Con el anterior artículo damos por finalizada la serie dedicada a la arquitectura de hierro, pero, a la vez, nos sirve para introducir otra nueva sobre puentes, que continuamos con el predecesor del puente de Hierro.

Y es que, antes del puente de Hierro, y en su misma ubicación, existió uno de Madera. La necesidad de cruzar el río en esa zona era una demanda de los propietarios de huertas, fincas y tierras de cultivo de la carretera de Villamuriel. Para poder acceder a sus tierras tenían que dar un rodeo por el Puente Mayor. Por ello la construcción de otro puente en la esquina de la antigua calle de Perezucos, donde se ubica el actual Puente de Hierro, era una necesidad sentida y demandada por la población.

Necesidad a la que, por vez primera, se trató de dar respuesta en 1871, cuando el Ayuntamiento solicitó que el “arquitecto levante un plano para hacer un puente de paso de personas desde las afueras del Mercado a las huertas cerca del titulado de Sandoval”. No eran buenos años para acometer proyectos y la propuesta quedó paralizada. En 1874, nuevamente, se encargó al arquitecto municipal, en ese momento Cándido Germán, que elaborase un nuevo plano. A las dos semanas lo presentó ante los concejales: “Este puente se compondrá de las vigas o cuchillos del sistema llamado americano que no es otra cosa que la imitación en la madera de las celosías de hierro para conseguir con una cantidad de material relativamente pequeña una gran resistencia a los esfuerzos exteriores…”. Su construcción se inició con inmediatez y se terminó el 4 de noviembre de 1874, abriéndose al paso de los ciudadanos de forma inmediata.

El puente contaba con puertas que se cerraban por la noche y que servían, como en otros puntos de acceso a la ciudad, para controlar los productos que entraban en el casco urbano y el cobro de impuestos.

Lo cierto es que su vida resultó efímera. La climatología y la humedad no eran buenos compañeros para un puente de madera. Y eso que el puente, según el proyecto, estaba hecho para durar: “…la solidez de todo el sistema es grande pues como demuestra los cálculos de resistencia… puede resistir… 50 toneladas métricas… Quizá se me tache de haber dado un tan grande exceso de resistencia pero he tenido en cuenta que por mucho que se atienda a la conservación de la madera siempre habrá de deteriorarse con la continua exposición a la intemperie y en este concepto me ha parecido conveniente aumentar un poso el gasto de primer establecimiento para conseguir una gran duración…”

Curioso

El puente de Madera requirió reparación apenas cinco años después de su inauguración. Los problemas persistieron y fue finalmente clausurado con solo ocho años de antigüedad.

Sus cálculos no resultaron muy acertados. En la primavera de 1880, apenas cinco años después de su inauguración, tuvo que ser reparado, pintado y reforzado con hierro. En 1882, la situación del puente se convirtió en peligrosa. El Ayuntamiento solicitó un informe a los ingenieros de obras públicos, quienes expusieron que “hay un desplazamiento del centro de gravedad de la sección transversal del centro, el cual va en aumento, por lo que la ruina no tardará en producirse, aconsejando se cierre para su reparación”. El arquitecto municipal presentó, a su vez, otro informe en el que dudaba “de la solidez del puente”.

Plano del puente de madera, realizado por Cándido German. Archivo Municipal de Palencia

El Ayuntamiento, con buen criterio, ordenó su cierre el 22 de febrero de 1882, prohibiéndose el paso de personas, animales y carros. Poco después se procedió a su desmonte, vendiendo sus maderas en pública subasta el 19 de septiembre de 1882. Elías Larrén pagó 820 pts. por toda la madera que lo componía comprometiéndose, además, a desmontar el puente.

La ciudad se vio, de nuevo, sin paso por este punto, y obligada a desplazarse hasta el puente Mayor para acceder a las huertas y tierras de cultivo.

Javier de la Cruz Macho es Doctor en Historia y profesor de Enseñanza Secundaria.

www.alcaldespalencia.es

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