«Si por mi fuera seguiría jugando en la tercera línea del Palencia de por vida. ¿Quién sabe? Ninguno reconocemos haber jugado nuestro último partido aún»

En primer lugar, como segundo entrenador del Senior Masculino, ¿cómo afronta el equipo la recta final de la temporada?

El equipo se encuentra ahora ante las puertas de cumplir con un sueño, el disputar la fase de ascenso a División de Honor B… y conseguirlo…

Un sueño que podemos disfrutar gracias al fantástico trabajo que se viene realizando durante muchos años desde todos los ámbitos del club. Un sueño del que lo importante es vivirlo y disfrutarlo. Pero no sólo los jugadores o el cuerpo técnico actual, sino todos, y son muchos, los que han pertenecido alguna vez a este club, a esta gran familia que es el Palencia RC. Desde los más peques de las secciones inferiores hasta mis queridos vejestorios que llevan a gala el reconocerse como Eupacerontes, veteranos que en su día defendieron la moradinegra. Desde los padres que hoy nos confían a sus hijos para aprender los valores del rugby, hasta nuestros propios padres, que en su día tuvieron que asumir que sus entonces ya no tan retoños se habían enamorado de un deporte que se jugaba con extrañas reglas que jamás entendieron.

Por ese sueño, por disfrutarlo y hacerlo disfrutar, el equipo se encuentra ilusionado y muy, pero que muy, motivado. La implicación y el trabajo en los entrenamientos son máximos. El equipo cree en sus posibilidades.

Y el balance que haces de esta temporada en la que el equipo lo ha ganado todo hasta el momento…

El balance de la temporada no puede obviar lo atípico de la misma. Atípico en cuanto a los condicionantes que ha supuesto la situación motivada por el COVID. En el plano del deporte en general, lo más triste es que muchos niños se han visto privados de practicar la actividad que más les gusta. En el aspecto competitivo, y ya hablando de nuestra liga, muchos clubes, incluso de los más históricos y con medios, no han podido sacar un equipo para afrontar la competición con unas mínimas garantías de seguridad.

Por ello, el primer balance que hago es de profundo agradecimiento a la directiva del Palencia RC, a todos los que han trabajado de su mano y al apoyo de las instituciones y patrocinadores. Ellos han posibilitado, con su oculto pero enorme esfuerzo, que nuestras secciones inferiores hayan podido, al menos, volver a entrenar, que nuestro equipo femenino, quizá algo diezmado, pero con la ilusión intacta, pueda seguir también con su sueño, y todo con las máximas garantías de seguridad. Y, por supuesto, que nuestro equipo senior haya podido afrontar la competición en la liga. Hago extenso mi agradecimiento a nuestros colegas de Aranda, Arroyo y León, grandes rivales y compañeros, por haber luchado también para que todo esto siga adelante.

Con esta situación, quizá lo de menos fuesen los resultados. La primera competición era por poder estar ahí. Aunque, una vez estados… veremos lo que se decanta en los partidos que restan, pero por el momento, y si la memoria no me falla, estamos en un momento histórico. Nunca el equipo había cerrado una temporada de liga invicto.

Además de segundo entrenador en estos momentos, has estado ligado a este club desde sus inicios puesto que fuiste miembro fundador del mismo, además de capitán y jugador. ¿Con qué faceta te quedas?

No cambiaría nada, ni elegiría ninguna en particular. Todas y cada una de esas facetas supusieron una experiencia fantástica, todas y cada una tuvieron sus éxitos, sus partes positivas y sus fracasos, sus partes negativas… que, a la larga, tras los años pasados, también se han tornado en positivas, por lo vivido y aprendido. En la actualidad estoy intentando aportar mi pequeño granito de arena ayudando a Garri en los entrenamientos del primer equipo. Pese al salto generacional con los chicos, me encuentro plenamente integrado (fácil, no olvidemos que hablamos de gente de rugby, osea, muy buena gente). Y lo estoy disfrutando tanto como cuando intentábamos reclutar gente para practicar un deporte por entonces muy desconocido en Palencia, o como cuando me rebozaba debajo de un ruck haciendo cosas que con el reglamento actual me costarían siete expulsiones por partido. Pero si me dices que elija una, que forzosamente tengo que elegir una… si por mi fuera seguiría jugando en la tercera línea del Palencia de por vida… lástima que los años no perdonan… aunque como decimos los auténticos rugberos, quién sabe, ninguno reconocemos haber jugado nuestro último partido aún…

«El equipo cree en sus posibilidades. La implicación en los entrenos es máxima»

¿Cuáles son esos valores del rugby que tanto te han enganchado para haber estado tan ligado a este deporte durante todos estos años?

El respeto máximo por el compañero y por el rival, que sólo es rival durante 80 minutos, el resto también es compañero. El respeto máximo a quien tiene que enjuiciar, léase el árbitro. El respeto máximo del público hacia su equipo… y hacia el equipo rival/compañero. El compañerismo constante… la sensación de familia… en fin valores que otros pueden asociar también a otras actividades, a otros deportes, pero que, en el rugby, deporte de contacto por excelencia, se deben llevar a sus máximas consecuencias. Grandes, pequeños, rápidos, lentos… todos tienen cabida, el rugby es un juego con muchos roles.

Por estudios y trabajo no sólo he estado en el Palencia RC. He jugado en Lugo, en el extinto EUITA, donde también estuve de entrenador, en Zaragoza con Veterinaria, mi primera experiencia en primera división, en Australia, con el UWA de Perth… en todos esos lugares lo primero que hice fue bajar a un entrenamiento y en todos bastó una simple frase: ¿puedo entrenar con vosotros? Ni referencias ni currículos, sólo un “por supuesto chavalote” (“of course guy” dicho con el áspero acento australiano en el caso de Perth… o eso creí entender…) como respuesta, y ya tenías una nueva familia. No sé si todo esto existe en otros deportes, supongo que sí, pero al menos en mi caso, lo viví, y vivo, con el rugby, algo más que un simple deporte.

¿El Club ya está preparando la Eupacerontes?

El Eupacerontes marca el final de la temporada. Es un día de celebración conjunta de todos los integrantes del club y de sus amigos. ¿Qué celebramos? Todo.

Para aquellos que se iniciaron en el Palencia RC más recientemente, ese día lleva el nombre de Eupacerontes en recuerdo a nuestros inicios en la vieja escuela donde, coincidiendo con las fiestas de San Isidro, se jugaba un partido entre los integrantes del equipo que estudiaban agricultura contra los que estudiaban para forestales. Y el tercer tiempo, con comida familiar, sobremesa en magnífica compañía y cena y postrimerías para los más valientes. Un día festivo para celebrar una temporada que finaliza.

Desgraciadamente, el COVID impidió esta celebración la campaña pasada. Y la prudencia y la conciencia social aconsejan no dejarse llevar este año, por lo que tendremos que esperar a otra temporada para retomar en su plenitud nuestra querida tradición.

Pero al menos, y cual día Eupaceronte en este año nos lo tomaremos, el día 30 de mayo tendremos un guiño a los recuerdos del viejo rugby, con la proyección de “Quince” en el cine Ortega.Allí estaremos, un Eupaceronte atípico, como el año, pero lo disfrutaremos igual.

Foto del primer año de rugby en Palencia, temporada 1987/88.
Foto del primer año de rugby en Palencia, temporada 1987/88.

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