Alejandro Arroyo, conocido en internet como «El Cazador de Eclipses», está entre las personas del mundo que más fenómenos de este tipo ha presenciado, siendo el primero de Latinoamérica. Llegará desde Chile a Paredes de Nava para anotarse su eclipse total número 24. Ha hecho dos viajes a España en 2024 y 2025 para estudiar dónde avistar el del próximo 12 de agosto… Y ha elegido Paredes de Nava. No es el único: como él, esta localidad recibirá a otro plusmarquista europeo, el rumano Catalin Beldea, mientras Osorno será la sede elegida por el español Óscar Martín.
Eres historiador del arte y no astrónomo. Sin embargo, llevas 30 años persiguiendo eclipses desde aquel viaje casual a Putre (Chile) en 1994, motivado por un amigo francés. ¿Qué tuvo esa primera experiencia en el altiplano que despertó este interés hasta el punto de dedicar tu vida a ser el «Cazador de Eclipses»?
Aquella experiencia marcó un antes y un después en mi relación con el Sol y la Luna. Pude observar que un eclipse total es una experiencia de vida que comienza mucho antes del momento de la totalidad: investigar durante años el mejor lugar para observarlo, estudiar la meteorología, preparar el viaje y la logística…
En Putre, un pequeño pueblo andino de apenas 700 habitantes, nos encontramos con más de 7.000 personas llegadas para presenciar el eclipse. Llegamos de madrugada y aquello parecía una fiesta en mitad de la nada. Esa primera impresión fue inolvidable.
Después llegó el eclipse. Ver cómo cambiaba la luz, descendía la temperatura o reaccionaban los animales que participaban en una feria agrícola hizo que comprendiera que estaba viviendo algo único.
Además, un eclipse total puede tardar 170 o 180 años en repetirse en un mismo lugar, así que, para la mayoría de la gente, es una oportunidad que solo se presenta una vez en la vida.
Ver el eclipse en los puntos recomendados de la provincia de Palencia supone hacerlo dentro de la franja de oscuridad. Explicas que la diferencia entre un 99 % y un 100 % es «un salto cuántico». ¿Por qué?
Un eclipse total solo se produce si estás dentro de la franja de totalidad, que en este caso tiene entre 250 y 290 kilómetros de ancho. Paredes de Nava tiene el privilegio de encontrarse prácticamente en el centro de esa franja, por lo que ofrecerá una de las mejores experiencias para contemplarlo.
Este eclipse comenzará en Groenlandia, alcanzará su máxima duración frente a las costas de Islandia (2 minutos y 18 segundos) y después cruzará la Península Ibérica de Asturias a Baleares. Paredes de Nava será uno de los lugares privilegiados para disfrutar de la totalidad.
La diferencia entre ver un eclipse al 99 % y verlo al 100 % es enorme. En un eclipse parcial solo observas cómo la Luna va cubriendo el Sol, pero nunca llegas a contemplar la corona solar, que es el gran espectáculo de un eclipse total.
Además, durante la totalidad puedes quitarte las gafas certificadas durante ese breve minuto y 45 segundos y observar directamente la corona solar. Es una experiencia irrepetible y esa es, precisamente, la gran diferencia entre un eclipse parcial y uno total.
Esta es, probablemente, la respuesta que más trabajo necesita. La pregunta le pide qué sentirá la gente, pero él dedica mucho espacio a hablar de meteorología, incendios, horarios y logística. Yo recuperaría únicamente esas referencias cuando ayudan a entender que cada eclipse es distinto, y centraría la respuesta en la experiencia.
Para las personas que creen que un eclipse es simplemente que «se nubla» o «se hace de noche», tú explicas que es una experiencia indescriptible donde la luz adquiere una luminosidad única, la temperatura puede bajar entre 10 y 15 grados y los animales se duermen. ¿Podrías describirnos qué otras sensaciones físicas y emocionales experimentará la gente durante esos breves minutos de oscuridad total?
Lo primero que hay que entender es que no existen dos eclipses iguales. La experiencia cambia según el lugar, la hora del día, la meteorología o el paisaje. Un eclipse en un desierto no se vive igual que en la costa o en una llanura, y eso hace que cada uno sea irrepetible.
Durante la totalidad, la luz cambia por completo. Los colores adquieren un tono distinto al que estamos acostumbrados, la temperatura puede descender de forma notable, el viento puede variar y los animales reaccionan como si hubiera llegado la noche. Son pequeños detalles que, juntos, crean una sensación muy difícil de describir.
