
Puede parecer un cuadro abstracto. Una fotografía vanguardista que cualquiera podríamos contemplar en nuestro salón. De hecho, la tenemos a la vista cada vez que pasamos debajo del puente que da acceso a Isla Dos Aguas. Es la porción de uno de los tubos que soporta la estructura. Hay muchas más que ofrecen un aspecto similar.
El óxido se está comiendo el material ferroso. Si bien no da la impresión de que el armazón vaya a colapsar, la sensación de abandono es patente. Entendemos que ya habrá fijada fecha para su reparación. Pero pasan y pasan las semanas, meses y años… y ese día no acaba de llegar. Cruzamos confiados esta pasarela que comunica con el parque. Por supuesto. Pero la imagen de la ciudad en un entorno tan transitado deja bastante que desear.
Seguramente tenga su complicación abordar el asunto, pero quizá vaya siendo hora de recomponer los daños. A veces sale mejor un mantenimiento periódico que andar reparando. Que ese entramado de cilindros que sujetan el puente luzca blanco, pero sobre todo sano, es algo que deberíamos poder permitirnos. Y si cada lustro hay que darle unos brochazos a estas tripas metálicas pues… Con la de tradiciones que a lo largo del tiempo mantenemos en esta ciudad, el cuidado del mobiliario urbano, de los paseos, puentes, farolas, bancos… bien podría ser una más.
Por cierto…, no saldría en los libros de historia, ni en las guías turísticas, pero sí en las fotografías. En las instantáneas que diariamente quedan en la cabeza de los palentinos y de los visitantes que se acercan a conocernos. El óxido indeseado que pulula por los rincones de nuestras calles no es la mejor estampa que podemos ofrecer. Pero si además anida debajo de nuestros pies al caminar casi vamos a preocuparnos de eliminarlo. El otro. El óxido perseguido. Que también existe, que busca una estética singular en fachadas, ornamentos y soportes varios… Ese, bienvenido sea.




