El periodista palentino JuanPa Ausín saca a la luz veinte años de garabatos y los convierte en su primer libro

El escritor publica 'Prosesía', una obra que mezcla poemas, prosas y reflexiones acumuladas desde 2003, y que él define como su carta de presentación literaria al mundo
JuanPa Ausín sosteniendo su libro Prosesía en una librería

Jesús García-Prieto / ICAL

Hay libros que se escriben en meses, en en años y hay libros que se escriben despacio, en los márgenes de los días, sobre papeles de cartera, en libretas a medio llenar, incluso sobre la marca de agua del billete de mil pesetas que lucía el rostro de Moctezuma. Prosesía, el primer libro de JuanPa Ausín, periodista, fotógrafo, animador cultural y una de las voces más activas de Palencia en las últimas dos décadas, pertenece a esa tercera categoría. Un libro que lleva en gestación desde 2003 y que acaba de nacer, por fin, con la forma que siempre buscó sin saber que la estaba buscando.

«El primer texto que tengo en este libro es de 2003, diría yo, 2004», confiesa Ausín a la Agencia Ical. Lo sabe con precisión porque ese texto nació al calor de un acontecimiento concreto y palentino: la inauguración de La Balastera, el estadio de fútbol de la ciudad, y el adiós a la vieja. Ausín era entonces un miembro activo del Frente Vacceo, la peña del extinto Palencia CF, y vivió ese cambio con la intensidad de quien sabe que algo se acaba. “Todo lo que pudo ser aquí, todo lo que pudimos haber hecho, y al final aquel Palencia ya no existe, y aquella afición inmensa que íbamos partido tras partido pues ya nos hemos diluido bastante”. Un estadio como punto de partida literario. No era la historia que él imaginaba para sí mismo, pero era la suya.

Durante los 20 años siguientes, Ausín fue acumulando textos del mismo modo en que se acumula la vida: sin orden previsto, sin agenda ni propósito editorial, simplemente dejando que las palabras encontraran el papel más cercano. Había cosas en una libreta, en otra libreta, en un cuaderno, en tres papeles guardados en la cartera «por si acaso», en otro que apareció un día debajo de un armario. Un archivo disperso y humano que en algún momento tuvo que dar el salto hacia algo más concreto, más ordenado, más definitivo.

El detonante, o más bien los detonantes, porque Ausín insiste en que fueron varios, vino de fuera y de cerca al mismo tiempo. El empuje más constante llegó de Naide Nóbrega, su pareja y cómplice profesional en el programa de radio Viva Palencia Viva. «Siempre me estaba pinchando con que, con todas las cosas que escribes, ¿por qué no publicas ya algo?» Años de «más adelante, más adelante» que un día, sin estrépito particular, dieron paso a un «pues mira, a lo mejor sí». A ese empuje doméstico se sumó una conversación con el poeta Sergio García Zamora, conocido como «el poeta paredeño, nacido en Cuba», quien leyó algunas de sus piezas y le animó a seguir. La combinación resultó suficiente. Hacía un año y medio de todo aquello cuando nos sentamos a charlar.

El título del libro no surgió de una sesión de lluvia de ideas sino de la lógica más directa posible. Ausín tenía textos que eran claramente poemas. Tenía textos que eran claramente prosa. Tenía textos que eran las dos cosas a la vez, o ninguna del todo. “Digo, ¿y cómo lo puedo llamar? Tengo prosa, tengo poesía, tengo prosesía”. Así, espontáneamente, nació la palabra que da título a la obra y que resume también su filosofía, la negativa a dejarse encerrar en un género cuando el impulso creativo no reconoce fronteras. «Yo me dejaba llevar totalmente», explica. “Había cosas que escribía los renglones todos rectos, pero digo, esto tiene ritmo, ¿y si este renglón lo parto por la mitad? Anda, pues queda bien”.

La estructura interna del libro responde a una metáfora arquitectónica que Ausín desarrolló una vez que tuvo claro el material con el que trabajaba. Las columnas, en la arquitectura clásica griega, son las que dan nombre a los estilos literarios, de ahí viene, precisamente, la palabra “estilo”. Durante siglos, la poesía fue el soporte visible de la literatura, la columna que todo el mundo veía, mientras la prosa cargaba el peso real del edificio. «¿Por qué al final lo que llama más la atención de la literatura es la poesía, si lo que soporta todo el peso es la prosa?» De esa reflexión surgió la imagen que vertebra el libro: columnas, paredes y alguna que otra piedra suelta. Esta última categoría no es un eufemismo para los textos fallidos, sino una declaración de honestidad creativa. “Es honestidad, pura y dura. He ido escribiendo según me surgían las cosas”.

