Jesús García-Prieto / ICAL
Que la música sirve para unir generaciones no es algo nuevo. Lo que resulta menos habitual es comprobar cómo unas canciones que durante décadas sobrevivieron únicamente en la memoria de quienes las aprendieron de padres y abuelos consiguen hoy cruzar fronteras, colarse en listas internacionales y conectar con un público joven sin renunciar a su esencia.
Ese es el camino que recorre Fusión y Cuenta Nueva, el proyecto de los palentinos Ángel Pozo e Iván Aparicio, que acaba de presentar El Estraperlo del Topo, un adelanto del disco De Iberia a Europa, con el que celebrará en 2027 diez años de trabajo para demostrar que el folclore no pertenece al pasado, sino que sigue siendo un patrimonio vivo en constante transformación.
Lejos de limitarse a recuperar piezas tradicionales, el dúo formado por Ángel Pozo e Iván Aparicio apuesta por darles una nueva vida. La investigación de campo, la recopilación de melodías transmitidas de forma oral y la incorporación de instrumentos contemporáneos conviven en una propuesta que pretende acercar el patrimonio musical a públicos que, en muchos casos, jamás se habían acercado al folclore.
Su último lanzamiento resume buena parte de esa filosofía. El título llama la atención desde el primer momento, pero detrás de él existe una historia profundamente ligada a la memoria colectiva de Castilla y León.
“En tiempos del hambre la gente no tenía para comer”, explica Ángel Pozo a la Agencia Ical. “Las cartillas de racionamiento no eran suficientes y la única forma de sobrevivir era intercambiar productos en el mercado negro”. Ese fenómeno, conocido como estraperlo, sirve de punto de partida para una composición que enlaza dos melodías tradicionales recuperadas por el grupo.
La primera procede de Villablino, en León, aunque también se conserva en localidades asturianas como Cangas del Narcea. Se trata precisamente de El Estraperlo, una canción que el grupo ha respetado en su esencia aunque introduciendo pequeños cambios en los arreglos. La segunda pieza es La Rumba del Topo, habitual dentro del repertorio dulzainero castellano y presente en numerosos puntos de Castilla y León, además de Aragón.
La unión de ambas melodías da lugar a una composición completamente nueva que mantiene intacta la raíz tradicional pero incorpora una sonoridad contemporánea. Es, en realidad, la fórmula que Fusión y Cuenta Nueva ha desarrollado durante toda su trayectoria: enlazar canciones antiguas para construir un discurso musical diferente.
La elección de La Rumba del Topo tampoco es casual. Según explica Pozo, pertenece a esas músicas de «ida y vuelta» que salieron de la Península hacia Hispanoamérica y regresaron transformadas por ritmos como la rumba. “Son canciones que parten de aquí, viajan a América y vuelven con influencias nuevas”, resume.
Su hermana, Marimar Pozo, que junto a Ángel forma parte de otros grupos como Terra Sigilata o Amalgama y que colabora en este primer sencillo, añade otra lectura histórica. En su opinión, muchas de esas piezas probablemente fueron jotas antes de evolucionar con el contacto entre culturas. “Las provincias no tienen sentido desde el punto de vista cultural”, afirma al recordar que la misma melodía aparece en León, Asturias o El Bierzo con ligeras diferencias, fruto de una tradición oral que nunca entendió de fronteras administrativas.
Ese carácter cambiante constituye precisamente uno de los principios sobre los que trabaja el grupo. Para sus integrantes, el folclore nunca ha sido una fotografía fija del pasado, sino un organismo vivo que evoluciona con cada generación.
“La música tradicional es la música en el contexto donde nació”, sostiene Marimar Pozo. Una vez desaparecido ese contexto, considera imposible aspirar a una reproducción exacta de cómo sonaba hace cien o doscientos años. Por eso defienden una reinterpretación respetuosa, capaz de conservar la esencia mientras dialoga con el presente.
Ángel Pozo utiliza una comparación arqueológica para explicar esa idea. Igual que una vasija restaurada conserva las huellas de la intervención realizada para devolverle su forma original, las canciones tradicionales admiten nuevos arreglos siempre que permitan reconocer la pieza inicial. No se trata de esconder el paso del tiempo, sino de incorporarlo.
