El deporte base palentino tiene nombre propio cada semana en esta nueva sección, un espacio dedicado a los más jóvenes de los clubes de nuestra capital y provincia.
Todavía recuerda la sensación de cruzar la meta en Sevilla sin tener claro lo qué había pasado. El sprint fue tan ajustado que durante unos segundos no sabía en qué posición había quedado. “Entramos, sobre todo los dos primeros, muy justos, muy igualados”, explica. Pero entonces levantó la cabeza hacia la grada. “Vi a todos mis familiares abrazándose, saltando, botando de la alegría… y ahí ya sabía que lo había hecho”.
Álvaro Salvador López (Palencia, 16 años), del Club Palentino de Piragüismo, acaba de proclamarse campeón de España cadete de invierno en 5.000 metros, su primer gran título nacional y también su primera medalla individual en un campeonato de España de ese nivel. Un resultado inesperado incluso para él mismo. “La gente piensa que es fácil porque es un deporte minoritario, pero hay muchísimo nivel”, insiste. “Es un deporte muy impredecible. Puede ganar cualquiera”.
Hasta entonces, Álvaro nunca había conseguido consolidarse dentro del grupo de cabeza en un campeonato nacional de este nivel. “Había quedado sexto, séptimo… pero nunca había conseguido meterme delante del todo”, explica.
El palentino compite en modalidad de kayak, una disciplina que mucha gente sigue confundiendo con la canoa. “La canoa se va de rodillas y se rema solo de un lado. En kayak vamos sentados y la pala tiene dos cucharillas, entonces remas por los dos lados”, explica.
Actualmente prepara principalmente pruebas de 5.000 metros, más orientadas al fondo, aunque durante el verano también disputa competiciones de velocidad sobre 1.000 y 500 metros. De hecho, el pasado año ya firmó uno de sus mejores resultados nacionales con un cuarto puesto en el Campeonato de España de 1.000 metros disputado en Asturias. “El 1.000 se me adapta mejor porque soy más de fondo. El 500 es mucho más explosivo y ahí la gente más fuerte físicamente suele tener ventaja”, comenta.
Su relación con el piragüismo empezó prácticamente por insistencia familiar. Su padre había practicado este deporte años atrás y durante la pandemia animó tanto a Álvaro como a su hermano pequeño, Darío, a probar. “Nos dijo que teníamos que hacer algún deporte y que en casa no nos podíamos quedar”, recuerda entre risas. Aunque reconoce que al principio no terminó de engancharse del todo. “No le veía el atractivo. Entrabas al agua y no entendías todavía todo lo que hay detrás: estrategias, grupos…”.
Poco a poco le empezó a gustar, hasta que llegó una competición en Zamora, todavía en plena época de restricciones por el COVID. Padres separados detrás de vallas, mascarillas y un ambiente extraño para alguien que apenas empezaba. Aun así, terminó segundo.
Para no empezar a gustarle por entonces, ahora ha pasado a dedicarle mucho espacio en su día a día. Entrena alrededor de tres horas diarias y prácticamente toda la semana, compaginando el deporte con una rutina bastante exigente que, reconoce, es probablemente la parte más dura de todo esto. “Sales de clase o de clases particulares y tienes que venir aquí hasta las 20:30 o las 21:00. Eso es lo más complicado”. También porque entiende que ese nivel de dedicación obliga a renunciar a muchas cosas habituales a su edad. “Cada uno decide hasta dónde quiere implicarse. Yo tuve claro desde el principio que quería esforzarme”.
En esa evolución destaca que ha tenido muchas fuentes de inspiración. Desde Fernando, su entrenador durante la mayor parte de estos años, además de referentes históricos del club como Santi Guerrero o Jorge Alonso, deportistas que ya han vivido campeonatos nacionales e internacionales antes que él. “Tengo la suerte de estar rodeado de gente que ya ha vivido esto veinte veces”, señala. De sus enseñanzas, se queda con este consejo: «Que las medallas salen cuando no vas pensando obsesivamente en ellas”. Y así terminó llegando precisamente el oro, con Santi Guerrero presente. «Las instrucciones que me daba yo las seguía al pie de la letra», comenta.
Ahora su objetivo más cercano pasa por intentar entrar en las ocho plazas que dan acceso al centro de tecnificación de Trasona, en Asturias, donde se concentra el equipo nacional juvenil español y desde donde salen los piragüistas que compiten en europeos y mundiales. “Ese sería ahora mismo el siguiente paso”, explica.
A largo plazo, el sueño aparece claro. “Ir a unas Olimpiadas”, admite. Aunque rápidamente añade: “Ahora mismo se queda muy grande”.
Su lado más personal
Fuera del agua, Álvaro reconoce que no es demasiado de series, películas o música. Prefiere pasar el tiempo viendo vídeos en YouTube o jugando a videojuegos. Le gustaría ser policía de mayor y, si pudiera conocer a cualquier deportista, lo tiene claro: Ilia Topuria. “Me gusta la mentalidad que tiene. Creo que nunca piensa que va a perder y eso es una de las cosas que le hacen ganar lo que ha ganado”.