El libro es, según sus propias palabras, una carta de presentación. Una panorámica de lo que ha sido y es como escritor, que incluye Palencia, con su fútbol, su paisaje, su historia, y Brasil, más concretamente Pernambuco, la tierra que fue su segunda casa durante años y que regresa una y otra vez a sus textos con la fuerza de lo que deja huella. «Me gusta ese paralelismo entre Palencia con P y Pernambuco con P, el río Carrión de aquí, el río Capibaribe de allá, y luego las absolutas diferencias que hay entre una tierra y otra». Dos geografías que forman al hombre y, por tanto, al escritor.

Ausín lleva años al otro lado del micrófono y de la libreta de notas. En ‘El Estante Combado’, el espacio literario que tiene dentro de Viva Palencia Viva, ha entrevistado a decenas de escritores. Ahora, por primera vez de forma sostenida, es él quien responde. “Afronto las cuestiones como hago afrontar a mis entrevistados las conversaciones que tenemos. Prefiero decir vamos a charlar”. Hay en esa respuesta algo más que humildad, hay coherencia. Quien ha construido su estilo periodístico desde la cercanía y la conversación no puede, de repente, volverse rígido cuando le tocan las preguntas a él.

La tensión entre periodismo y poesía es, sin embargo, real y la reconoce sin evasión. El periodismo le enseñó a constreñirse, a dar lo más importante primero, a matar a la paja. “Antes de ser periodista ya escribía y confieso que igual que a lo mejor me pasa hablando, escribiendo me podía enrollar como las persianas”, asegura. La disciplina de la pirámide invertida funcionó como un correctivo. No destruyó la voz poética, pero la afinó. Cuando la pregunta es si el periodista ha contaminado al poeta, Ausín se ríe y deja la pregunta en el aire con elegancia: “A lo mejor puede surgir de ahí una buena reflexión más para un nuevo texto”.

Porque habrá nuevos textos. Ausín lo anuncia con la naturalidad de quien ya tiene los libros casi escritos en la cabeza antes de ponerse delante del teclado. El siguiente se llamará ‘Poeta en Pernambuco’ y reunirá los escritos de su etapa brasileña. Después llegará ‘El Cantar de la Mujer Palentina’, un poema épico-epopéyico en más de mil versos que nació de una idea sobre la batalla de los hombres palentinos contra el duque de Lancaster y al que «se le fue la mano» hasta convertirse en algo bastante más ambicioso. Y en algún lugar del horizonte, una novela ucrónica “histórico-tropical” que tiene que ver con Napoleón. «Hasta ahí podemos leer», dice, con la sonrisa de quien sabe exactamente lo que tiene entre manos.

No hay miedo en JuanPa Ausín cuando habla de exponer sus textos al juicio ajeno. Al contrario, pide sinceridad con una vehemencia que resulta, en sí misma, literaria. “No me des la enhorabuena si no lo has leído. Y cuando lo hayas leído, si no me tienes que dar la enhorabuena, te lo agradezco”. Es la misma actitud que, según confiesa, intenta aplicar cuando le toca a él opinar sobre el libro de un amigo. Hay algo refrescante en esa exigencia de honestidad que va a contracorriente de la cortesía automática con la que tantas veces se recibe la obra publicada de alguien cercano.

Al fin y al cabo, Ausín lleva toda su vida adulta leyendo, escribiendo, entrevistando, escuchando. Ha pasado por Palencia, por Melilla, por Pernambuco. Ha aprendido de Bécquer antes de pasar a Quevedo, de Esproceda antes de hacer su propio «puré» de todo ello. Presenta el programa Viva Palencia Viva con Naide Nóbrega en Radio Guardo, en Onda Judía de Frómista y en Radio Aguilar. Forma parte de la directiva del Ateneo. Ha escrito en su blog con esa voz irónica y muy personal que quien lo sigue reconoce de inmediato…

La primera página de Prosesía lleva una cita que Ausín atribuye a Oscar Wilde y que parece un manifiesto involuntario: “El verso es como la carne desnuda. No oculta nada, muestra la verdad y es eso precisamente lo que hace más apetecible su compraventa. El poeta vende su carne desnuda, su verdad, su vida. La expone para poder seguir viviendo de la poesía”. Ausín ha expuesto la suya. Ahora le toca al lector decidir qué hace con ella.

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