Isa, una buena amiga de Ana María Ortega, compara la educación con ese cohete solitario que se eleva alto, emitiendo un silbido suave, para después detenerse un instante y desaparecer en una sutil explosión. Y cuando el público piensa que ya está… Entonces se despliega una exuberante palmera incandescente, que lanza sus partículas de fuego por todo el cielo, deslumbrando, brillando con luz propia. El trabajo con cada alumno, de los casi 2.200 que han pasado por la Escuela de Música Ortega a lo largo de 40 años, ha sido preparar ese cohete. La música, en este caso, era la mecha. Y la constancia, la curiosidad y el respeto por el arte y la cultura, la mágica mezcla de pólvora que, algún día, convertirían a ese alumno o alumna en un ser de luz.
Algunos de esos chicos y chicas continuaron vinculados con la música, otros, simplemente, se convirtieron en espectadores ambiciosos, amantes de la buena cultura. Pero lo más importante es que, mirando atrás, Ana enumera una lista de personas que hoy son grandes profesionales en aquellas carreras que han escogido; recuerda a padres y madres entregados a una educación en esos mismos valores para sus hijos… Y, ante todo, habla de «buenas personas, que al fin y al cabo es lo más importante”. Hasta tres generaciones de palentinos y palentinas que valoran la cultura, que se comprometen con el esfuerzo y que buscan, sencillamente, ser mejores cada día.

La EMO celebra este mes un concierto muy especial, que podría definirse como el gran espectáculo pirotécnico en el que cientos de palmeras luminosas estallarán para celebrar la vida. En concreto, los 40 años de vida —intensa y apasionada vida— de la Escuela de Música Ortega, en un final de curso que supone también la clausura de sus clases regulares, debido a la jubilación de Ana María Ortega. Pero esta fiesta es también una declaración de intenciones, para todos aquellos alumnos que se hayan podido sentir un poco huérfanos ante la noticia de la jubilación: el proyecto musical, educativo y cultural no acaba aquí. Tan solo es un cambio de ciclo.
Una etapa ante la que Ana está tan entusiasmada como siempre lo ha estado ante el inicio de cada curso. “Acabo de comprarme un nuevo órgano Yamaha. Ha sido un proceso complicado y le ha costado mucho llegar desde Asia por el cierre de Ormuz… ¡Pero ya está en Palencia, dispuesto a sonar!”, explica Ana. Planea un viaje a Japón el próximo año para volver cargada de novedades, ideas y partituras nuevas. Y quiere organizar su archivo de partituras y registraciones (es decir, la configuración de sonidos y ritmos que acompaña a cada partitura en los órganos Yamaha Stagea, por los que siempre ha apostado esta escuela) para ponerlos a disposición de todos los intérpretes que quieran continuar tocando y aprendiendo. Y, mientras planifica nuevas exposiciones y proyectos en torno a su colección de libros desplegables junto a su marido, Álvaro Gutiérrez Baños, su lista de ideas se va llenando para esa próxima fase del proyecto musical de la Saga Ortega.
Y es que la celebración de esos 40 años de “EMO”, en realidad, no es otra cosa que el homenaje a una saga que comenzó mucho tiempo atrás. “No estamos hablando de mi trayectoria como profesora de música, ni siquiera de la Escuela… Sino de todo un recorrido de una familia que ha hecho muchas cosas en torno a la música. Cada uno las suyas”. Recuerda especialmente a su abuelo y a su padre Eduardo, su pasión por la música, la tienda de instrumentos en la Calle Mayor, o la visión compartida de que la pedagogía musical Yamaha, de origen japonés, era una buena idea para traer Palencia, lo que fue el germen de la “EMO”.
Menciona a Marta, su hermana y profesora de la Escuela… Y tantos y tantos momentos y miembros de la familia que, de un modo u otro, han sido protectores del arte, la cultura y la música. “En ese recorrido, de toda una familia dedicada a la música, a mí me tocó esta parte: una escuela Yamaha… ¡Ahora, lo que toca es celebrarlo! Rendir homenaje a todas las personas que lo hicieron posible y que me han apoyado en estos 40 años”. Alumnos y familias. Pero también otros aliados necesarios en este gran viaje, empresas, entidades y personas que formaron parte de una idea viva y colectiva. Un viaje marcado por hitos como el Club Musical y todas las actividades de promoción del arte que ha vivido la EMO (uno de sus legados más importantes), los viajes a Madrid para disfrutar de los mejores musicales, los “Callejeros Musiqueros” y las actuaciones solidarias, los arreglos de percusión junto al pedagogo musical Antonio Domingo, los conciertos en el Teatro Ortega y el Teatro Principal, el Museo de Palencia o el restaurante Ponte Vecchio… “¿Qué vamos a hacer en este concierto? Vamos a ponernos ante el público y vamos a dar las gracias. Gracias por seguirnos y estar siempre a nuestro lado”.
Concierto especial:
Un concierto que lleva por título “40 años con la mejor música” y que tendrá lugar en el Teatro Ortega el próximo sábado 13 de junio a las 20:00 horas, en el que actuarán solistas como Pablo Bernardo, Beatriz Gallinas, Marina García, Guillermo García, Jaime González, César Hermoso, Carla Ibáñez, Ana Mendiguchía, Javier Merino, Claudia Pérez y Clara del Río, junto a dos invitados especiales: Julio Herrero Mesiert y el maestro Aldo Gerardo Delgadillo Álvarez, reputado organista de México, que interpretará un arreglo creado para la ocasión de la zarzuela “La boda de Luis Alonso”, de Gerónimo Giménez.
El repertorio es una selección de piezas que han formado parte de la historia de la EMO: desde algunas de las mejores bandas sonoras del cine hasta éxitos de Michael Jackson, arreglos de obras clásicas y, por supuesto, canciones de los grandes musicales de Broadway.

Y en esta gran colección de pirotecnia musical, la traca final se vivirá con los números de percusión que la EMO prepara para esta velada, especialmente el “Medley” de temas de Disney en la que participará toda la Escuela, desde los alumnos más pequeñitos hasta los adultos.Música y percusión para ese gran fuego artificial con el que se cierra una etapa y se augura el inicio de otra… Y en la que toda una provincia celebrará el legado indiscutible que la EMO y la familia Ortega han dejado para la cultura y la música de nuestra tierra.