Esa filosofía se refleja también en la instrumentación del nuevo sencillo. Junto a la guitarra española, el bouzouki o el whistle aparecen objetos cotidianos convertidos en instrumentos musicales: una sartén golpeada con dedal y cuchara, una tapa de cocina, una lata de pimentón o el tradicional charrasco. Son elementos que remiten directamente a las épocas de escasez, cuando hacer música dependía más de la imaginación que de los recursos económicos.
El videoclip amplía todavía más ese universo narrativo. Rodado en las históricas bodegas subterráneas de Cigales, traslada al espectador a una recreación libre de la posguerra española. El llamado Callejón del Topo se convierte en un espacio donde comerciantes improvisados, compradores y vecinos practican el estraperlo como una forma cotidiana de supervivencia.
Sin embargo, la intención nunca fue realizar una reconstrucción dramática de aquellos años. Los autores optaron por una puesta en escena con un evidente componente teatral, incluso con pequeños toques kitsch, para destacar la picaresca y el ingenio popular frente al dramatismo.
“No hemos querido transmitir únicamente la crudeza del hambre”, explica Ángel Pozo. “También existía una forma de afrontar las dificultades con humor y con música”. Marimar coincide en esa lectura y recuerda que la propia canción original posee un carácter festivo que invitaba al baile. “Había una parte de comunidad, de hablar con el otro, de intercambiar cosas; también tenía ese buen rollo”, apunta.
La respuesta del público parece confirmar que esa mezcla entre memoria histórica y lenguaje contemporáneo funciona. El videoclip acumuló cerca de cinco mil visualizaciones en pocas semanas y el sencillo logró situarse entre las primeras posiciones de las listas internacionales especializadas en músicas étnicas.
Para Ángel Pozo, entrar en esa clasificación internacional es “como entrar en Los 40 Principales de las músicas étnicas”, una comparación con la que resume la relevancia que tiene para un grupo independiente aparecer entre los artistas más escuchados del género. “La hemos grabado nosotros, en casa, con muchísimo cariño”, explica Ángel Pozo. “Que llegue a tanta gente y tenga esa acogida es un orgullo enorme”.
Ese reconocimiento internacional llega además en un momento especialmente significativo para Fusión y Cuenta Nueva. El grupo prepara De Iberia a Europa, un trabajo que verá la luz en 2027 coincidiendo con el décimo aniversario del proyecto y que pretende condensar toda la experiencia acumulada durante estos años de investigación y creación.
El álbum recorrerá diferentes territorios musicales de la Península Ibérica para ponerlos en diálogo con melodías tradicionales de países como Irlanda, Escocia, Suecia o Bulgaria. El objetivo no es establecer comparaciones, sino demostrar que las músicas populares europeas comparten un mismo sustrato cultural construido durante siglos de intercambios entre pueblos.
“Siempre decimos que la música no tiene fronteras ni banderas”, resume Ángel Pozo. “Buscamos esos puntos de unión entre canciones que, aunque procedan de lugares muy distintos, conservan modos, ritmos o formas de entender la música que son comunes”.
Ese trabajo se apoya en décadas de recopilación familiar. Mucho antes de que naciera Fusión y Cuenta Nueva, la familia Pozo Velasco ya recorría pueblos entrevistando a personas mayores, grabando canciones y documentando formas de interpretar un repertorio que nunca llegó a escribirse en partituras. Aquellas cintas y cuadernos constituyen hoy una parte esencial del archivo sobre el que trabajan los hermanos Pozo.
A ese legado se suma la experiencia personal acumulada durante años sobre los escenarios y en encuentros de música tradicional. Tanto Ángel como Marimar crecieron rodeados de informantes, rabelistas y cantadores que no solo transmitían melodías, sino también las historias que las acompañaban.
“Muchas veces basta con preguntar a una persona mayor si recuerda alguna canción que le cantaba su madre”, explica Marimar. “Empiezan a cantar y detrás aparece toda una historia”. Ese contacto directo con quienes conservaron la tradición constituye, a su juicio, un patrimonio tan importante como las propias melodías.
En el caso de Ángel, el aprendizaje del rabel desde los siete años le permitió convivir con algunos de los últimos grandes intérpretes del instrumento. Recuerda especialmente a Fidel, fallecido este mismo año con 96 años, como uno de esos maestros que terminaron convirtiéndose en amigos.
“Cuando interpretas una de esas canciones tienes mucha responsabilidad», afirma a la Agencia Ical. «Ya no es solo porque la hayas grabado; es porque conociste a esa persona, sabes lo que significaba para ella y quieres transmitirlo con el máximo respeto”.
