
Con la edad nos damos más cuenta. En efecto, un centímetro basta para dar un traspié. En casa con cualquier alfombra o felpudo. En la calle con cualquier baldosa, tapa de registro o alcantarilla. Con la edad, y sin ella, tropezar es tan habitual como caminar.
A veces las piernas, que ya no responden, a veces los despistes, consiguen que le demos con fuerza a esa elevación tramposa a “casi” ras del suelo, que es donde en ocasiones acabamos sin verlo venir. Es cuestión de agilidad salvar el accidente, o poner las manos sin romperse las muñecas, pero verdad es lo frecuente que resulta dar con los huesos en el asfalto.
Ese centímetro de desnivel basta para vencernos y acercar nuestras narices a la acera. El aterrizaje es forzosamente atropellado, y las consecuencias nada favorecedoras. Las manos, las rodillas, las caderas y la cara se disputan el honor de chocar de manera abrupta contra lo duro. Un raspón, una contusión, una rotura o el rostro desfigurado suelen ser el resultado de una pelea desigual.
La ciudad se deteriora también con la edad, precisa mantenimiento y reparaciones continuamente. Seguramente los responsables de los arreglos lo saben bien, los ciudadanos y la Policía informan… seguramente, y se hace lo que se puede con los medios de que se dispone. Este comentario solo pretende colaborar, por si fuera necesario estar aún más pendientes. No hay más que darse un paseo para verificar lo poco lisos que se ofrecen algunos tramos de esta Palencia nuestra.
Sabemos que cada tropezón con daños puede dar lugar a una denuncia, pero qué necesidad. A uno se le antoja sencilla la solución. Para ahorrarnos sustos y esqueletos magullados. Por cierto…, esa tapa de la plaza Mariano Timón lleva así meses. Muy cerca, además, de un centro municipal. O será que los ediles no tropiezan nunca… Esperemos que con la edad se vayan dando cuenta.





