En la manifestación celebrada en noviembre a favor de los autónomos, una mujer hasta entonces anónima puso voz al sentir común. No fueron pocos los que tuvieron que enjugarse alguna que otra lágrima al escucharla. Mamen Marín, propietaria del Bar-Café Mamen en el barrio de San Juanillo, habló desde el corazón: desde el dolor de quien ha perdido familiares por la covid y ahora se enfrenta a la ruina de su negocio. Desde la desesperación de quien pide ayuda y no la recibe.

Las cosas no han cambiado, sino a peor, desde noviembre hasta ahora. Lo cuenta desde su negocio, que ha podido sostener gracias al apoyo de sus vecinos, que hacen cosas como darle permiso para poner la terraza en el soportal de enfrente o tomarse el café en la calle a 9 grados bajo cero, en plena ‘Filomena’, para que entrara algo en su caja. Se siente agradecida hacia ellos, como también «a todas las personas que se esfuerzan y cumplen las normas, que son la mayoría». Ha notado que la conciencia ahora es aún mayor: apenas tiene que llamar a nadie la atención por quitarse la mascarilla o fumar. «Es la única forma de apoyarnos».

Si no quieren escucharnos, al menos nos oirán

Desde la Plataforma de Hostelería, de la que forma parte, no paran las acciones para pedir «una desescalada real para que esta sea nuestro último cierre». Las ayudas directas son la causa más difícil, pero no cesan. «Si no quieren escucharnos, al menos nos oirán. Si rescatamos a los bancos, ¿por qué no a las empresas?». También la regulación del alquiler de locales, que solo se ha afrontado para grandes tenedores dejando desamparados a los arrendatarios de ciertos propietarios que no dan su brazo a torcer.

«Un crédito ICO no es una ayuda: hay gente verdaderamente ahogada, pidiendo prórrogas o luchando con el banco porque no tienen liquidez», cuenta, mientras cuida de no olvidarse a ningún compañero: hosteleros y empresas vinculadas, ocio nocturno –«¡llevan un año cerrados!», clama–, peluquería, comercio, gimnasios, espectáculos o agencias de viajes, entre otros. Muchos nunca volverán a abrir, «y negocio que cesa, negocio que muere», porque no están las cosas como para coger un traspaso. Mamen defiende el papel de las empresas como solución, y no como problema. Porque, «cuando nos cierran, se siguen celebrando reuniones en peñas y locales privados, que es donde se producen los brotes».

Recuerda que autónomos y trabajadores no son ajenos al dolor de la covid y han perdido amigos y familiares. «La salud es lo primero. Y por eso es importante lograr conjugarla con la economía», dice, dirigiéndose directamente a las administraciones. A la gente de a pie, le hace un llamamiento: «un último empujón. Estamos cansados, pero este debe ser el último esfuerzo hasta que lleguen más vacunas. Por favor, en Semana Santa, quedémonos en nuestra ciudad y evitemos otra ola para poder empezar a recuperarnos este verano».

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