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Nadia Bilbao, joven artista: «No sé si voy por el buen camino, pero es un camino muy bonito»

La ilustradora y muralista palentina, Nadia Bilbao, ha convertido la pasión que descubrió de niña en una profesión. Ahora afronta el reto de abrirse camino viviendo exclusivamente de su trabajo artístico.
Nadia Bilbao, joven artista muralista sonriente frente a su obra
Nadia Bilbao, muralista de Palencia

Siempre quiso ser artista. Nadia Bilbao (25 años) recuerda perfectamente el momento en el que decidió qué quería ser de mayor. Lo curioso es que apenas tenía dos años. Mientras un pintor trabajaba en la casa a la que acababan de mudarse sus padres, ella se escondía detrás de una puerta para observar cómo daba color a las paredes. El hombre terminó por darse cuenta y le dejó un pequeño trozo sin pintar. Le prestó un rodillo y la invitó a probar. Aquella escena se quedó grabada para siempre: «Pinté el cuadradito y me pareció superdivertido. Dije: yo de mayor voy a ser pintora».

Más de veinte años después sigue con la misma ambición, aunque seguramente ni aquella niña ni sus padres imaginaban entonces que terminaría pintando murales, diseñando ilustraciones, estudiando arte digital o buscando encargos por toda la provincia. Lo que sí tenía claro desde pequeña era que el dibujo ocupaba un lugar especial en su vida. «Siempre ganaba los concursos de dibujo del colegio y todo el mundo me decía que era artista», comenta.

De hecho, durante años ella decía que sería pintora de casas para ganarse la vida y pintora de cuadros por afición. «Pensaba que pintar cuadros no daba dinero. Así que decía: voy a ser pintora de casas, pero los cuadros los seguiré haciendo porque me gustan», afirma. Con el tiempo aquella idea fue evolucionando. Sus padres la insistían en que buscara una forma de unir su creatividad con su futuro profesional. Desde entonces, Nadia ha perseguido precisamente eso, la manera de encontrar que alguien valore y pague por aquello que realmente le apasiona. Un apoyo que siempre ha tenido en casa y en su entorno.

Estudió en el San José, al que le guarda «muchísimo cariño», y fue una de esas alumnas que destacaban. Sacaba muy buenas notas y podría haber elegido caminos académicos muy distintos. Sin embargo, quienes la conocían de verdad sabían dónde estaba su verdadera motivación.

Nadia Bilbao posando frente a su mural de aves coloridas
Nadia Bilbao, ilustradora y muralista, presenta su obra en Palencia.

Cuando llegó el momento de decidir qué estudiar después de la ESO, una orientadora le recomendó el Bachillerato de Excelencia en Ciencias. Sus notas encajaban perfectamente en ese perfil. Pero uno de sus profesores, que llevaba años viéndola crecer, tenía otra opinión: «Los profesores que me conocían sabían que lo que realmente amaba era el arte».

Terminó cursando el Bachillerato Artístico y después estudió Ilustración en Valladolid. Más tarde llegarían otras formaciones relacionadas con el arte digital, el diseño en tres dimensiones para videojuegos y cine e incluso formación en tatuaje. «Yo dije, venga, es dibujar, dibujar en la piel, pero dibujar», señala. Toda una sucesión de hacerse preguntas y ver por qué camino tirar. «Terminaba una cosa y pensaba: vale, ¿y ahora qué hago?».

El mundo artístico rara vez ofrece certezas. Trabajando al mismo tiempo, pudo financiarse estudios de arte 3D, mientras se formaba en tatuaje también… «todo a la vez». En el arte las reglas funcionan de otra manera. «No importa tanto lo que hayas estudiado. Lo que importa es lo que haces».

En este sentido, Nadia tiene la sensación de que el arte exige una demostración continua. «Aquí no vale con tener un título. Tienes que estar enseñando constantemente lo que haces, moviéndote, hablando con gente, construyendo un portfolio. Siempre tienes que demostrar que vales».

Es una dinámica que, reconoce, puede resultar agotadora, pero que forma parte de esta profesión que tanto ama. Siempre ha trabajado, desde la adolescencia. Primero con pequeños encargos, retratos personalizados o ilustraciones para familiares y amigos. Después llegaron proyectos más serios.

TALENTO JOVEN

El punto de inflexión apareció durante la pandemia. En 2020 participó en un concurso de talento joven organizado por el Ayuntamiento de Villamuriel de Cerrato, su pueblo. Ganó en su categoría y aquello le abrió las puertas de un primer mural. Mientras trabajaba en él, apareció una de las personas más importantes en su trayectoria: Chisco, uno de los artistas urbanos más conocidos de la provincia. La vio pintar y le propuso colaborar con él.

