La artista palentina Marina Núñez subraya la “unión íntima” entre los seres humanos y el universo en su exposición ‘Polvo de estrellas’

Núñez crea un imaginario alternativo, donde lo humano se funde y confunde con la superficie planetaria, en una muestra abierta al público hasta el 2 de mayo en la galería barcelonesa RocioSantaCruz.
Marina Núñez junto a su obra en la galería RocioSantaCruz
ICAL. La artista palentina Marina Núñez, en el montaje de su exposición 'Polvo de estrellas', en la galería barcelonesa RocioSantaCruz

César Combarros / ICAL

“Somos polvo de estrellas”. La frase que el astrónomo estadounidense Carl Sagan acuñó en su inolvidable serie ‘Cosmos’ (1980) resuena con fuerza en la última exposición de la artista palentina Marina Núñez, que podrá disfrutarse en la galería barcelonesa RocioSantaCruz hasta el próximo 2 de mayo. “Es algo muy metafórico pero también es ciencia. Es con la explosión de la supernova cuando se crean todos los elementos que nos componen: el calcio, el silicio, el hierro, el oxígeno, el nitrógeno, el fósforo… Todo lo que nos conforma sale de las estrellas. Esa evidencia científica, que a la vez es tan poética, es una bonita forma de contar cómo somos uno con el universo y con el planeta Tierra, en una unión íntima”, reflexiona en declaraciones a Ical.

En ‘Polvo de estrellas’, que abrió sus puertas este viernes, Núñez profundiza en la propuesta que emprendió con ‘Tantos mundos en este’, un proyecto de poesía visual y reflexión ética en torno a la decisiva influencia del ser humano en la sostenibilidad del planeta, con el que celebró los 150 años del Museo Nacional de Antropología y que cerró sus puertas a finales del pasado mes de enero.

Marina Núñez en su exposición con obras artísticas sobre el universo
ICAL. La artista palentina Marina Núñez, en el montaje de su exposición ‘Polvo de estrellas’, en la galería barcelonesa RocioSantaCruz

Ahora, la creadora empuja al espectador a una inmersión sensorial y emocional, donde los seres humanos, la tierra y el universo conforman un ecosistema único de interacciones complejas, alejándose de la “ilusoria” y “vieja” idea de que “los humanos somos diferentes, separados y autónomos del ambiente en que vivimos”. En sus piezas, la mayor parte de ellas concebidas este mismo año, los límites entre lo real y lo imaginario se diluyen, mientras sueña embriones de mundos nacientes y nuevas formas de relación entre los seres vivos.

“El arte tiene la capacidad de representar simbólicamente las preocupaciones del ser humano en cada momento. Cuando yo era joven nuestra gran preocupación era la gran guerra nuclear; eso no ha desaparecido (de hecho con la situación en Irán quizá lo veamos más cerca que nunca), pero tengo la sensación de que la gran preocupación actual es la degradación medioambiental. Por ahí gira ahora el imaginario del fin del mundo: que se agoten los recursos y la capacidad depredadora del ser humano haga que todo explote. Hay muchos artistas actuales que están hablando de eso y es lógico, porque expresa lo que la gente siente”, desliza.

“Entre sus muchas tareas, el arte es un buen sismógrafo de las preocupaciones de la sociedad. Hace una labor de deconstrucción, pero también propone, como es mi caso, nuevas formas de entender nuestra relación con la naturaleza, en simbiosis”, añade antes de apostillar que “crear un imaginario alternativo siempre tiene un componente político”.

Infinitos mundos dentro de este

La obra que presta su título a la muestra es una serie de medio centenar de baldosas, con imágenes impresas sobre cerámica, en las que se vislumbran fragmentos de rostros humanos que se funden y dan forma a sugerentes y coloridos paisajes en perpetua mutación. En esas vistas aéreas de la Tierra, impresas literalmente sobre tierra, “lo humano, lo animal y lo vegetal, todo lo vivo, se mezcla con la superficie planetaria y es uno con ella”.

Por otra parte, ‘Mira fuera y dentro’ es un vídeo de cuatro minutos con música de Luis de la Torre donde dos ojos con apariencia de biosferas, que bien pudieran ser ecosistemas en sí mismos, observan y son observados invitándonos a pararnos en medio del caos cotidiano para ser conscientes de cuanto sucede a nuestro alrededor. “Se trata de mirar hacia adentro para ver lo que estamos haciendo con lo de fuera”, resume ella sobre una pieza donde, nuevamente, lo humano y el universo se hibridan, con sendos iris formados por plantas, animales y microorganismos, que tienen al mismo tiempo “un aspecto muy cósmico, como de nebulosas o galaxias”.

Las únicas obras que integran la exposición y no han sido producidas en los dos últimos años son cuatro bajorrelieves en latón de la serie ‘Envidia’, fechada en 2022, donde brazos femeninos se engarzan con las ramas y frutos de diferentes plantas y árboles, como el abedul o el nogal, “con tanta vehemencia y anhelo que finalmente consiguen convertirse en lo que tanto anhelan”. “No se trata tanto de una suplantación como del deseo de ser uno con la naturaleza”, resume.

También pueden verse en RocioSantaCruz siete imágenes digitales sobre aluminio, pertenecientes a su evocadora serie de 2025 ‘Soñar o que te sueñen’. En ellas, los seres humanos son apenas sombras fantasmagóricas en medio de escenarios ajenos a la civilización, en los que abruptamente emergen del suelo flores poderosas y enormes, a las que brindan reverencia y admiración. En esas imágenes, entre utópicas y distópicas, se apunta la posibilidad de que la humanidad se haya finalmente extinguido, frente a un colosal renacer de la naturaleza que jamás podrán volver a disfrutar.

Hay además dos piezas de gran formato, pertenecientes a su serie ‘Tierra’, en las que ofrece al espectador sendas panorámicas de la Tierra vista desde el espacio, sobre la que flotan infinitos embriones de nuevos planetas, en una invitación a “explorar la absoluta belleza” del universo, abierta a múltiples y dispares interpretaciones.

‘Polvo de estrellas’ también tiene cabida para alguna de las pequeñas esferas de cristal que ya pudieron verse en la reciente edición de ARCO. Al modo de oráculos con los que predecir el futuro, en su interior se alojan imágenes que a partir de pequeñas esferas que se aglutinan, como si fueran infinitos planetas, conforman rostros femeninos. Esas obras, explica, engarzan con “la obsesión que tenemos los humanos por entender el universo y encontrar en él formas figurativas (como el centauro, el pez o la balanza) o recursos que nos ayuden a intentar comprender esa inmensidad”.

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