A juzgar por el título, cualquiera podría imaginar que voy a hablar de las dificultades de comprensión lectora que padecen nuestros jovenescentes según el Informe PISA. Tampoco del bombazo de que en menos de una década la IA nos va a eliminar a todos, es decir, exterminio absoluto de la humanidad.
Mejor, por el momento, vamos a detenernos en saber de qué se nutre la IA, porque, claro, no aparece por ciencia infusa. Esto funciona como en la cocina, tienes que añadir los ingredientes para que te salga la receta chula que pretendes. Si metes en la olla datos falsos la IA te lanza fake news que te deja pringado todo el menaje. Y si no eres ilustrado o no atiendes a tu intuición analítica pues te tragas enterito lo que te sirvan. Y quien dice noticias, dice estafas, timos, falsedades o apariencias, que todo viene a ser lo mismo, instrumentos de manipulación mental que en diverso grado te inducen a confusión, o te seducen, incluso te abducen para acabar contaminándote el pensamiento, el sentido y la voluntad. Detrás viene lo que te quieren vender, coches, cocacolas, opiniones, discursos políticos, ideas interesadas o malignas contra tus propios intereses.
Volvemos a la cocina y a la despensa que alimenta la IA. Todos somos proveedores gratuitos, nuestras conversaciones telefónicas, nuestra lista de la compra con Alexa, lo que buscamos en Google… Ya no es la vecina cotilla detrás del visillo, hay ojos y oídos por todas partes, sabe todo de nosotros, la criamos, come en nuestra mesa y hasta duerme con nosotros si tenemos cerca el teléfono, el ordenador o una cámara de seguridad.
Hasta tal punto chorizan ilegalmente datos que las empresas tecnológicas, Meta, Google, OpenAI y Anthropic acumulan múltiples demandas de creadores y editores por alimentarse de millones de obras protegidas por derechos de autor. Y, no solo se apropian de eBook y completas bibliotecas on line, también compran ejemplares al peso en librerías de viejo y a particulares, con preferencia sobre materias técnicas y científicas, para guillotinar sus lomos y meterlos en un escáner que traduce e incorpora su contenido a su almacén, ese, desde donde luego nos revenden lo que se han apropiado.
¿Qué podemos hacer para protegernos? Pues, entre otras cosas, algo muy importante, que es informarnos por la fuentes correctas, las que aún no están contaminadas para poder seguir desarrollando nuestro capacidad de discernir, de analizar, de depurar lo que nos vuelcan a cada instante que conectamos las pantallas. Leer los libros que aún no han sido escritos por la IA, que fueron trabajados por escritores, historiadores, filósofos o técnicos de carne y hueso, de mentes creativas y creadoras. Hasta hoy, aún podemos hacerlo, para eso están nuestras bibliotecas, los múltiples clubs de lectura que funcionan por Palencia, en nuestros pueblos, en la Biblioteca Pública, en la Universidad Popular, en las librerías. Es lo que hace falta, leer, de lo que carecen alarmantemente nuestros políticos y tantos jóvenes desnortados que pretenden gobiernos bárbaros, creyendo que les van a dar un futuro paradisíaco porque no han echado un vistazo al pasado. A estos recomiendo que lean, y para empezar qué tal El Gran Hermano, de George Orwen, insigne visionario que a la vista de lo que viene se quedó corto.