Desde entonces comenzó una etapa de aprendizaje sobre el terreno, compartiendo proyectos y experiencias con algunos de los nombres más reconocibles del muralismo palentino.

«Me enseñaron cómo trabajar, cómo organizar los proyectos, cómo hablar con los clientes o qué materiales utilizar», señala. Además de Chisco, destaca la ayuda que ha recibido de otros artistas como Fumantxo o Dimitry. «Cada uno me ha enseñado cosas distintas. Estoy muy agradecida porque siempre han estado dispuestos a ayudar», destaca.

Aunque buena parte de su aprendizaje ha llegado desde Palencia, entre sus referencias artísticas menciona especialmente a Lidia Cao, una muralista española cuya obra sigue con atención siempre que tiene ocasión.

Mural colorido de Nadia Bilbao en Palencia con personajes animados
Mural realizado por la artista Nadia Bilbao

Aunque ha explorado disciplinas muy distintas, desde la ilustración digital hasta el modelado en 3D, los murales ocupan ahora buena parte de su tiempo. Quizá porque tienen algo que otras formas de arte no ofrecen.

Un mural pasa a formar parte de la vida cotidiana de un lugar. Precisamente sus obras suelen estar llenas de elementos naturales, animales, plantas o escenas del día a día.

Entre los trabajos que pueden encontrarse actualmente destacan intervenciones en Monkey Café, distintos murales en Villamuriel de Cerrato, Grijota, Cisneros o Dueñas, además de colaboraciones en colegios, estudios y espacios privados repartidos por la provincia.

Muchos de ellos pasan desapercibidos para quien no conoce la historia que hay detrás, pero forman parte de un mapa artístico que Nadia lleva construyendo desde hace seis años.

En el mural que ha realizado recientemente en la Fundación Díaz-Caneja, por ejemplo, los protagonistas son unos gorriones. La inspiración surgió mientras observaba cómo varias aves se bañaban en un pequeño charco junto a unos cerezos en flor. «Me pareció algo precioso. A veces no nos fijamos en esas cosas porque las tenemos delante todos los días», apunta.

¿Se puede vivir de ello?

Hay una pregunta que aparece una y otra vez cuando se habla con artistas jóvenes: si realmente es posible vivir de ello. «Es muy complicado», reconoce ya desde la experiencia. Después de años estudiando, trabajando y formándose, acaba de iniciar una nueva etapa como autónoma. Una decisión muy ilusionante pero que puede dar vértigo a partes iguales. Algunos días siente que todo avanza… y otros aparecen algunas dudas que pronto se disipan. «Hay momentos en los que te preguntas si vas hacia delante o hacia atrás», señala.

Nadia Bilbao posando frente a su mural de una chica leyendo
Nadia Bilbao, muralista palentina

La falta de horarios y la responsabilidad de depender únicamente de uno mismo forman parte de esa nueva realidad. Aun así, reconoce que cuando empieza a trabajar las dudas desaparecen. «Empiezo a hacer bocetos, a hablar con clientes, a mirar una pared y de repente pienso: qué bonito es esto», dice.

A esa incertidumbre se suma otro problema habitual del artista como es la falta de valoración que muchas veces recibe el trabajo creativo. Todavía hay quien ve un mural terminado y piensa únicamente en el resultado final, olvidando las horas de diseño, preparación, desplazamientos, materiales o ejecución que hay detrás.

«La gente muchas veces piensa que lo hacemos porque nos gusta y ya está. Claro que nos gusta, pero también es nuestro trabajo», explica. Pese a todo, Nadia transmite una sensación constante de confianza en lo que hace y en lo que quiere.

Tiene claro que quiere seguir pintando. Quiere viajar, conocer otros lugares, colaborar con nuevos artistas y enfrentarse a proyectos cada vez más ambiciosos. Le gustaría incluso llevar parte de Palencia con ella. Si algo tiene claro es que, vaya donde vaya, le gustaría seguir hablando de la tierra de la que procede.

Sueña con pintar grandes murales inspirados en la fauna, los paisajes y la identidad de Tierra de Campos. Obras capaces de convertirse en una imagen reconocible de una ciudad o de un pueblo: «De esos murales que alguien ve una vez y ya relaciona para siempre con ese lugar». También le gustaría salir fuera, pintar en otras ciudades e incluso en otros países, pero sin perder esa conexión con el territorio que la ha visto crecer.

Acaba de comenzar una etapa nueva. La de intentar vivir exclusivamente de su trabajo artístico. Durante los próximos dos años contará con la bonificación para nuevos autónomos.

Después llegará el momento de comprobar si la apuesta ha salido bien. Pero escuchándola hablar, resulta difícil creer que así será. «No tengo nada que perder. Voy para adelante», concluye.

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