Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre, dice el Evangelio. Para mí, ahora mismo, esta frase se mezcla con aquella otra que dice que el amor de Cristo nos une a todos. Y lo explico.

Hace algunos días participé en un momento muy emocionante para mi corazoncito brasileño. Fueron unas jornadas divulgativas para celebrar los 90 años del Cristo del Otero. En pleno Teatro Principal, estuvimos dos días sumergidos en una conexión directa entre España y Brasil, dos países unidos por el Cristo -nunca mejor dicho-. Dos países que provocan mis aurículas y ventrículos cada día. Uno porque me parió y abriga mis raíces, y otro porque me robó el corazón y es puerto para mi barca anclada.

Palencia y Río de Janeiro estuvieron dos tardes de manos dadas en un pasito más rumbo a una hermandad que tiene todo para consolidarse. Tanto el Cristo del Otero, en su posición de bendición sobre nuestras cabezas, como el Redentor, de brazos abiertos sobre la Bahía de Guanabara, fueron regalados a su población en 1931. O sea, cumplen nada menos que 90 primaveras juntos, nueve décadas en sus funciones: uno como gran faro espiritual de Castilla, majestuoso en nuestras Tierras de Campos, y el otro desde lo alto de sus 740 metros sobre el océano Atlántico Sur, luciendo de brazos abiertos el amor por su gente, por su país, por el mundo. Un monumento sentimental y declaradamente patrimonio de la humanidad. Son 1.145 toneladas divididas en 30 metros esculpidos. Todo un peso que parece fluctuar en los días de niebla de la famosa ciudad carioca. Ya la obra de Victorio Macho, con su verticalidad que rompe la grandiosa horizontalidad de los campos de Castilla, tiene sus 21 metros de perfecta proporción. Los dos, con una misma insignia gigante dejada por los artistas en la mitad del pecho: un grandioso corazón. De corazón a corazón, de Río a Palencia, un mensaje único: que estamos unidos, somos uno y es preciso decirlo, es importante comentarlo, es necesario celebrarlo.

En las jornadas promocionadas por el Ayuntamiento de Palencia -con participación simultanea de los responsables del Santuario del Cristo Redentor de Río de Janeiro y del Instituto do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional – IPHAN-, historiadores, artistas, arquitectos y responsables de la preservación de los dos monumentos discutieron sobre las características propias de ambas estatuas, los entornos privilegiados en que están ubicados, su contexto histórico y también lo que se puede aprender con Río sobre promocionar el Cristo palentino para que el mundo pueda conocer esta obra que no es solo de Palencia, no es solo de Castilla y León, tampoco solo de España. Que se enteren todos que lo que nos une no es solamente el hormigón. No es solamente el arte único de estos dos monumentos, sino algo que va mucho más allá: es pura pertenencia, es este sentir, el vivir en una ciudad bajo los brazos benditos del Cristo. Al fin y al cabo, nuestro querido Cristo del Otero es un monumento que sigue transmitiendo el mensaje cristiano cada día como una intermitente antena parabólica que envía sus mensajes imperceptibles a los ojos humanos.

Aunque las jornadas (y el cumple del Señor del Otero) hayan sido en junio, decidí compartir con vosotros el tema en esta columna de julio -mes de unas vacaciones donde ojalá se pueda respirar libertad e ilusión- porque veo que los gestores palentinos están más que atentos a la necesidad de promocionar nuestro Cristo como se merece. Estas jornadas, su exhibición en pleno Callao de Madrid, el nuevo bus turístico gratuito hasta el monumento, el engrandecimiento del acervo del Museo de Victorio Macho y otras acciones que se están dando a conocer son la prueba viva de que mucho está siendo hecho para que ojalá, por fin, el Cristo del Otero tenga su merecido lugar como un gran símbolo no solamente de nuestra ciudad, sino de nuestra valiosa provincia. Hagamos un test rápido: ¿Cuál es el símbolo de Segovia? Piénsalo. ¿A que no tardaste ni dos segundos en visualizar el Acueducto? Sigamos. ¿Cuál es el símbolo de Burgos? ¿Y de León? Palencia tiene de todo (y mucho más). Tenemos el románico, el Canal de Castilla, nuestra monumental Catedral, San Juan de Baños, nuestra montaña… pero, si pregunto ahora mismo cuál es símbolo más importante de Palencia, ¿sabrías elegir uno? A lo mejor se oiría el silencio por algunos instantes.

Deposito aquí mi granito de arena. Hago mi parte de ruido para que nuestro Cristo del Otero luzca igual -o más- que el de Río. Te invito a hacer tu parte. A lo mejor en algunos años, cuando se pregunte cuál es el símbolo de Palencia, aquel incómodo silencio sea substituido por un inmenso Cristo de manos alzadas bendiciéndonos a todos.

Esta columna va dedicada al gran escultor palentino Luis Alonso Muñoz, discípulo de Victorio Macho y patrimonio vivo de este país.

Brasileña de nacimiento y palentina de corazón, Naide Nóbrega es periodista y escritora. Provocada por la pasión que siente por estas tierras, actualmente estudia para ser guía oficial de turismo de Palencia.
@naidenobrega | @seucaminhodesantiago

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