Sound of metal (2019)

Hace unos años Brian Johnson, icónico vocalista de AC/DC (no, AC/DC no significa “antes del COVID/después del COVID”), tenía que abandonar la gira del grupo por problemas graves de audición, en su lugar, Axel Rose, voz de Guns and Roses, lo sustituyó, no sin generar todo tipo de críticas. Las deficiencias auditivas en integrantes de bandas de música son más comunes de lo que pensamos y muy complejos de solucionar. Lo son de por sí cuando afectan a cualquier persona. “Sound of metal” nos plantea el cambio que vivirá un joven, que toca la batería en un grupo (aunque suene a lo mismo, nada tiene que ver con “Whiplash” -2014-) y se encuentra con el dilema de luchar contra una enfermedad que trastocará su vida por completo o aprender a convivir con ella.

Rubén Stone (Riz Ahmed), es un baterista de una banda de rock. En un momento de su vida, empieza a darse cuenta que está perdiendo el sentido del oído y una visita al otorrino, le confirma el peor de los presagios. En ese momento, su compañera sentimental, Lou (Olivia Cooke), le lleva a visitar a un hombre (Paul Raci) que dirige una comunidad de ayuda a sordomudos. El primer planteamiento que recibe para intentar recuperarse, no lo acepta, pero la falta de dinero para el tratamiento que más podría ayudarle y el compromiso de Lou para hacerle la vida más fácil, hace que acabe cediendo. Su vida ha dado un giro radical en poco tiempo y adaptarse a su nueva realidad será muy costoso en todos los sentidos.

Riz Ahmed es uno de esos actores con un gran currículum de películas a sus espaldas, pero que no goza del reconocimiento de otras rutilantes estrellas entre el público. Fácilmente reconocible por los rasgos de su cara, es un actor con un increíble talento interpretativo y muy polifacético, si no has seguido su carrera, te lo recomiendo, un gran intérprete. El drama personal que vive en “Sound of metal”, es capaz de trasmitirlo con gran realismo desde el minuto uno de su soberbia actuación y engrandece su papel a base de hacer llegar al espectador su sentimiento en cada momento. De igual manera su pareja en el film, Olivia Cook, nos enseña hasta dónde se puede y se debe llegar por amor y comprensión. Papelón ejemplar y de gran altura también el que interpreta.

El director, Darius Marder, nos plantea en este dramón, el valor real que hay que dar a nuestra salud, tan mencionada en nuestros brindis y tan olvidada el resto del tiempo y nos recuerda los cuidados que necesitamos a lo largo de la vida y que constante e inconscientemente, “despreciamos”. Para trasmitir y hacer llegar lo que siente el protagonista, hace un juego de sonidos que te ayuda a entender por lo que está viviendo. Un acierto sin duda alguna este detalle por parte de Darius.

Una vez más, una película nos enseña que se puede vivir sin móviles y sin redes sociales, nos recuerda que una vez existió una vida así.

Una lección de vida, una más, tan necesaria en estos tiempos que corren.


Casa ajena (His House) 2020

Las guerras y las luchas por el poder y el sometimiento siguen dejando dramáticas historias. Desde tiempos bíblicos, con Moisés encabezando el éxodo de los hebreos, hasta nuestros días, los refugiados y desplazados dejan grabadas en la retina situaciones de extrema dureza que nadie desea vivir. Estamos en el siglo XXI y sigue ocurriendo. Aquí, vamos a ver un film que cuenta una de esas historias. “Casa ajena” es una película estrenada el año pasado y cuenta unos hechos, que bien podrían ser reales.

Rial (Wunmi Mosaku) y su marido Bol (Sope Dirisu) son una pareja de refugiados que huyen de su país, Sudán, en busca de una nueva vida. Llegados a Londres, consiguen un permiso de residencia con una casa que supera sus expectativas. Convencidos de que es el final de la peor etapa de sus vidas y el comienzo de algo mejor, sobre todo para él, pronto en la casa, empiezan a suceder una serie de hechos extraños que pondrán a prueba su mente. Más, cuando Rial cuenta una vieja historia de superstición a Bol, de la aldea donde vivía y trata de convencerle de que esa superstición les ha seguido hasta allí.

El comienzo de la película, concretamente, la primera escena y la situación que viven nuestros protagonistas, ya nos da pistas con algunos detalles en la conversación de lo que persigue el jovencísimo director Remi Weekes. Y es que, un guión de temática, desgraciadamente, tan actual, exige trasmitir la cruda realidad al público que se dispone a verla. A fe que lo hace. Con dos intérpretes de mucho calado y un buen número de actuaciones en films y series en ambos casos y terceras personas que entran en el reparto, con el peso justo en sus cortas apariciones, para intentar entender las experiencias vividas por sus protagonistas, Weekes ha conseguido hacer de su trama una metáfora, entremezclando el drama y el “terror”, de una forma tan brillante, que el mensaje que manda, difícilmente no puede ser entendido una vez que el largometraje llega a su fin.

