Acababa de terminar una de las carreras más difíciles que recuerda. La larga distancia del Campeonato de Europa de orientación, disputado en Eslovenia, no había salido como esperaba y necesitaba unos minutos solo para respirar. Entonces miró el móvil. Allí estaba la noticia de que había ganado el Premio Extraordinario de Bachillerato de Castilla y León.
Mateo Puertas cerraba en Eslovenia un curso especialmente exigente. Ha tenido que compaginar el Bachillerato Internacional con el ordinario, la PAU y el deporte al máximo nivel. Un año en el que, a veces, por más que uno se esfuerce, las cosas no terminan de salir. A sus 18 años, el palentino lleva tiempo acostumbrado a competir entre los mejores. Arrancó la temporada con un tercer puesto en el Portugal O’Meeting, se proclamó campeón de España de sprint en categoría M-18 en Málaga y venía de firmar años atrás buenas actuaciones en los Europeos de Polonia y República Checa. Por eso, el campeonato de Eslovenia le dejó un sabor muy distinto. «Esta vez me ha tocado ver la otra cara del deporte», resume.
No en vano, el Europeo llegaba, además, en un momento delicado. Después de un Campeonato de España de trail que no salió como esperaba, descubrió que arrastraba una anemia. A partir de ahí tocó recuperar fuerzas, reajustar los entrenamientos e intentar llegar en las mejores condiciones posibles a la cita continental, mientras apuraba el final del curso y la PAU. «Desde marzo ha sido un poco intentar levantarme de tortas», explica. «La preparación no ha sido la mejor, pero tampoco era culpa mía. Son cosas que pasan. No puedes estar siempre al cien por cien», afirma.
Todo eso acabó pasándole factura en Eslovenia. En la prueba sprint terminó 40º, un resultado discreto para sus aspiraciones, aunque fue la carrera en la que consiguió encontrarse algo mejor. La larga distancia fue otra historia. Acabó 71º, lejos de los puestos por los que esperaba pelear. «Fui incapaz de concentrarme durante toda la carrera. Los fallos fueron llegando uno detrás de otro», recuerda.
Ese resultado también le dejó fuera del relevo oficial de la selección española. Después de ser el segundo español en sprint, pero el cuarto en la prueba de bosque, terminó compitiendo en un relevo mixto junto a un lituano y un estonio, con los que finalizó quinto.
El premio académico llegó apenas unos minutos después de terminar recorrido. Una alegría que, reconoce, necesitaba, aunque no fue suficiente para borrar el disgusto que le había dejado la competición. «Estaba contento por el premio, pero también pensando que todas las horas que había echado trabajando, entrenando y descansando habían sido un poco en vano».
Fuera del deporte, sin embargo, el balance del curso ha sido sobresaliente. Al Premio Extraordinario de Bachillerato se suma una nota de 13,411 en la PAU y el cierre de una etapa especialmente exigente en el IES Jorge Manrique, donde ha cursado de forma simultánea el Bachillerato ordinario y el Internacional. En septiembre comenzará el grado de Física en Valladolid, una nueva etapa que intentará compatibilizar con la orientación.
Aunque reconoce la importancia de los estudios, tiene claro dónde disfruta realmente. «Los estudios hay que sacarlos adelante, pero el deporte me da algo que no me da lo académico. Ahí disfrutas, te sientes bien contigo mismo, conoces sitios y vives otras experiencias».
Ahora ya piensa en el Mundial júnior del próximo año, que se disputará en Polonia. Allí espera quitarse la espina que le ha dejado este Europeo y volver a pelear por los puestos de cabeza. Porque, aunque este año le haya tocado «ver la otra cara del deporte», tiene claro que también forma parte del camino y que el trabajo realizado terminará dando sus frutos.





