SEO/BirdLife pidió hoy una reconstrucción de territorios afectados por los incendios de Castilla y León que los haga más resistentes a la erosión, al cambio climático y que contribuya a prevenirlos en un futuro. Así lo traslada tras valorar el acuerdo, publicado en el Boletín Oficial de la Comunidad (Bocyl) el 31 de julio, por el que se programan actuaciones para la recuperación de estas zonas, según trasladó en un comunicado.
Para la organización conservacionista las medidas planteadas constituyen una “base adecuada para atender las necesidades inmediatas de agricultores, ganaderos y municipios”, pero cree que “deben incorporar con mayor claridad la dimensión ambiental y preventiva para garantizar una recuperación real y duradera del territorio”.
Igualmente, consideró que la recuperación de un territorio después de un gran incendio “no puede medirse únicamente por el número de caminos reparados, ayudas concedidas o infraestructuras reconstruidas”, sino también por la “regeneración de la vegetación, la estabilidad del suelo, la biodiversidad, la actividad económica y, sobre todo, por la reducción del riesgo de que vuelva a producirse un incendio de similares dimensiones”.
Actividad ganadera y agrícola
Algunas de las medidas propuestas resultan, a su juicio, “controvertidas”, como el apoyo a las concentraciones parcelarias y la autorización del pastoreo de forma inmediata en las superficies de pastos afectados por el incendio una vez regenerada la cobertura.
En este sentido, SEO/BirdLife subrayó que un incendio “no debería convertirse automáticamente en una oportunidad para reorganizar el territorio únicamente con criterios productivos, sino que la gestión territorial debe abordarse desde una perspectiva integrada de paisaje, combinando producción, protección del suelo, conservación de la biodiversidad y gestión del fuego”. Por ello, insta a la Junta a “no agilizar el trámite de las concentraciones parcelarias que estaban solicitadas, o tramitar nuevas, hasta que no sean adecuadamente evaluadas y cumplan estos criterios”.
Por otra parte, apuntó que es “vital” realizar un seguimiento continuado que permita constatar técnicamente la recuperación suficiente de la cubierta vegetal y determinar la capacidad de carga que permite el terreno, con el fin de “realizar un aprovechamiento ganadero de las superficies quemadas de forma progresiva y adaptada a las condiciones de cada superficie”. “La aparición de vegetación verde no significa necesariamente que el hábitat se haya recuperado”, sostuvo, en un comunicado recogido por Ical.
Del mismo modo, apuesta por que la posibilidad de autorizar de forma inmediata el aprovechamiento ordinario de especies de caza mayor en las zonas incendiadas, una vez regenerado el pasto, “debe estar sujeto al mismo seguimiento de recuperación efectiva de la cubierta vegetal y quedar condicionada a una evaluación específica de cada zona”.
Las decisiones sobre aprovechamiento cinegético tras la moratoria por catástrofe ambiental, contemplada en la normativa legal, “deben basarse en censos, densidades de población, disponibilidad de alimento y estado del hábitat”. Así, considera que la compensación de los daños a la agricultura por la fauna silvestre desplazada, si los hubiere, debería ser prioritaria frente a las compensaciones previstas para los cotos de caza del 50 por ciento de los gastos ocasionados por el pago de las tasas correspondientes a las matrículas que no contribuyen a la recuperación.
Restaurar el ecosistema, no solo limpiar el monte
Entre las medias propuestas en el acuerdo destaca la elaboración y ejecución de un plan para la extracción urgente de la madera y la biomasa quemada con objeto de evitar la proliferación de plagas y enfermedades. La organización recordó que la madera quemada desempeña un papel fundamental en la recuperación y conservación de los ecosistemas forestales tras un incendio.
“Lejos de ser un simple residuo, constituye una importante reserva de materia orgánica y nutrientes que, al descomponerse progresivamente, contribuye a mejorar la fertilidad y estructura del suelo, favoreciendo la retención de humedad y reduciendo los procesos de erosión, especialmente en laderas y zonas expuestas, en comparación con las zonas donde la madera se retira por completo”, destaca.
Además, los troncos y ramas quemados crean microhábitats esenciales para hongos, insectos saproxílicos, musgos, reptiles, aves y pequeños mamíferos, “muchos de los cuales dependen de la madera muerta para completar su ciclo de vida”. “Mantener una parte significativa de la madera quemada en el monte favorece la biodiversidad, aumenta la resiliencia del ecosistema frente a futuras perturbaciones y contribuye a una recuperación más natural y sostenible del paisaje forestal”, informa SEO/BirdLife, que apuesta por un “reenfoque de este plan hacia una gestión selectiva de la madera y biomasa quemada, planificando y decidiendo en cada zona si procede su extracción, tratamiento o permanencia en el terreno en función del riesgo de plagas, erosión, seguridad, regeneración natural y valor ecológico”.
Además del elevado coste económico de una extracción indiscriminada, “hay que considerar que los propios trabajos de extracción constituyen una fuente de grave erosión y perjuicio en estos suelos”.
Proteger a la fauna durante la recuperación
Las actuaciones para garantizar agua y alimento a las especies protegidas y cinegéticas pueden ser necesarias en determinados lugares, prosigue la organización, que cree que “deben evaluarse adecuadamente y aplicarse con criterios técnicos y durante el tiempo estrictamente necesario, ya que la alimentación artificial puede generar concentraciones anómalas de fauna, favorecer la transmisión de enfermedades o alterar su comportamiento”.
SEO/BirdLife reclama que las zonas incendiadas estén protegidas del “trasiego consecuencia de determinadas actividades prescindibles”, con el fin de evitar a la fauna una fuente añadida de estrés, dada la reducción en la disponibilidad de alimento y refugio que ha sufrido.
Reparación de caminos y carreteras
Las obras, igualmente, deben incorporar, a su juicio, medidas de drenaje, estabilización de taludes, control de cárcavas y gestión de las aguas, “mejorando las infraestructuras que había previamente, dado que después de un gran incendio el suelo presenta una mayor vulnerabilidad frente a la erosión y la escorrentía”. “Es vital reducir en la medida de lo posible la cantidad de cenizas que alcanzarán los cauces con las lluvias, ya que ello tiene graves consecuencias para la calidad del agua y la conservación de la biodiversidad asociada a estos ecosistemas acuáticos”, apuntó.
Por último, SEO/BirdLife sostiene que la propuesta de la Junta debería estructurarse en torno a cinco grandes ejes: recuperación de las explotaciones y de la actividad económica; restauración ecológica; recuperación de infraestructuras y seguridad; reactivación socioeconómica; y prevención de futuros incendios.
Además, todas las actuaciones, continúa, “deberían incorporar indicadores de resultado y un programa de seguimiento a uno, tres, cinco y diez años, de manera que la Administración pueda evaluar qué medidas han funcionado, cuáles deben modificarse y dónde es necesario mantener la inversión”.





