«El sueño de la razón produce monstruos», escribió Goya en su famoso grabado de la serie Los Caprichos. Después de hablar un rato con Javi Revilla ante uno de sus murales, y con un pequeño tattoo suyo en el antebrazo (el único, chica buena), una se queda pensando: «benditos monstruos». Monstruos que invaden el cuerpo o toman la ciudad colonizando sus paredes. Monstruos capaces de sacudir la cultura adormecida de las miradas estrechas. Que, como Godzilla, pisan con atronadora fuerza.

Javi Revilla se dedicaba a otra cosa, da igual cuál. Un trabajo de adultos como otro cualquiera. Pero él quería ser niño. «Como dibujante tengo mucha inquietud. Cuando pintas, salen todos los monstruos. Es como jugar, porque tienes un mundo de recreo y todos los colores del mundo para ello».

Tímido bajo su mascarilla y tras su extraño delantal, confeccionado con vaqueros viejos, se nota que se expresa mejor con el spray o la aguja de tatuar que soltando un discurso ante una grabadora, a la puerta de su estudio El Chorro Arts, en la calle Alfonso VIII de Palencia.

Y es que Javi se comunica en otro código. Basta con mirar al frente para comprobarlo: allí donde había una sucia pared, ahora luce un graffiti que hace girar la cabeza a todo el que pasa. Su lenguaje llega de una manera directa y se traduce según el prisma del receptor. «¡A veces me muerdo la lengua!», exclama, cuando comenta que ante un mismo personaje de un graffiti, uno puede ver a un hombre simpático y otro dice que es un vicioso. Pero lo cierto es que la mayoría de la gente acoge su discurso visual con cariño. Gracias a ello, en los cuatro años del estudio El Chorro Arts ha conseguido logros que otras empresas apenas alcanzan a soñar en décadas de trayectoria.

En primer lugar, y lo más importante, el respaldo de sus clientes, con 150 reseñas de cinco estrellas en Google. «Intentamos ser agradables en cuanto al trato, curramos muchísimo para conseguir lo que la gente busca, tanto para su piel como para los murales que nos encargan», apunta. Murales que, por cierto, ya lucen en muchos espacios de Palencia y la provincia.

Pero también han logrado el reconocimiento de la Administración Pública (han sido acreditados como Centro de Formación Homologada Higiénico Sanitaria por la Junta de Castilla y León), El Chorro Arts estuvo en la I Convención Internacional de Tatuajes de Jerez en calidad de miembro invitado del #BalmProteam (una marca de crema para tatuajes que patrocinadora eventos), quedando Semifinalista en la categoría de Realismo, y ha participado en numerosos eventos tanto de tatuaje como de arte mural por todo el país con excelentes críticas. «El reconocimiento de la profesionalidad es un premiazo», admite.

Alba, ex ingeniera agrícola renacida en tatuadora y emprendedora de brutal energía, escucha nuestra conversación desde su discreto segundo plano. Suele hablar ella (deprisa, segura de sus palabras y siempre con los deberes hechos), pero hoy prefiere cederle la palabra. Alba es la segunda cabeza de la Hidra. Ella es la que contesta el teléfono, gestiona las citas, tatúa, pinta, tramita las facturas, lanza campañas en redes, tramita el papeleo con la Junta o, en resumidas cuentas, conecta la fantasía con el mundo terrenal. «Es una curranta», la define orgulloso Javi. «Si hay algo nuevo que no sabe hacer, lo aprende y lo saca. Ella es lo que le haría falta a cualquier creativo»

Palencia Infame

El Chorro Arts también ha dejado su huella aquí, en la capital. Al poco de fundar su estudio, Javi y Alba comenzaron a tejer redes entre todos los artistas urbanos que se acercaban a comprar pintura o material. «Personas que hacían cosas parecidas pero que no se conocían». De ahí surgió el Festival Palencia Infame, que unió a todas las disciplinas artísticas «infames» para reivindicar precisamente que no lo son. «El tatuaje no es un objeto que te llevas de una tienda: eres tú el que entras y eres tú, después del tatuaje, el que se va. Es decir, es un ritual en el que se produce un cambio en ti. Y con la pared ocurre lo mismo: no es un material que almacenes y vendas, sino una forma de expresión que va directa a la gente».

«Cuando pintas salen todos los monstruos. Es como jugar, un mundo de recreo»

De pronto, instituciones y vecinos no solo cedían sus muros, sino que incluso les llamaban y realizaban encargos. Siguieron los eventos, aquí y allá, incluso las manifestaciones de arte solidario como aquella subasta con la que contribuyeron a luchar contra la COVID en la primavera pasada.

Y poco a poco cambiaron el chip de la ciudad hacia el arte urbano, un monstruo que descubrió su corazón puro. Y así, comenzaron a lograr ese deseo que lanza Javi para el mundo al final de nuestra conversación: «Respeto y comprensión».

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