PREMIOS DEL DEPORTE. RONALDO Y LAPORTAMADRID 30.9.04FOTO:JUAN LAZARO
PREMIOS DEL DEPORTE. RONALDO Y LAPORTA MADRID 30.9.04. JUAN LAZARO / ICAL

DOBLE O NADA – OPINIÓN

Había un programa en la televisión autonómica catalana, la TV3, que se llamaba ¿APM?, la abreviatura de ¿Alguna Pregunta Mes? Sé que no somos nativos, pero, aun así, es fácil de traducir. Sacaban muchos cortes de audio y secuencias graciosas de rabiosa actualidad. Era muy recurrente que utilizasen una de las tantas gloriosas frases que dejó el presidente del FC Barcelona, Joan Laporta, en su anterior etapa al frente del club blaugrana (aunque en esta nueva, no se queda a la zaga). Decía algo así como: “A mí la que me gusta declinar es la palabra humildad”.

Al margen del cachondeo general, conociendo al personaje, siempre me ha parecido una frase muy certera, porque, seamos honestos, la mayoría de la gente no somos humildes. Lo somos, porque no nos queda más remedio para la buena marcha y el normal desarrollo de nuestras vidas. Pero, en más de una ocasión, nos encantaría tirar de raza y pasar olímpicamente de todo.

Lamento utilizar esta palestra para contar mi vida, pero, al final, uno escribe, principalmente, de lo que vive en el día a día. Yo he tenido recientemente un desengaño profesional, por llamarlo de alguna manera. Y esto es algo normal; quien no lo ha sufrido es porque, seguramente, no ha vivido mucho. Y ojalá que esto fuese un mundo de luz y color, pero no, venimos al mundo a sufrir, principalmente. Y es algo que debemos asumir con naturalidad, que las cicatrices del alma son tan corrientes como las que nos hacemos en las rodillas por culpa de una dura caída con la bicicleta.

Sin embargo, quisiera también compartir una importante reflexión. Los cambios siempre son duros, no importa del tipo que sean. Y es imposible que sepamos lo que nos vamos a encontrar al otro lado de esa decisión que tomamos.

Yo creía que dejando este periódico iba a encontrar una felicidad que, sin saberlo, ya tenía. A la vista está que me equivoqué. Por eso yo les diría que, como aprendizaje vital, del lugar en el que se está bien, es mejor no marcharse. Por lo que pueda pasar. Lo pueden aplicar a lo laboral o lo personal.

Si escribo estas líneas no lo hago por resentimiento, sino por alivio personal. Como tengo muy mala memoria, no puedo ser rencoroso. Es una suerte. Pero me da rabia. Porque si hace poco volvía a contar mi vida y explicaba en este mi Palencia En La Red (cuyos números suben como la espuma y no deja de crecer) que me iba a dedicar a hablar bien de una de nuestras empresas palentina más conocidas, lo que me he encontrado es todo lo contrario. Para llorar. No he podido hacer más y por eso me he ido. Y créanme que me duele mucho, porque luego nos quejamos de que no prosperamos, de que nuestras empresas no están al nivel que merecen. Y yo pienso, las empresas valen lo que valen sus dirigentes. Pero no me tiren más de la lengua, por favor.

Por todo ello, con la mayor humildad que puedo atesorar en mi interior, regreso al lugar donde fui feliz, contrariando a Sabina, que es otro que va a su bola y se piensa que todo el monte es orégano. Gracias por la acogida, el cariño y el apoyo. Y perdón.

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