Palencia se prepara para acoger entre el 14 y el 16 de mayo el III Congreso Internacional de esta especialidad, bajo el lema ‘El valor de los cuidados: liderazgo, ciencia y compromiso’
S. Calleja / ICAL
La salud mental en el trabajo, el impulso de redes científicas internacionales y la incorporación de herramientas como la inteligencia artificial marcan hoy la evolución de la Enfermería del Trabajo, una especialidad clave para el cuidado integral de millones de trabajadores, que aún tiene que romper muchos techos de cristal. Lo explica a Ical la presidenta de la Asociación de Especialistas en Enfermería del Trabajo de Castilla y León (AETCyL) Ana Guerra, a las puertas del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, que se celebra este martes, 28 de abril, y también presidenta del III Congreso Internacional de Enfermería del Trabajo, que acogerá Palencia entre el 14 y el 16 de mayo, bajo el lema ‘El valor de los cuidados: liderazgo, ciencia y compromiso’.
La cita abordará temas clave como la salud mental, la investigación, la innovación tecnológica o el bienestar corporativo, a través de mesas científicas, talleres y espacios de intercambio, con lo que el colectivo reivindica su papel estratégico en las empresas, donde no solo previene riesgos, sino que detecta de forma precoz problemas emocionales, promueve el bienestar y contribuye a entornos laborales más saludables, porque “cuidar la salud de las personas trabajadoras es cuidar a la sociedad en su conjunto”, precisa Guerra.
En España, más de 22,5 millones de personas desarrollan su actividad laboral durante una media de ocho horas diarias, un tiempo que convierte al entorno de trabajo en un determinante fundamental de la salud. “Nosotros nos dedicamos al cuidado de las personas trabajadoras. Y eso implica no solo evitar daños, sino promover activamente su bienestar”, explica la presidenta de AETCyL, quien recuerda que la Enfermería del Trabajo es una de las especialidades enfermeras con formación específica y un campo de actuación propio, aunque sigue siendo desconocida para parte de la ciudadanía, que muchas veces piensa que sólo están para reconocimientos médicos o gestionar accidentes, pero su labor es mucho más amplia. “Velamos para que los riesgos laborales no provoquen daño, pero también para que la propia condición de salud del trabajador no suponga un riesgo añadido. Y, sobre todo, trabajamos para que las personas se encuentren bien, de forma integral”.

Es precisamente ese enfoque integral el que sitúa a los profesionales en una posición estratégica dentro de las empresas, donde actúan como nexo entre la salud individual y el trabajo, y uno de sus granes valores es la capacidad para detectar de forma precoz problemas de salud. “Tenemos un papel estratégico basado en la confianza. Eso nos permite identificar signos tempranos de estrés, ansiedad o burnout, que muchas veces no afloran en otros ámbitos sanitarios”, destaca Guerra, quien explica a Ical que, a partir de ahí, pueden hacer educación para la salud, prevención, promoción del bienestar y también acompañamiento. Ese acompañamiento, añade, se produce en un entorno de confidencialidad que facilita que los trabajadores expresen sus preocupaciones. “Muchas veces somos ese primer espacio donde la persona verbaliza lo que le está pasando, y desde ahí podemos canalizar hacia soluciones”.
La salud mental, en el centro
Si hay un ámbito que ha ganado protagonismo en los últimos años es el de la salud mental. Un cambio que, según Guerra, responde tanto a un aumento real de los problemas como a una mayor visibilización. “Hoy en día es muy frecuente que escuchemos problemas que no tienen que ver con dolencias físicas, sino con la salud emocional”, señala, y cita conflictos interpersonales, estilos de liderazgo, violencia externa, mala comunicación, entre otros. “Todo eso influye muchísimo en la salud de las personas”.
La pandemia, recuerda, supuso un punto de inflexión, pero no el origen del problema. “Sí que hemos notado más demanda y más casos, pero también menos tabúes. La gente habla más de cómo se siente”, afirma, y advierte de que estos problemas afectan de forma transversal, aunque con especial incidencia en algunos colectivos, como los profesionales sanitarios y también entre las mujeres.
El impacto de la salud mental no se limita al individuo, sino que repercute directamente en el funcionamiento de los equipos y las organizaciones, y se observan en conflictos internos, de equipos que ya no funcionan o que han perdido la coordinación. “Por eso es importante trabajar también en la recuperación de esos equipos, en mejorar la comunicación y en generar entornos saludables”, añade la presidenta de AETCyL

La innovación, junto a la salud mental y la consolidación de una red internacional, será otro de los ejes centrales del III Congreso Internacional de Enfermería del Trabajo, que llevará a Palencia a unas 200 personas de varios países de todo el mundo. El motivo es que la tecnología, y en particular la inteligencia artificial, debe entenderse como una herramienta de apoyo, “facilitadora”, pero no sustituirá el juicio clínico. “Trabajamos con grandes volúmenes de datos que hay que agrupar, anonimizar y analizar para entender cómo afectan las condiciones laborales. Con la tecnología, ese proceso es mucho más eficiente”. También, destaca su utilidad en la creación de materiales educativos o en la mejora de procesos administrativos.
Vocación internacional
El encuentro de Palencia reunirá a profesionales de distintos países, como de Perú, Suiza, Italia, Portugal y Estados Unidos. Para Guerra, este carácter internacional es fundamental, ya que permite ver en qué punto están “como especialidad y aprender de otros”.
En España cuenta con una formación especializada vía residencia, algo que no ocurre en todos los sistemas sanitarios, donde se trata de másteres o posgrados. Sin embargo, matiza, eso no siempre se traduce en “mayor reconocimiento profesional”. “Tenemos buena formación, incluso hay países que miran hacia nuestro modelo, pero aquí seguimos encontrando muchas limitaciones”, afirma.

Uno de los principales obstáculos que denuncia la profesión es la existencia de barreras legales que limitan su desarrollo. “Muchas normas que regulan nuestras competencias tienen 40 o 50 años y no están adaptadas a la realidad actual”. “Hoy la enfermería es un grado universitario, con acceso a doctorado, pero esa evolución no se ha trasladado del todo a la normativa”. Esto se traduce en dificultades para asumir determinados roles o responsabilidades.
Ante esta situación, la presidenta del congreso apuesta por reforzar la investigación y el conocimiento propio como palancas de cambio. “Tenemos que seguir generando evidencia científica, publicando, investigando, ampliando nuestro campo de conocimiento. No podemos depender del conocimiento de otras profesiones para avanzar”.
También considera clave el trabajo conjunto del colectivo para impulsar cambios normativos, es decir, de “aportar mejoras, de participar en la actualización de leyes como la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS) . Es un proceso lento, pero necesario”.
“El congreso quiere transmitir fuerza, liderazgo y compromiso. Queremos que los profesionales salgan con herramientas útiles, con una red de contactos sólida y con una visión renovada de su papel”, sentencia, para recordar que la profesión debe atender la llamada de ganar protagonismo en un contexto en el que la salud laboral ya no se entiende solo como prevención de riesgos, sino como un elemento clave del bienestar y la sostenibilidad de las organizaciones.






Un comentario
Interesante, gracias.