Por David Alonso
Este pasado fin de semana, Paredes de Nava inauguraba la remodelación y recuperación de varias zonas del cementerio. Un espacio con mucha historia, como recoge el estudio publicado por David Alonso
Coincidiendo con la celebración de Todos los Santos, Paredes de Nava ponía de largo la reparación de la cubierta de la capilla del cementerio y de la sala anexa, así como la rehabilitación de la espadaña que se encontraba deteriorada y la sustitución del portón de madera del cementerio de la localidad, una dotación con más de dos siglos de servicio a los paredeños y sus difuntos, como ha relatado el historiador local David Alonso.

Y es que, como explicó Alonso, a lo largo de los tiempos, los enterramientos se efectuaban en el interior de las iglesias, pero a partir del siglo XVIII, en plena Ilustración, se vio la necesidad de crear nuevos recintos fuera de los núcleos urbanos por motivos de salubridad. Este proceso se fue demorando varias décadas debido al incumplimiento, por parte de los ayuntamientos, de los decretos que se dictaron. El primero se publicó en 1787 por Carlos III, más tarde en 1804, una circular de Carlos IV, exigió su aplicación. Hubo otro posterior en 1827, uno más en 1833, donde la orden fue todavía más taxativa.
En el caso concreto de Paredes de Nava, la construcción de su cementerio fue bastante temprana en comparación con lo que sucedía en el resto del país.
En junio de 1821, según el expediente del jefe político, el señor Álvarez Guerra, se decretó la construcción de un cementerio. La municipalidad dispuso su edificación, situándole al norte y fuera de la población, costeado por las cuatro fábricas de la Iglesia, ejecución que satisfizo al Jefe Político en su visita en mayo de 1822.
En el año 1831 y en virtud de una Real Orden, el Alcalde Mayor, D Juan Terán, levantó a costa de las mismas fábricas el segundo cinto de tapiería a dicho cementerio,
En agosto de 1850, se estaba realizando una nueva ampliación, y en 1859, se acometió una reforma con modificaciones muy importantes. Reconocida como pública y notoria la necesidad de prolongar y extender el camposanto, y reparar la tapiería que quedase de la actual construcción, se acordó su ejecución. Así, el 18 de agosto de 1859, el agrimensor Ildefonso Penche Vázquez adjuntó el plano de la reforma, con la que se ensanchó y prolongó el cementerio tres cuartas partes más de su tamaño original, financiándose nuevamente a costa de las fábricas de sus iglesias.
El cementerio civil
Atendiendo a las normativas de la época respecto a la libertad de cultos y enterramientos, el 2 de marzo de 1909 se emitió una circular del Gobernador Civil relativa a la obligatoriedad de construir un cercado para el enterramiento de quienes murieran sin profesar la religión católica, o bien destinar un lugar específico dentro del cementerio católico.
En consonancia con esto, en los presupuestos municipales para los ejercicios de 1926-1927 y de 1930, se consignó en la partida de gastos la cantidad de 25 pesetas para la construcción del cementerio civil.
Posteriormente, el 27 de julio de 1933, se concedió una prórroga de dos años para la construcción de un cementerio municipal definitivo, que nunca se llegó a realizar.
Construcción de su Capilla.
El 3 de abril de 1871, se presentan los planos, el presupuesto y condiciones de ejecución de la Ermita del Cementerio. El Arquitecto fue Casto Martínez, y de la ejecución de la obra se encargó el contratista Gaspar del Campo Antolín, vecino de Carrión de los Condes por un total de 6.750 ptas. finalizándola el 10 de julio de 1871.

