LaMoonDa, el puzle palentino de la belleza que lleva cinco años convirtiendo madera, diseño y creatividad en piezas únicas

El proyecto del diseñador Daniel Martínez y su hija Laura nació de una invitación de una familia vinculada al mundo del puzle y se ha convertido en un laboratorio artesanal donde cada pieza responde a una búsqueda de la excelencia.
Diseñador mostrando un puzle artesanal en su taller LaMoonDa
Brágimo / ICAL. LaMoonDa, un proyecto puesto en marcha por el palentino Daniel Martínez de Castro

Jesús García-Prieto / ICAL

Hay proyectos que nacen de un plan de negocio y otros que surgen de una conversación, de una curiosidad o, sencillamente, de las ganas de comprobar hasta dónde puede llegar una idea. LaMoonDa pertenece más bien a esta segunda categoría. El proyecto impulsado por el diseñador palentino Daniel Martínez junto a su hija Laura nació después de que unos amigos y apasionados del mundo del puzle les plantearan una pregunta aparentemente sencilla: por qué no se ponían algún día a hacerlos. Aquella sugerencia acabó convirtiéndose en un proceso de investigación, diseño, fabricación y experimentación que, cerca de cinco años después de sus primeras presentaciones públicas, continúa creciendo sin perder la esencia con la que nació: hacer algo que les divierta y compartirlo con los demás.

“Somos diseñadores”, explica Daniel Martínez. Esa condición fue precisamente la que permitió detectar en el puzle algo más que un entretenimiento. Si un puzle es, en esencia, una imagen que se fragmenta y vuelve a construirse, ellos podían aportar una de las partes que mejor conocían: la creación de las imágenes, las marcas, el diseño y el packaging. Lo que no dominaban era la fabricación. Y ahí comenzó el verdadero reto.

Diseñador mostrando puzles artesanales en su taller.
Cajas de puzles artesanales de LaMoonDa en Palencia
Puzles artesanales de LaMoonDa en estantería con diseños únicos
Puzles artesanales de LaMoonDa con ilustraciones creativas
Puzle artesanal de LaMoonDa con imagen de un caballo y un hombre
Puzles y cuadernos artesanales de LaMoonDa en exhibición
Cajas de puzles artesanales de LaMoonDa en una estantería

La idea surgió a partir de la relación con la familia Álvarez Osorio, coleccionistas y grandes conocedores de este ámbito, además de responsables de la organización del Campeonato del Mundo de Puzles. Fueron ellos quienes les animaron a adentrarse en un territorio que hasta entonces no habían explorado profesionalmente. “Siempre que están con los puzles, y hemos ido con ellos a concursos, a encuentros y a historias, decían: ‘¿Por qué no te pones algún día a hacer puzles?’”, recuerda Martínez a la agencia Ical.

La propuesta encajaba con buena parte de su trayectoria profesional. Diseñar las ilustraciones no suponía un problema para quienes llevan años dedicándose a la creación de marcas e imagen corporativa. Tampoco lo era el diseño del packaging, un terreno habitual en su trabajo como creativos. Faltaba, sin embargo, convertir todo aquello en un objeto físico y hacerlo además con una calidad que justificara la existencia de una nueva marca.

“Nos faltaba un punto, que era el de la fabricación», reconoce. Fue, según explica, «quizá la labor más compleja”. La familia que les había animado a emprender la aventura puso a su disposición diferentes referencias existentes en el mercado para que pudieran estudiarlas, compararlas y detectar sus virtudes y carencias. La conclusión fue clara: si iban a hacerlo, querían fabricar ellos mismos el producto y conseguir algo diferente.

“Había que hacer algo mejor que todos ellos”, resume. Comenzó entonces una labor de investigación que desembocó en un sistema propio de fabricación. “Lo que nos terminaba gustando era fabricarlo nosotros”, apunta. El objetivo no era simplemente sacar al mercado otro puzle de madera, sino conseguir “un producto único y superior a lo que hay”.

LaMoonDa comenzó a mostrarse públicamente a finales de 2021, aunque los trabajos habían arrancado antes. Durante meses, Daniel y Laura fueron probando formas, materiales y posibilidades, jugando con la idea de crear puzles con piezas irregulares y divertidas. El primer contacto con el público llegó durante las Navidades de 2021-2022, cuando instalaron un puesto en el Mercado Navideño de la Plaza Mayor de Palencia.

