Durante este mes de julio, agentes de la Policía Nacional han logrado aclarar dos delitos de hurto perpetrados bajo la modalidad conocida como «hurto cariñoso», un procedimiento en el que las presuntas autoras se valen del vínculo afectivo improvisado con la víctima para apoderarse de alhajas mediante el roce físico, logrando que el robo pase inadvertido.
El trabajo de los investigadores ha hecho posible esclarecer ambos sucesos y dar con la identidad de las mujeres señaladas como autoras, permaneciendo abierta la fase instructora del caso.
Según las pesquisas, las implicadas solían fijarse en individuos de la tercera edad, a quienes abordaban con disculpas o conversaciones triviales. Tras crear un ambiente de aparente familiaridad, esperaban el instante de un contacto próximo para despojarlas de las joyas que lucían al cuello.
En el primer incidente desvelado, una de las mujeres dio el alto a una anciana que iba sola por la calle, con una cadena y una medalla de oro a la vista. Simulando conocerla, entabló diálogo. En el instante del adiós, la estrechó entre sus brazos y, sirviéndose del roce, usó un pequeño instrumento cortante –similar a un alicate o cortaúñas– que llevaba oculto en la mano, con el que seccionó la gargantilla y se hizo con la pieza, para luego desaparecer con celeridad.
En el segundo caso aclarado, la supuesta autora procedió de modo parecido con un hombre de elevada edad, al que interceptó en la vía pública pidiéndole ayuda por un supuesto asunto de arrendamiento. Durante la charla, consiguió que la acompañara hasta la entrada de un edificio. Allí, mediante insinuaciones y gestos afectuosos, propició un acercamiento físico que le permitió distraerlo. En ese momento, de nuevo con una herramienta minúscula de corte –como unas tenazas o un cortaúñas–, cortó la cadena que él llevaba y se marchó rauda, sin que el afectado notara la sustracción en ese instante.
En ambos casos, las sospechosas se dirigieron a personas de avanzada edad, sacando partido de su mayor vulnerabilidad, de la confianza creada y del efecto sorpresa. El uso de esas pequeñas herramientas de corte les proporcionaba precisión y celeridad, evitando el tirón propio de otros robos y complicando que el damnificado percibiera el momento del hurto.
Estos ilícitos suelen tener lugar en espacios que posibilitan un acercamiento natural y una fuga ágil como calles con poca afluencia, zonas residenciales, accesos a portales, centros de salud, supermercados, oficinas bancarias, mercadillos y otras áreas comerciales, preferiblemente en horario matutino o vespertino, cuando las personas mayores efectúan sus desplazamientos habituales.
La Policía Nacional subraya que los ancianos o personas en situación de vulnerabilidad son uno de los grupos con mayor exposición a este género de delitos, por lo que recomienda:
- No llevar a la vista cadenas, medallas u otras joyas de valor.
- Desconfiar de extraños que busquen establecer una conversación con excesiva cercanía o que manifiesten afecto sin motivo (abrazos, besos, caricias).
- Conservar la distancia de seguridad y rechazar todo contacto físico no justificado con desconocidos.
- No acceder a acompañar a personas no conocidas hasta portales o sitios apartados, ni consentir que invadan el ámbito personal.
- Ante la sospecha de haber sufrido un robo de estas características, llamar sin demora al 091 y aportar el mayor número de detalles posible: rasgos físicos de los autores, rumbo de huida, vehículo empleado, etc.
Por último, desde la Policía Nacional se insiste en la trascendencia de notificar cuanto antes cualquier incidente semejante, ya que la inmediatez en la denuncia y la ayuda ciudadana resultan decisivas para resolver los casos y prevenir que surjan nuevas víctimas.


