Los delitos de lesiones leves y riñas tumultuarias han experimentado un crecimiento significativo en Palencia durante el último año. Según los datos del Ministerio del Interior, la provincia registró 75 casos en 2025, lo que supone un incremento del 17,2% respecto al año anterior. Esta cifra sitúa a Palencia como la tercera provincia de Castilla y León con mayor subida porcentual, únicamente superada por Ávila (32,9%, hasta 113 casos) y Zamora (25,7%, con 88).
La tendencia en la provincia no es un hecho aislado. En el conjunto de la comunidad, estos delitos pasaron de 621 en 2016 a 1.203 en 2025, lo que representa casi duplicar la cifra en una década. A nivel nacional, el crecimiento ha sido del 81,6%, al pasar de 17.331 a 31.481 casos. En los primeros seis meses de este año, el incremento en Castilla y León ya se sitúa en el 19,6% con relación al mismo periodo de 2025, con 640 delitos contabilizados.
Desde el Colegio Oficial de Psicología de Castilla y León (Copcyl), su vicedecano, Vicente Martín, explica este incremento de la violencia en las calles por la falta de consecuencias que tienen determinados actos y recalca que “si no hay consecuencias es muy difícil manejar las conductas humanas”.
Martín argumenta que en la escuela, en la universidad y en el ámbito laboral no hay los suficientes controles como para mantener “conductas adecuadas”, lo que provoca que las personas no aprendan gestión emocional. “Si en la escuela no hay consecuencias a determinadas conductas y si a los niños no se les enseña a regular las emociones, en favor de una educación permisiva y en contra de los castigos, se acostumbran a manifestarse de forma descontrolada”. En este sentido, remarca que no se puede pretender que se extingan determinadas conductas sin que existan consecuencias negativas.

Además explica que detrás de este aumento se encuentra el aprendizaje vicario, proceso mediante el cual una persona adquiere comportamientos, valores o actitudes al observar las acciones de otra e imitarle, y en el que tiene un enorme pesos las redes sociales, donde continuamente se puede ver peleas, agresiones o conductas antisociales, pero donde no se muestran sus consecuencias. “Si nos enseñaran que la persona que agrede otra acaba en la cárcel, con una gran multa o con una orden de alejamiento, seguro que intentaríamos evitar ese tipo de comportamientos”, afirmó.
Martín lamenta también la falta de regulación emocional que antes se aprendía en la escuela, de métodos coercitivos por parte de la policía, “hasta el punto que una parte de la sociedad se confunde y piensa que castiga a ciertos ciudadanos” y la ausencia de argumentos de autoridad.
En este sentido, critica la falta de autoridad que existe en la actualidad por parte de profesores, padres, policías y, prácticamente, por los jueces. “No hay censura ni control y el problema es que determinadas conductas violentas se incrementan por la falta de regulación emocional, de expectativas de empleo, o por la frustración que ahora existe entre los jóvenes. No existen valores de control como pueden ser la honestidad o la responsabilidad y tampoco religiosos. Ante su falta, la intolerancia a la frustración, más las drogas, más la falta de expectativas y, sobre todo, la falta de regulación emocional, hace que la gente se dispare y busque un desahogo a través de la violencia”.
Polarización
Por su parte, el secretario autonómico del Sindicato Unificado de Policía (SUP), José Robles, apunta que detrás de este incremento de la violencia no hay una única causa, a la vez que advierte que la actual polarización de la vida política acaba por trasladarse a la sociedad y se convierte en un elemento que hace aflorar la agresividad.
Robles también asegura a la proliferación de bandas juveniles violentas, “contra las que la Policía Nacional está realizando una importante labor preventiva en las ciudades de Castilla y León”. En este sentido, indica que gracias a las unidades de información se viene realizando un seguimiento cercano, y apunta que en ningún caso alcanzan la estructura que bandas como los Trinitarios o los Dominican Don’t Play tienen en las grandes ciudades.
Jupol
En términos similares se pronuncia desde sindicato Jupol en Castilla y León su secretario regional, Víctor Manuel González, que además de apuntar que la mayoría de peleas se producen en zonas de ocio nocturno, remarca que a la falta de un castigo penal se suma la proliferación de bandas juveniles violentas de carácter latino, y a los incidentes que se producen en zonas rurales con temporeros, en su mayor parte procedentes de Marruecos, donde el consumo del alcohol se convierte en el principal detonante.
Además, González resalta que de forma paralela a este incremento de peleas, también se está registrando un incremento de delitos por desobediencia o resistencia a la autoridad, así como infracciones por faltas de respeto a los agentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.









