Vuelve a hablarse del agua en la histórica cripta de San Antolín, el corazón subterráneo de la Catedral de Palencia. Y no precisamente de ese agua bendita que se beberá, como manda la tradición, el próximo 2 de septiembre, festejando el día del patrono. Sino de las inundaciones que, recurrentemente, ponen en riesgo uno de los elementos más icónicos del patrimonio palentino y de la Catedral.
Un reciente episodio de inundación ha vuelto a encender las alarmas sobre la preservación de este espacio milenario, confirmando que el subsuelo palentino sigue dictando sus propias normas hídricas frente al patrimonio.
Según ha detallado Antonio Casas, concejal de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Palencia, la respuesta municipal y la de la Diócesis ha sido inmediata desde que el delegado diocesano de patrimonio, José Luis Calvo, alertó del problema al Ayuntamiento de Palencia. Casas ha detallado en el Pleno de este jueves que, tras la intervención de los técnicos del servicio de aguas y la realización de diversos análisis químicos, se ha descartado categóricamente que la anegación provenga de la rotura de una tubería o de un colector urbano. El veredicto técnico es claro: el agua es de origen freático.
«El nivel de agua de la cripta es el mismo que hay en el pozo», ha explicado el edil, revelando que son las propias aguas subterráneas naturales las que inundan la estancia. Ante la persistencia de estas filtraciones, y sabiendo que hasta ahora los bomberos han tenido que intervenir de forma puntual para achicar el agua, el Ayuntamiento baraja como solución más viable la instalación de una bomba de extracción. Casas ha querido destacar la «comunicación fluida» que mantiene el Equipo de Gobierno con el Cabildo y la Diócesis para atajar conjuntamente este revés.
Un problema heredado que investigó la Universidad de Salamanca
Este nuevo anegamiento no es un fenómeno aislado, sino el agravamiento de un problema de humedad por capilaridad que de unos años a esta parte trae de cabeza a las administraciones. La situación ha afectado los muros del templo e incluso ha obligado a interrumpir la tradicional ingesta del agua del pozo durante la festividad de San Antolín, por la inseguridad sobre su origen.
Para comprender la magnitud de este «río» subterráneo, la Junta de Castilla y León contrató recientemente a la Universidad de Salamanca por un importe de 18.110 euros. La misión de estos investigadores era realizar un estudio exhaustivo del subsuelo para conocer las propiedades geológicas e hidrológicas que provocan estas filtraciones.
Por su parte, el delegado diocesano de Patrimonio, José Luis Calvo, ya había constatado en el pasado, mediante análisis químicos, que el líquido carecía de cloro o residuos, certificando su origen natural. Ya entonces, Calvo aseguraba que la humedad «afecta solo a la cripta y no a los cimientos del resto del templo». Aunque los expertos de Salamanca tendrán la última palabra técnica, el delegado ha sugerido la teoría personal de que la construcción de recientes edificios con garajes subterráneos en los alrededores de la Catedral podría haber modificado el curso de las corrientes de agua subterráneas.
El tesoro a proteger: 14 siglos de historia bajo tierra
El espacio que hoy sufre la invasión de ese río subterráneo, indiscutiblemente, la joya primigenia de la historia palentina. La cripta de San Antolín es un importante vestigio arquitectónico que nos aproxima a la época visigoda en la zona y es el resultado de la fusión de dos ámbitos: un martyrium original de la segunda mitad del siglo VII y su ampliación occidental del siglo XI.
La estancia más antigua, de dimensiones angostas y cubierta abovedada, alberga una espectacular triple arquería de herradura sostenida por columnas y capiteles romanos reaprovechados. Su valiosa decoración encuentra paralelismos en yacimientos de Toledo, Mérida y Córdoba. Según cuenta la leyenda, este santuario fue redescubierto milagrosamente por el rey navarro Sancho III mientras cazaba un jabalí, al paralizarse su brazo por obra de San Antolín, un santo sirio del siglo IV cuyas reliquias habían sido trasladadas a Palencia por el rey godo Wamba.
Curiosamente, la relación de este enclave con las aguas subterráneas y el río Carrión no es nueva. Las excavaciones arqueológicas realizadas en los aledaños de la seo han demostrado que este mismo terreno, que alberga los orígenes romanos de la ciudad (fundada tras el 72 d.C.), ya fue escenario de una importante inundación en el siglo II d.C.. Hoy, casi dos milenios después, la historia, el agua y la piedra vuelven a encontrarse en el subsuelo de la Catedral.





