen barreras y crean conciencia inclusiva en torno al público infantil

David Herrero / ICAL

Acercar la cultura y la danza a la sociedad y al público infantil de la mano del trabajo y el arte de personas con discapacidad intelectual, con el fin de cambiar la mirada hacia una conciencia inclusiva, también en las artes escénicas. Ese es el objetivo del grupo ‘Includanza’, de la mano del espectáculo ‘¿Jugamos?’, conformado por cinco usuarios de la Fundación San Cebrián, quienes rompen barreras y se convierten en los protagonistas de las actuaciones y espectáculos.

Dentro del programa de dinamización comunitaria, la responsable del proyecto, Natali Camolez, decidió formar una agrupación de danza para dar lugar a un espectáculo continúo de 30 minutos y generar una iniciativa sociocomunitario de acercamiento entre los niños y las personas con discapacidad en torno a la cultura y el baile.

Y es que, por norma general, es difícil encontrarse con una compañía inclusiva, por lo que el objetivo es abrir el abanico y que puedan ocupar ese espacio, apunta Camolez.

Tienen dos encuentros semanales de hora y media donde se lleva a cabo un calentamiento para que puedan entender las partes de sus cuerpos y aprendan a moverse como personas que bailan y descubren otras formar de comunicarse a través del cuerpo.

A partir de ahí, los integrantes comienzan a jugar con los objetos que se emplean a lo largo del baile, además de formular las ocho escenas cortas que hablan del mundo del juego. Destaca que se lleva trabajando desde septiembre, y ya han hecho un estreno en el Teatro Jesús Meneses de Villamuriel de Cerrato, así como otras cuatro actuaciones en diversos colegios.

Una gira provincial

La idea es hacer una gira por la provincia y acercar el espectáculo al medio rural. En los colegios, a mayores de la representación del propio espectáculo, los alumnos participan de un taller de danza inclusiva, donde los mediadores son los propios integrantes del grupo y proponen actividades de baile con los pequeños.

Las ventajas son múltiples, desde el desarrollo de habilidades sociales (la convivencia, la responsabilidad, la puntualidad o el cuidado del material) hasta el beneficio en el estado físico y psicológico, sin olvidar la importancia de formar parte de la cultura y sentirse capaces de desarrollar y crear contenido, desgrana.

Pasión y cultura

“Me encanta bailar y ayudar a los compañeros. Me gusta mucho conocer a los niños cuando salimos a interpretar nuestra obra en los colegios de Palencia, además de hacer nuevos amigos”, subraya Pilar, una de las integrantes del grupo de Danza.

Traslada que, en otra época, practicó baile, danza y flexibilidad en un colegio de Castrojeriz, nociones aprendidas que aplica en el día a día durante las sesiones y actuaciones del grupo de la Fundación San Cebrián.

Reconoce que el uso de unas baquetas a lo largo de la coreografía es su parte preferida, dado que las hace chocar y sonar unas con otras al mismo tiempo que mueve todo el cuerpo en una serie de movimientos enlazados, ya que reproduce pasos similares a los de la gimnasia rítmica, otra de las pasiones de Pilar, al afirmar que es fan de la exgimnasta, Almudena Cid.

Señala que persigue bailar en el mayor número posible de lugares posibles, ya sea Madrid, Barcelona y Palencia, sin olvidar Aguilar de Campoo, localidad donde vive gran parte de su familia.

“Lo hacemos muy bien y nos lo pasamos fenomenal con la monitora”, quien comenta que las salidas antes de las actuaciones y cuando el equipo se junta para comer y coger fuerzas son otro de los momentos preferidos de la iniciativa cultural puesta en marcha.

Apuesta inclusiva

La gerente de la Fundación San Cebrián, Eva del Río, explica que este grupo de danza inclusivo está dirigido a toda la comunidad, ya que “se focaliza en el público infantil para que aprendan valores y se formen a ciudadanos con conciencia inclusiva, donde todas las personas tienen los mismos derechos”.

Es decir, hacer visible que el arte forma parte también de las personas con discapacidad intelectual y “no es exclusivo de los grandes profesionales”, todo ello en apuesta por “un cambio de mirada”, añade.

Además de generar satisfacción en los propios usuarios, se lanza un mensaje a la sociedad en el que se demuestra que se está presente en todos los ámbitos de la vida, como es el caso del arte y la cultura, con el grupo de teatro y el de danza.

Del Río detalla que la entidad tiene una apuesta por realizar actividades inclusivas con el fin de demostrar a la sociedad las capacidades que poseen todas aquellas personas con discapacidad intelectual.

Nace de un proyecto de comunidad, dado que en la transformación que sufre constantemente esta organización es importante desarrollar programas e iniciativas que “mejoren la entidad para que pueda mirar de puertas hacia fuera”.

Por ello, existen varias actividades dentro de la organización como puede ser el deporte, el grupo de teatro o el taller de radio, las cuales son las iniciativas más visibles y diferenciadoras en relación al típico centro de día u ocupacional, asevera.

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