Este fin de semana, en el derbi capitalino entre Palencia CF y Palencia Cristo Atlético, se vivieron al final del partido unas escenas impropias e impresentables que no tienen, de ninguna forma, cabida en el fútbol (ni en ningún deporte). Al término del partido, las imágenes hablaron por sí solas. Dos equipos enfrentados que, durante unos minutos, olvidaron todo lo demás. También lo más básico.
Cesitar decanta el derbi y da la revancha al Palencia Cristo Atlético (0-1)
El fútbol es competitividad. Lo es aquí y en cualquier parte, en cualquier deporte. Lo son los roces, las protestas, incluso los piques. Forma parte del juego. Pero hay una línea, muy clara, que separa competir de perder el control. Y esa línea se cruzó. Da igual lo que haya detrás entre ambos clubes o plantillas, cuyos jugadores, en muchos casos, mantienen incluso una buena relación fuera del campo. No es justificable.
Hay que saber perder. Y hay que saber ganar. Es lo mínimo que se le presupone a cualquier deportista. A veces bastará con dar la mano, irse al vestuario jodido (con perdón de la expresión) o celebrarlo con tu afición. Los sentimientos y las emociones son así. Pero lo que nunca debería pasar es acabar convirtiendo el final de un partido en un espectáculo que no tiene nada que ver con el fútbol.
Nadie gana con estas escenas. Ni los jugadores, ni los clubes, ni una ciudad que lleva años intentando reengancharse de alguna manera a este deporte. Con una división evidente en su fútbol, con dos proyectos, dos identidades y una rivalidad que va más allá del césped. Se entiende. Lo que no se puede normalizar es que esa tensión termine trasladándose así. ¿De verdad no somos adultos para evitar este tipos de escenas?
Y menos aún con niños en la grada, mirando, y aprendiendo de los que pueden ser sus referentes locales. Porque el problema no es solo lo que pasó, sino lo que transmite. Qué imagen se deja y qué mensaje se proyecta.
Luego hablamos de crecer, de profesionalizarse, de aspirar a más. Pero todo eso empieza también en estos detalles. El fútbol en Palencia no necesita más de este tipo de ruido que vemos día a día en divisiones más altas. Al contario; se necesita un poco más de sentido común. Que haya piques, competitividad… Siempre. Pero no pasemos los límites de lo más mínimo. Porque este derbi también puede ser otra cosa. Puede ser ambiente, rivalidad sana, identidad, ciudad. Puede ser un partido que enganche a la gente, que sume, que deje ganas de repetir. Eso también está ahí. Y eso sí merece la pena.
Ahora toca pasar página y centrarse en lo importante: lo que queda de temporada y los objetivos de cada uno. Hablar en el campo, que es donde de verdad se dice todo. Y también, si se puede, bajar un punto el ruido fuera, evitando menos desprecios en entrevistas o en redes y más fútbol.
Cada uno tiene su camino. Pero con escenas como las del otro día, no se avanza en ninguno.
Así no es el derbi que queremos ver.