Hace falta talento para realizar filmaciones tan atractivas, Weekes, un debutante en largometrajes pero no en cortos y publicidad -León de Oro en el Festival de Publicidad de Cannes-, ha demostrado tenerlo. Para los que sigáis la carrera de Jordan Peele -Déjame salir (2017)-, puede ser que esta obra os acerque y os lleve a sus guiones.

“Casa ajena” es una historia de justicia, conciencia y arrepentimiento. Una muy buena recomendación este mes, para ver tranquilamente y sin prisas.


The Way Back (2020)

De sobra es conocida la afición de los americanos por las historias épicas deportivas. Ha dado para muchos guiones y para muy buenas películas. Y dentro de esas épicas, entra el llamado en España “deporte base”. Pues bien, “The way back” es otra de esas historias, que aunque a priori tiene un planteamiento típico y sencillo, llama la atención por la sobriedad que ha utilizado el director Gavin O’Connor casi en cada plano. Además, apenas deja sitio para el humor en este drama. Analicemos en su justa medida esta candidata a los Oscars 2021 y vamos a dar un par de pinceladas para convercerte de por qué este film está entre nuestras recomendaciones de este mes.

Jack Cunninghan (Ben Affleck), es un exjugador de baloncesto que ahora trabaja en la construcción. Inmerso en un proceso de divorcio y con graves problemas de alcoholismo, Jack, recibe una llamada para tomar las riendas de un equipo de basket de un instituto católico, Bishop Hayes, con una trayectoria nefasta en los últimos años. Aunque en principio rechaza la oferta, acaba accediendo a entrenarlos. La vida le da una nueva oportunidad y está decidido a aprovecharla… ¿o no?

Poco queda del joven Affleck que en los 90 sorprendió al mundo cuando ganó un Oscar al Mejor Guión (compartido con Matt Damon) con “El indomable Will Haunting”, 1997, o el prepotente jovenzuelo de “Armageddon” -1998-. En los últimos años, sus papeles han tenido luces y sombras, si bien es cierto que meterse en la piel del hombre murciélago, tras las excelsas interpretaciones de Christian Bale, le supuso un mazazo negativo de críticas, también hay que enaltecer la brillante “Argo” -2012- que dirigió, produjo e interpretó magistralmente, hasta el punto de hacerse con infinidad de premios, tres Oscars incluídos.

En “The way back”, veremos a un Affleck en plena madurez, interpretando a un hombre en una eterna pelea consigo mismo, que apenas da lugar a respiro, además de tener que lidiar con un grupo de chavales aspirantes a todo, en lo que a deporte se refiere. Eso sí, sorprende que ninguno es “problemático” como suele darse en este tipo de historias.

Como bien digo, los guiones que llevan en su trama, la caída y posterior renacimiento de un ídolo, serán de los más adorados por el gran público en general y por los norteamericanos en particular. No cuenta nada nuevo, eso es cierto, es difícil hacerlo porque son historias llevadas al cine constantemente, pero en conjunto, es una película redonda, con pasado, presente y futuro.


La Niebla (2007)

Incontables son las novelas publicadas por Stephen King, -el año 2020 bien podía haberlo escrito él, como he visto en alguna camiseta-, uno de los grandes autores de nuestro tiempo, en eso no hay mucha discusión. Seguramente, también uno de los escritores que más obras se han adaptado al cine. Con historias, normalmente girando en torno al suspense y terror, que dejan huella y buenos recuerdos. Entre esas películas se encuentran algunas como “Cadena Perpetua” (1995), “La Milla Verde” (1999) o “La tormenta del siglo” (1996). Haremos un extenso comentario en números posteriores de su obra. Para este mes, me he traído “La Niebla”, una de esas cintas que no destacaron mucho en su llegada a las carteleras, pero que sí ha pasado a la historia del Séptimo Arte por un motivo…

David Drayton (Thomas Jane) está pasando unos días de retiro en su casa de Maine con su familia. Tras una violenta tormenta, se desplaza hasta un supermercado de la población junto con su hijo y un vecino con el que tiene sus más y sus menos. Allí, una extraña niebla envuelve todo el pueblo. En este extraño fenómeno, habita algo que acaba con la vida de aquel que ose adentrarse en él. Encerrados en dicho supermercado, tendrán que idear un plan para sobrevivir y escapar junto con otros vecinos y ante la oposición de unos singulares habitantes que se pondrán en su contra.

Dirigida por uno de esos maestros sin tanto renombre, Frank Darabont, director de las ya citadas “Cadena Perpetua” y “La Milla Verde”, no podemos esperar de “La Niebla” una cinta tan completa como las anteriores. Pero, se toma muy en serio el rodaje. Teniendo en cuenta que casi toda la acción se desarrolla en un supermercado, explota a las mil maravillas las virtudes del gran elenco de actores que se dan cita en el reparto. Entre ellos se encuentran Melissa McBride, Lauire Holden y Jeffrey DeMunn (justo antes de meterse los tres en el rodaje de “The Walking Dead”), Marcia Gay o Toby Jones. Al protagonista, Thomas Jane, quizás lo recuerdes -no pongas la voz de Troy McClure al leer esto- por “The Punisher, El Castigador” -2004-, y a su hijo, el actor Nathan Gamble, igual le pones cara si has visto “El caballero Oscuro” -2008-, allí daba vida al hijo del teniente James Gordon interpretado por el gran Gary Oldman.

