Con P de Palencia, por Marta Sastre Barrionuevo: Periodista/Piloto

Un amigo mío del que he aprendido muchas cosas de la vida me pidió que hablara de Palencia.

Tengo que confesar que lo primero que me vino a la cabeza fue mi eterno complejo de no pertenencia a ningún lugar del mundo. Hace no demasiados años un sesudo Pío Baroja ya anticipó que el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando y aunque por desgracia no es del todo cierto, sí que tengo que reconocer que te ayuda a ver las cosas en perspectiva.

Cuando era pequeña siempre anhelé recorrer el mundo, pero yo fui una niña con pueblo. Es decir, mis padres provenían de un pueblecito de Palencia y todos los veranos los pasábamos allí.

Me acuerdo que cuando volvíamos al colegio siempre nos preguntaban lo mismo. ¿Dónde habéis pasado el verano niños? En Benidorm decía uno, en Denia decía otro, y yo, un año tras otro, tenía que reconocer a regañadientes que había estado en mi pueblo de Palencia. En realidad no lo decía, lo barruntaba, con la esperanza de que a pesar de no haberme entendido continuaran con el siguiente alumno, pero la pregunta siempre era la misma. ¿Valencia con V? No, en Palencia con P. ¿Con V? Noooooo con P, y siempre me quedaba con la impresión de que todos me observaban y se reían porque Palencia no tenía playa, ni sombrillas, ni guiris quemados como cangrejos.

Han tenido que pasar muchos años para darme cuenta de mi enorme suerte de tener un pueblo en Palencia. Pueblo y Palencia, ambos con P como pride, orgullo en inglés porque si hay algo que siento por mis dos Pes es orgullo.

Mi marido, que ironías de la vida la vida es uno de esos guiris que se perdían por Benidorm con la piel de color rosa y los ojos azules, es otro enamorado de Palencia y se pasa el día invitando a todos sus amigos. Dice que Palencia y León, en concreto Riaño, son la Suiza Española y La Olmeda la ha visitado ya mas de cinco veces. La comida, las terrazas, nuestra gente y nuestras costumbres le hacen volver cada año.

Al final, he de reconocer que cumplí mi sueño infantil y sí me he pasado la vida viajando. Viajé tanto que me cansé y es verdad eso de que cuidado con lo que sueñas que se puede cumplir porque llevo tantos años viviendo fuera de España que mis hijos hablan nuestra rica y hermosa lengua con acento inglés. Me cansé tanto de viajar que cada día que paso en mi pueblo palentino me sabe a gloria, que cada noche estrellada me da la vida, que cada loca reunión familiar me llena de felicidad y que cada iglesia románica que visitamos me llena la memoria de postales inolvidables. Sí, lo reconozco me he vuelto una fan incondicional de Palencia y lo que representa y cuando pronuncio Palencia con P ya no lo susurro, si no que lo reivindico. Palencia con P, ¿con qué si no?

Hasta siempre palentinos, os llevo siempre en mi corazón y gracias por leerme, que eso ya no se estila mucho.

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