Yo siempre recuerdo un eclipse en el desierto de Australia, donde pude contemplar una puesta de sol en 360 grados. Es una imagen que solo puede darse en un lugar con un horizonte completamente abierto y demuestra que cada eclipse tiene su propia personalidad.
Por eso mi principal recomendación es disfrutar del momento. La gente suele preocuparse por hacer la mejor fotografía y, al final, se pierde lo esencial. Las mejores imágenes ya las harán los astrónomos; quienes tengan la suerte de vivir este eclipse deberían dedicar esos escasos minutos a observar todo lo que ocurre a su alrededor.
El eclipse será una experiencia de varias horas, desde las primeras fases hasta el final. ¿Qué consejos darías para disfrutarlo con seguridad y sin perderse nada?
Lo más importante es utilizar siempre gafas certificadas durante las fases parciales del eclipse. Mi recomendación es observarlo durante unos 30 segundos cada vez y descansar la vista tres o cuatro minutos antes de volver a mirar. Solo durante la totalidad pueden retirarse las gafas para contemplar la corona solar, pero en cuanto aparezca el primer rayo de Sol hay que volver a ponérselas inmediatamente.
Como se trata de un eclipse al atardecer, es fundamental elegir un lugar con el horizonte oeste completamente despejado y hacerlo con antelación. No conviene improvisar ni cambiar de ubicación el mismo día pensando que en otro sitio se verá mejor. Los desplazamientos de última hora suelen provocar atascos y existe el riesgo de perderse el momento más importante.
También recomiendo llevar agua, algo de comida y llegar con tiempo suficiente para instalarse con tranquilidad. Si finalmente el cielo está nublado, llueve o hay humo por algún incendio, merece la pena quedarse igualmente. Tal vez no podamos ver la corona solar, pero sí percibiremos la oscuridad, los cambios de luz y muchas de las sensaciones que hacen único un eclipse total.
Y, sobre todo, hay que disfrutar del momento. Las mejores fotografías ya las harán los astrónomos. Quien tenga la suerte de vivir este eclipse debería dedicar esos minutos a observarlo con sus propios ojos y guardar ese recuerdo para siempre.
Nos gustaría conocer las anécdotas de esas aventuras buscando eclipses por todo el mundo…
Cada eclipse tiene su propia historia. Recuerdo especialmente uno en Novosibirsk, en Siberia. Durante la totalidad, mientras contemplábamos una corona solar espectacular, sonaba música andina interpretada por un grupo ecuatoriano que estaba de gira por Rusia. Vivir un eclipse en Siberia con esa banda sonora fue una experiencia difícil de olvidar.
Otra experiencia muy especial ha sido observar eclipses desde un avión. En esos vuelos solo se venden los asientos de las ventanillas orientadas hacia el Sol, mientras el resto del aparato queda prácticamente vacío. La ventaja es que, al volar por encima de las nubes, la observación está prácticamente garantizada.
Los eclipses de la pandemia también fueron inolvidables. En 2020 tuve que trasladarme dos semanas antes a Pucón, en el sur de Chile, para poder superar las restricciones de movilidad y asegurarme la observación. Un año después, viajé en un vuelo especial sobre el Atlántico Sur.
Hasta pocos días antes no sabíamos si podría realizarse por las restricciones sanitarias y hubo incluso que cambiar los aviones por problemas de autonomía. Fue, sin duda, uno de los eclipses más complejos desde el punto de vista logístico.
Y hay imágenes que solo pueden vivirse una vez. En un eclipse en la Isla de Pascua subí al volcán Terevaka y pude contemplar cómo el atardecer rodeaba toda la isla. Es un fenómeno que solo puede apreciarse desde una isla pequeña o en un gran desierto con el horizonte completamente abierto.
Después de más de treinta años persiguiendo eclipses, he aprendido que cada uno tiene algo irrepetible. Por eso llevo varios años preparando el del 12 de agosto y estoy convencido de que quienes lo vivan desde Paredes de Nava disfrutarán de un acontecimiento extraordinario.
A estas alturas de la vida uno prepara los lugares donde ver un eclipse con tres o cuatro años de antelación. En el caso de España, yo visité en 2024 y 2025 parte de la franja de totalidad. Y llegar a Paredes de Nava, fundamentalmente, es después de hacer todo un estudio de los lugares donde se puede observar.
Así que los habitantes de esa zona, de Castilla y León en general, y específicamente los de Paredes de Nava, tienen que prepararse para disfrutar de este gran evento astronómico.