Ese respeto, sin embargo, nunca implica inmovilismo. Ambos rechazan la idea de que el folclore deba permanecer congelado en el tiempo. Consideran que todas las generaciones han transformado las canciones heredadas y que la suya simplemente continúa ese proceso natural.
“Cada persona ha hecho siempre su aportación”, sostiene Ángel Pozo. “Al tratarse de tradición oral, las canciones nunca fueron exactamente iguales. Cada intérprete añadía algo propio, igual que hacemos nosotros ahora”.
Precisamente esa capacidad para evolucionar explica, en su opinión, que el patrimonio musical haya conseguido sobrevivir durante siglos. Si las melodías hubieran permanecido inalterables, probablemente muchas se habrían perdido al dejar de responder a las sensibilidades de cada época.
La actualización no se limita a los arreglos musicales. También afecta a la forma de presentar el folclore ante el público. Frente a la imagen solemne con la que a menudo se identifica este género, Fusión y Cuenta Nueva apuesta por conciertos didácticos, dinámicos y participativos donde las explicaciones históricas conviven con el humor y la interacción con los asistentes.
El propósito es atraer especialmente a las generaciones más jóvenes. Lejos del estereotipo que identifica la música tradicional con un público envejecido, las estadísticas de sus redes sociales muestran una presencia muy destacada de personas de entre 25 y 35 años.
Ese interés también se refleja en los conciertos. “Muchas veces se nos acerca gente joven para decirnos que nunca había escuchado este tipo de música y que gracias a nosotros la ha descubierto”, explica Ángel Pozo. Para el grupo, ese comentario resume buena parte del sentido de su trabajo.
No se trata únicamente de interpretar canciones antiguas, sino de demostrar que siguen siendo capaces de emocionar cuando se presentan con un lenguaje cercano a las sensibilidades actuales.
La actividad del dúo tampoco se limita a Fusión y Cuenta Nueva. Tanto Ángel como Marimar compaginan este proyecto con otras formaciones como Terra Sigilata y Amalgama Folk, además del trabajo que desarrollan desde Enraigo, la productora cultural con la que impulsan conciertos, talleres, exposiciones y actividades divulgativas relacionadas con el patrimonio musical.
Esa intensa agenda obliga a multiplicar esfuerzos. Producción musical, grabaciones, gestión de conciertos, promoción, elaboración de materiales didácticos y coordinación logística forman parte de un trabajo que, en gran medida, realizan ellos mismos.
“Muchas veces no nos da la vida”, reconoce Ángel Pozo entre sonrisas. “Pero también es muy satisfactorio poder emprender desde Palencia haciendo aquello que realmente nos apasiona”.
En El Estraperlo del Topo esa filosofía colaborativa se completa con la participación de Marimar Pozo y María Calleja en las voces, además del trabajo del ingeniero de sonido palentino Aurelio Estébanez, profesional con cinco nominaciones a los Latin Grammy y una trayectoria junto a artistas internacionales como Alejandro Sanz, Juan Luis Guerra o José Mercé.
Pese a ese currículo, ambos destacan sobre todo su cercanía. “Es una persona muy humilde y muy rápida trabajando”, afirma Ángel Pozo. “Tiene tanta experiencia que entiende enseguida lo que buscas y aporta soluciones casi desde la primera mezcla”.
La elección de un profesional de ese nivel demuestra que la apuesta por actualizar el folclore no está reñida con la máxima exigencia técnica. Al contrario, el grupo entiende que una producción cuidada resulta imprescindible para que estas músicas puedan competir en igualdad de condiciones dentro del mercado actual.
Mientras continúa la preparación de De Iberia a Europa, El Estraperlo del Topo funciona ya como una declaración de intenciones. El sencillo reivindica el valor de unas canciones nacidas para acompañar la vida cotidiana de generaciones pasadas, pero demuestra al mismo tiempo que siguen siendo capaces de dialogar con el presente.
Porque, como defienden los hermanos Pozo, el folclore no es un museo al que se entra en silencio para contemplar piezas inmóviles. Es un patrimonio vivo que cambia con cada interpretación, se enriquece con nuevas influencias y continúa encontrando sentido mientras haya alguien dispuesto a escucharlo, aprenderlo y volver a cantarlo.