Condiciones de la construcción
El contrato era taxativo en lo relativo a los materiales y a la forma de ejecutar las obras:
«Art. 6. Espesores de los muros: 80 cm. los cimientos. Zócalos 70 cm. Las paredes de ladrillo hasta la altura de 4,20 m. será de 60 cm. El resto de la altura de 45 cm».
«Art. 9 Los morteros que han de usarse en la construcción de todos los muros, se compondrán de dos partes de cal con tres de arena. La cal provendrá directamente del horno y se apagará en las obras con la menor cantidad de agua posible, estará bien cocida… La arena será de grano fino, completamente silícea y exenta de partículas terrosas, la manipulación de los morteros con la menor cantidad de agua posible se hará batiéndolos a fuerza de brazo hasta que todas sus partes queden completamente mezcladas».
«Art. 12 Pilastras, cornisa y frontón de la facha principal del Orden toscano, En el interior capiteles de orden dórico».
«Art 13 Todo el exterior se revocará de mortero fino de cal y arena a la que se agregará un poco de color para imitar la piedra, para lo que se figurarán con líneas sobre el mismo revoque las hiladas y juntas.”
El 29 de septiembre de 1871, se firma la escritura de la Ermita del Cementerio, erigida por sus fundadores, D. Atanasio Pinacho Gutiérrez y Dª Vicenta de Castro-Taboada de la Guerra.
“El cura de San Juan de esta villa, hace constar, que el día 4 del actual, Dº Atanasio Pinacho le había entregado una llave de la capilla que había erigido a sus expensas y de su esposa Dª Vicenta de Castro Taboada; por la entrega de dicha llave, daba y cedía todos los derechos que en dicha capilla podía tener a las cuatro iglesias parroquiales de esta villa”.
Para poner la capilla en estado de servir al culto, el Cabildo acordó formar en ella un retablo con un crucifijo que se llevará de la Iglesia del Ex-convento de San Francisco, sito en esta villa, y los efectos del servicio del altar de la Ermita de Corpus Christi.”

Evolución, Ampliaciones y Gestión Municipal
El 26 de mayo de 1895, el Ayuntamiento edificó un depósito de cadáveres y una sala de autopsias al lado de la capilla.
A partir de esta fecha, se realizaron diferentes obras de mantenimiento. Por ejemplo, en 1930, Eugenio Pajares reparó el tejado y la campana, y pintó el interior de la capilla por un importe de 477,27 pesetas, a causa de los daños provocados por una chispa eléctrica. Asimismo, en el año 1942, Félix Pajares llevó a cabo el retejo de la capilla con un coste de 374 pesetas.
Por otro lado, en 1941 se volvió a tener la necesidad de ampliar el cementerio, para ello la parroquia adquirió a D. Miguel de Vigury Valbuena una tierra por un precio de 1.900 ptas, y con una extensión de 21 áreas (es decir 2.100 m2).
En septiembre de 1950, se realizó el presupuesto para la construcción del ensanche por un coste final de 27.056 ptas. Posteriormente, el 15 de junio de 1951, Anastasio Becerril ya se encontraba levantando las paredes para dicha ampliación.
En el año 1957 se realizaron bastantes obras en el interior de la capilla, como la colocación del mosaico de mármol blanco y negro en el suelo, la mesa de mármol (3.630 ptas) o el cambio de las puertas.
El cementerio de la localidad pasó a ser de propiedad y gestión municipal el 23 de febrero de 1998, tras un primer intento fallido en 1985. En aquel año, el párroco D. Luis García Moro propuso ceder el camposanto al Ayuntamiento; aunque este aceptó la propuesta, el Obispado denegó el permiso, por lo que el cementerio continuó siendo de propiedad eclesiástica. (En este año se acomete una restauración del cementerio mediante prestación personal y económica de los paredeños, siendo el maestro de obras Cipriano Casares).
No fue hasta el 21 de octubre de 1997 cuando el párroco, D. Feliciano Pérez Moreno, retomó la iniciativa y propuso nuevamente la cesión. El Ayuntamiento aceptó la propuesta por segunda vez y, en esta ocasión, el Obispado concedió finalmente la autorización.

Una vez que el cementerio pasó a titularidad municipal, se continuaron con las obras de ampliación.
De este modo, en 1999, la Diputación concedió 12 millones de pesetas para este fin.
Finalmente, en el presente año 2026, se ha acometido la restauración integral de la capilla y su entorno, a cargo de la empresa Jesús Marcos Antolín, con un presupuesto de 28.156 €, así como la instalación de puertas nuevas por Decopuar por un importe de 8.228 €.
En definitiva, el cementerio de Paredes de Nava es una pieza más del rico patrimonio de la villa, reflejo del crecimiento y del esfuerzo de sus vecinos a lo largo de más de dos siglos.