Metiéndonos en la película, la primera media hora te atrapa sin darte cuenta, (puedes estar segura querida amiga santanderina Sandra), no da respiro, plantea la historia a la perfección y consigue envolverte en un ambiente de suspense a la altura de la novela escrita. Después tendrá momentos más relajados y algunos más estridentes -Marcia Gay te sacará de tus casillas magistralmente con sus alegatos religiosos llevados al extremo-. Pero si por algo destaca este film, es por su final. No hay película buena si no hay un final excelente. Esta, lo tiene… es brutal.


Clásicos del cine

El ladrón de Bagdad (1940)

Me sigue pareciendo, cuando menos desconcertante, escuchar a la gente decir que no ve clásicos de cine por el hecho de ser antiguos. Error, sin duda. Descubrir joyas del pasado o volver a revisarlas, para quien ya ha tenido el placer de verlas, es un gustazo. Aunque en algunas se puedan ver situaciones o conversaciones desactualizadas con los tiempos que corren, la gran mayoría tienen actrices y actores de una talla difícil de encontrar en nuestros días. Insisto en la necesidad de acercarse a películas como la que este mes me traigo. La propuesta, magnífica, ya lo digo de antemano, aúna todo lo que buscas en una película de aventura y fantasía, con el aroma que desprenden los cuentos de siempre. Dad el placer a los peques de la casa, de ver estas míticas historias y volvamos a disfrutar, los mayores, abriendo la puerta del pasado, con la magia que trasmiten. Un gustazo, una vez más, escribir unas líneas sobre un clasicazo.

Ahmad(John Justin), califa de Bagdad, es víctima de una trampa tendida por su malvado visir Jaffar (Conrad Veidt) y es detenido y condenado a muerte. En su primera noche de encierro conoce a Abú (Sabu), un pequeño y espabilado ladrón, que le ayuda a escapar. En su huída, llegan a Basora, donde Ahmad cae prendado por la belleza de la princesa (June Duprez) hija del Sultán y se enamora perdidamente de ella. No es el único, Jaffar, persigue hacerla su mujer y crear una familia y que su reinado se perpetúe. Cuando éste se entera de que Ahmad está allí, lo somete a una maldición por la cual se quedará ciego y lo condenará a mendigar por las calles y a su travieso compañero Abú, lo convertirá en su perro fiel. Para romper este maleficio y volver a la normalidad, ambos tendrán que vivir una serie de aventuras por medio mundo para poder acabar con la tiranía de Jaffar.

“El ladrón de Bagdad” ya había tenido una versión en 1924, pero esta mítica película que se basa en “Las mil y una noches”, reunió un plantel de actores y actrices de los mejores de esos años y fue la que pasó a la historia como uno de los clásicos más recordados.

En lo que a los intérpretes se refiere, Sabu, el ladronzuelo, tiene más de 20 títulos para ver, entre los que destaca el presente y “El libro de la selva” -1942-, donde da vida al inolvidable Mowli. Fue una de las caras más reconocibles de la década de los 40, aunque desgraciadamente murió muy joven, a los 39 años por un infarto de miocardio. Y qué decir de Conradt Veidt, alemán de nacimiento, otro de esos actores inolvidables por su cara de “malote”, que además también dedicó su vida a su activismo en favor de los derechos homosexuales y de las mujeres, incluso a donar ganancias económicas para ayudar a los Aliados durante las 2 guerras mundiales. Un gran -y expresivo- actor del que podemos destacar también su papel en “Casablanca” -1942- entre las muchísimas películas en las que llegó a aparecer. Para el papel de princesa de Basora, la seleccionada fue June Duprez, aunque bien pudo haber sido Vivien Leigt, la recordada Escarlata O’Hara de “Lo que el viento se llevó” -1939-, pero declinó la oferta por irse a vivir con su amor Laurence Olivier. Nada se la echa de menos, June Duprez está sublime, como no podía ser menos para la también protagonista de películas de la talla de “Las cuatro plumas” -1939- o “Diez negritos” -1945-.

“El ladrón de Bagdad” tuvo 4 nominaciones en los premios Oscar, se hizo con 3 (Mejor fotografía, Mejor dirección artística y Mejores efectos especiales). Respecto a este último galardón, marcó un hito, pues fue el primer largometraje que utilizó una técnica innovadora de superposición de imágenes sobre fondos de otro color para dar más realismo a los efectos de gigantes u objetos voladores por ejemplo. No se pudo hacer con el Oscar a Mejor Música, así llamado en esos años, y eso a pesar de que en cada escena y diálogo de principio a fin, está sonando una bella melodía.

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