Desde entonces, el proyecto ha mantenido una evolución constante, aunque sin renunciar a una filosofía que Martínez repite durante la conversación: no tienen prisa. LaMoonDa no pretende crecer a cualquier precio ni convertirse en una producción industrial. Al contrario, buena parte de su atractivo reside precisamente en la posibilidad de dedicar tiempo a aquello que otros productos no pueden permitirse.

La pasión por el detalle es, de hecho, una de las señas de identidad de la marca. “Lo hacemos esto por diversión propia. Nos encanta”, afirma Martínez. Y esa diversión es la que quieren trasladar a quienes adquieren sus productos. Para conseguirlo, consideran imprescindible que el cuidado llegue hasta el último elemento.

“¿De qué serviría que fuera un buen producto mal presentado?”, se pregunta. Las cajas, las bolsas, el empaquetado y las etiquetas forman parte de la experiencia. Nada queda fuera de esa búsqueda de perfección. Hasta una etiqueta ligeramente torcida puede convertirse en motivo suficiente para descartar una unidad. “Nos molesta cuando una etiqueta se tuerce un milímetro o menos”, reconoce.

Es una obsesión que puede parecer excesiva si se observa desde fuera, pero que adquiere sentido cuando se comprende la concepción que existe detrás de LaMoonDa. Para Martínez, la artesanía y el arte comparten una misma apuesta: la belleza. “La artesanía, al igual que el arte, es como una apuesta decidida por la belleza”, sostiene. En su opinión, la creación permite ir más allá de la utilidad y reivindicar que los objetos bien hechos también pueden estar al alcance de cualquiera. “¿Por qué no transmitirlo y, sobre todo, compartirlo?”, plantea.

La relación entre Daniel y Laura constituye otro de los ingredientes fundamentales del proyecto. Trabajar juntos, lejos de convertirse en una fuente de conflictos, se ha transformado en uno de los motores de LaMoonDa. Ambos aportan ideas, las discuten, las desarrollan y, en ocasiones, llegan a conclusiones que no estaban previstas al principio.

“Como nos lo pasamos los dos bien, todas las ideas son bien recibidas y luego llegan a una conclusión o no. Es fantástico”, explica. La clave, añade, está en que nadie les obliga a hacerlo. “Es una cosa de entrega y de cariño”, afirma. La satisfacción aumenta cuando comprueban que aquello que inicialmente nació como un juego creativo consigue despertar el interés y el reconocimiento del público.

Incluso el propio nombre de la marca refleja esa dimensión familiar. Laura fue llamada desde pequeña ‘Lalu’ por su padre, un apodo que él relacionaba con la luna. La razón estaba también vinculada a su propia forma de trabajar, ya que durante muchos años Daniel desarrollaba buena parte de su actividad durante la noche. ‘Moon’, luna en inglés, se convirtió así en el elemento central que, unido a ‘La’, por Laura, y ‘Da’, por Daniel, dio lugar a LaMoonDa.

El nombre resultó además suficientemente singular como para poder registrarlo. Después de presentar la solicitud y esperar alrededor de seis meses, recibieron la confirmación de que estaba disponible. “Resultaba encima muy divertido”, recuerda Martínez.

Pero si hay algo que distingue a sus puzles es precisamente aquello que el usuario encuentra cuando abre la caja: las piezas. Frente al esquema tradicional basado en piezas cuadradas con cuatro lados y los habituales entrantes y salientes, LaMoonDa decidió romper desde el principio con esa estructura.

“Todas las piezas de los puzles parten de un cuadrado de cuatro lados. Ese patrón básico para nosotros no existe”, explica Martínez. Su primera alternativa fue utilizar piezas hexagonales y, posteriormente, desarrollar patrones irregulares. Cada nuevo diseño abre así una posibilidad diferente.

Ahora trabajan especialmente con las llamadas teselas, un sistema basado en una única forma de pieza que, al encajar, permite generar un patrón continuo. La inspiración procede de la compleja geometría de las teselaciones de M. C. Escher, un campo en el que Daniel y Laura han encontrado un nuevo territorio para experimentar.

Uno de los ejemplos más llamativos de esta evolución está relacionado con Velázquez. LaMoonDa ha incorporado a su catálogo una reproducción del retrato del conde-duque de Olivares en el que aparece el gran caballo. La pieza especial diseñada para ese puzle reproduce precisamente la figura del animal en la misma postura que aparece en el cuadro, encabritado y en posición de corbeta.

Pero la dificultad no está solo en crear una pieza con una forma reconocible. El verdadero desafío está en conseguir que todo el conjunto encaje. “Es espectacular cómo encajan las piezas de bien”, afirma Martínez.

Detrás de una pieza aparentemente sencilla puede haber meses de trabajo. El propio diseñador pone como ejemplo ese caballo. Cuatro meses de trabajo dedicó exclusivamente al diseño de la pieza. Después, una vez concluido el proceso creativo, la máquina necesita 58 minutos para cortar cada unidad de ese puzle. “Cuando te digo mogollón, es que empecé con esta obsesión hace cuatro meses”, relata.

Y el trabajo no termina en el corte. Las piezas reciben un tratamiento que busca mejorar tanto su aspecto como la experiencia de quien las manipula. Se pulen también por la parte posterior y se presta especial atención a la suavidad de la madera. En los cuadernos, por ejemplo, se suceden diferentes procesos de lijado y aplicación de aceites para conservar abierto el poro de la madera.

Es precisamente al tocar los productos cuando muchos visitantes de las ferias descubren que detrás de aquello que a primera vista parece “un puzle de madera” existe un trabajo mucho más elaborado. Martínez reconoce que algunos pasan de largo sin darle demasiada importancia, pero quienes se detienen, cogen una pieza y la recorren con las manos suelen cambiar rápidamente de percepción.

“Pasa la mano”, les dicen en las ferias. Entonces aparecen las preguntas y la sorpresa. La textura, el pulido y el cuidado de los acabados hacen que el producto deje de ser simplemente un objeto y se convierta en una experiencia.

La misma filosofía se ha trasladado a los cuadernos, llaveros y, más recientemente, a los juegos de mesa. En este último ámbito, la idea volvió a surgir de una asociación aparentemente sencilla. Si un tablero de ajedrez está formado por una cuadrícula, ¿por qué esa cuadrícula no puede convertirse en un puzle?

La pregunta dio lugar a un nuevo producto: un tablero de ajedrez que también es un puzle y que, además, está pensado para jugar. Primero llegó una versión fabricada en madera de cerezo y nogal y posteriormente otra en fresno, cuyo tono más claro proporciona un mayor contraste. La misma lógica se trasladó después al parchís.

El resultado es un objeto que puede cumplir varias funciones. Se puede montar como puzle y, una vez completado, utilizar como tablero de juego. “Mientras alguien prepara la merienda, los demás montan el tablero y luego, pues, a divertirse todos”, resume Martínez.

La exclusividad constituye otro de los pilares de la marca. En el caso de los puzles, LaMoonDa trabaja con series limitadas de cien unidades. Cada pieza comercializada dentro de una colección tiene así el carácter de objeto limitado. “Que sepas que tienes un objeto exclusivo”, explica Martínez.

En los cuadernos la fórmula es diferente. La combinación de las primeras cartulinas de colores permite generar múltiples configuraciones, hasta el punto de que cada ejemplar termina siendo diferente. El comprador puede elegir los colores pensando en la persona a la que quiere regalárselo y participar así en la creación del objeto.

“Se compromete con nosotros a hacer una cosa exclusiva y con muchísimo cariño”, afirma el diseñador. Esa participación del cliente constituye, para él, una de las experiencias más satisfactorias del proyecto.

Palencia ocupa, además, un lugar especial dentro del catálogo. Daniel y Laura se definen como “palentinos de nacimiento y de arraigo”, una condición que no entienden como una simple circunstancia geográfica, sino como una elección consciente. La provincia se convierte así en fuente de inspiración y en materia prima cultural para sus creaciones.

La Villa Romana de La Olmeda es uno de los mejores ejemplos. Sus mosaicos han servido de punto de partida para nuevos diseños, especialmente el mosaico de ‘Equus’ y las figuras de patos que rodean los medallones. El proceso creativo vuelve a ser el mismo: aparece una imagen, surge una posibilidad y comienza el trabajo para intentar convertirla en una pieza.

“No nos preguntamos si seremos capaces, nos ponemos a trabajar en ello y hasta que sale o no”, afirma. Algunas ideas terminan funcionando y otras no. Pero incluso los proyectos que no llegan a convertirse en productos forman parte del proceso creativo de una empresa cuya principal característica, reconoce, es tener “la cabeza siempre en ebullición”.

Esa mirada local no se limita a Palencia. LaMoonDa ha comenzado a trasladar la misma filosofía a otras provincias de Castilla y León. En las ferias artesanales presentan productos relacionados con cada territorio, con dibujos y acuarelas vinculados a León, Valladolid, Ávila o Salamanca. El próximo año está previsto que lleguen a Burgos.

La respuesta ha sido positiva. Personas de otras provincias descubren los productos en las ferias y, posteriormente, algunos contactan con ellos después de recibir uno como regalo o conocer la marca por el boca a boca. La distribución sigue siendo deliberadamente limitada: los productos se venden directamente a través de LaMoonDa. “No queremos perder la pista a nuestros bebés”, bromea Martínez.

Las ferias artesanales constituyen, de hecho, el principal escaparate físico de la marca. Estos días LaMoonDa participa en la Feria de Artesanía de las fiestas de San Antolín de Palencia, una presencia que Martínez considera especialmente importante por tratarse de su ciudad. Pero también valora la posibilidad de acudir a las ferias de otras provincias y presentar allí una actividad que, en buena medida, se han inventado ellos mismos.

“Es una artesanía de un oficio que no existe, prácticamente, de puzles”, señala. “Como quien dice, nos lo hemos inventado”. Y esa idea resume buena parte del espíritu del proyecto: convertir una actividad que podría parecer industrial o estandarizada en un proceso artesanal basado en la experimentación y el trabajo manual.

El público, asegura, tampoco responde a un perfil concreto. Hay quienes buscan un regalo, quienes coleccionan y quienes simplemente sienten curiosidad. Para Martínez, uno de los mayores orgullos consiste precisamente en que un producto concebido con un elevado nivel de detalle pueda resultar atractivo para personas de procedencias y niveles económicos diferentes. “Cuando pones un producto bello al alcance de cualquiera”, sostiene, desaparecen las etiquetas.

El futuro de LaMoonDa continúa, por ahora, abierto. Daniel Martínez evita anunciar grandes planes cerrados porque una de las características del proyecto es precisamente dejar espacio a la imaginación. “No nos corre prisa, no nos precipitamos”, explica.

Sí existe, no obstante, una idea que aparece en el horizonte: los ‘pop-ups’, una de las asignaturas pendientes de la marca. Se trata de un proyecto que requerirá todavía mucho trabajo de investigación y desarrollo, por lo que no hay una fecha concreta. Pero la idea está ahí. “Es una gran idea”, reconoce.

Porque, en el fondo, LaMoonDa continúa funcionando con la misma lógica con la que empezó. Una pregunta aparentemente sencilla puede convertirse en cuatro meses de trabajo. Una cuadrícula puede acabar transformándose en un tablero de ajedrez que también es un puzle. Un mosaico romano puede inspirar una pieza. Una figura de un cuadro de Velázquez puede convertirse en una pieza de madera que encaje exactamente en un conjunto. Y un proyecto entre un padre y una hija puede terminar convertido en una pequeña empresa artesanal que viaja por las ferias de Castilla y León.

Todo parte de la misma premisa: imaginar primero y averiguar después si es posible. “Nos encanta tanto eso que dijimos: nos gustaría hacerlo y lo haremos”, concluye Martínez. No sabe cuándo llegarán los próximos proyectos ni cuál será exactamente el siguiente reto. Tampoco parece preocuparle demasiado. En LaMoonDa, el tiempo forma parte del proceso. Cinco años después de empezar a enseñar sus primeros puzles, Daniel y Laura continúan haciendo aquello que les llevó a crear la marca: diseñar, experimentar, fabricar y, sobre todo, divertirse mientras buscan una nueva manera de convertir la madera en belleza.

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