Jesús García-Prieto / ICAL
Hay quien busca lejos las oportunidades que no encuentra cerca de casa. Y hay quien descubre, casi sin proponérselo, que el lugar del que pensaba marcharse puede convertirse en el mejor escenario para desarrollar su proyecto profesional. Es el caso de Nadia Bilbao, una joven artista de 25 años que ha encontrado en Villamuriel de Cerrato (Palencia), su localidad natal, el punto de partida para intentar vivir de aquello que siempre ha querido hacer: pintar.
Nadia Bilbao, joven artista: «No sé si voy por el buen camino, pero es un camino muy bonito»
Sus murales empiezan a formar parte del paisaje de distintos municipios de la provincia. En fachadas, paredes de edificios, espacios públicos y establecimientos privados, sus dibujos aportan color a lugares que, en ocasiones, pasan a formar parte de la vida cotidiana de los vecinos. Una actividad que ha convertido en su profesión después de años de formación, trabajos puntuales y colaboraciones con otros artistas. Ahora, recién estrenada su etapa como autónoma, afronta el reto de consolidar un camino que hasta hace no demasiado tiempo parecía difícil de imaginar.
“Cuando yo estudié arte también tenía la idea de que lo más probable es que me tocase irme fuera, porque todo el mundo te lo dice”, reconoce a la agencia Ical. La posibilidad de trasladarse a una ciudad más grande estaba presente en sus planes, como ocurre con tantos jóvenes que buscan oportunidades profesionales lejos del medio rural. Sin embargo, las circunstancias fueron tomando otro rumbo. Conoció a muralistas y grafiteros que trabajaban en Palencia, comenzó a relacionarse con profesionales del sector y encontró orientación para dar forma a su iniciativa empresarial.
En ese recorrido han tenido un papel importante la Cámara de Comercio de Palencia y el grupo de ADRI Cerrato, además de otros profesionales que la han acompañado durante los últimos meses. A través de ellos ha podido acceder a cursos, asesoramiento, formación y ayuda para elaborar su plan de empresa. Un respaldo que, según explica, ha resultado determinante para dar el paso.
“Me están buscando trabajos, cursos, me están ayudando a hacer todas las formaciones, a hacer planes de empresa. Me lo están poniendo todo tan en bandeja que ha salido así, el quedarme aquí”, resume.
La artista reconoce que durante sus primeros años de formación desconocía buena parte de los recursos disponibles para los jóvenes que quieren emprender. De hecho, llegó a la Cámara de Comercio casi por casualidad, después de que una amiga le hablara de sus actividades. Se apuntó cuando tenía 17 o 18 años y, aunque la oportunidad de participar en una formación que le interesaba tardó en llegar, aquel primer contacto terminó abriendo otras puertas.
“Al principio no tenía ni idea de que había tanta ayuda”, recuerda. Con el tiempo fue conociendo las posibilidades de asesoramiento, las convocatorias y el papel que desempeñan los grupos de acción local en el medio rural. De estos últimos destaca especialmente la cercanía y el acompañamiento durante los trámites administrativos. “Te ayudan muchísimo con todos los papeles, son profesionales. Te preparan, te explican, te saben orientar. De verdad, estoy encantada”, señala.
Una experiencia que ha cambiado su percepción sobre las posibilidades de desarrollar una actividad artística desde un pueblo. Nadia no oculta que emprender implica incertidumbre, especialmente cuando se trata de una profesión en la que los encargos dependen de los proyectos que vayan surgiendo. Pero considera que el entorno palentino ofrece ventajas que no siempre se tienen en cuenta.
La primera está en la propia organización del trabajo. Su actividad la obliga a desplazarse continuamente hasta los lugares donde realiza los murales, pero no necesita vivir en una gran ciudad para desarrollar esos proyectos. Al contrario, tener su base en Villamuriel le facilita buena parte de la logística. Dispone de espacio para guardar materiales, preparar los encargos y cargar el vehículo sin depender de desplazamientos adicionales.
“Mi hogar está en Palencia, en Villamuriel de Cerrato, y es una ciudad súper cómoda. Imagino que es mucho más barata que otras ciudades grandes”, explica. “Tengo la facilidad de poder almacenar todos los materiales, cargarlos en el coche, no tengo que aguantar atascos ni problemas que podría tener una ciudad más grande”.
La cercanía entre localidades también juega a su favor. Un desplazamiento que en una gran ciudad puede convertirse en una complicación añadida, para ella se resuelve muchas veces en apenas unos minutos. “Si el GPS me marca 20 minutos, yo tardo 20 minutos en llegar a la pared”, apunta.
Una provincia convertida en lienzo
Esa relación entre el lugar donde vive y los espacios en los que trabaja se refleja también en la distribución de sus obras. Nadia calcula que entre el 90 y el 95 por ciento de los murales que ha realizado se encuentran en la provincia de Palencia. La capital y distintos municipios del territorio conforman un recorrido artístico que ha ido creciendo durante los últimos años.
En Palencia capital se pueden encontrar intervenciones suyas en la calle Mayor y en la calle Doña Urraca, además de trabajos en el estudio de tatuajes A Positivo, realizados junto a Fumantwo. También cuenta con una obra en la Fundación Díaz-Caneja, donde su mural forma parte de una exposición temporal que permanecerá instalada hasta junio del próximo año.
Fuera de la capital, su trabajo puede contemplarse en Villamuriel de Cerrato, donde tiene tres murales, Grijota, en las antiguas escuelas, Cisneros, en el depósito de agua, y Guardo, entre otras localidades.
Cada uno de esos espacios representa para ella algo más que un encargo terminado. Son obras que permanecen en los lugares donde han sido realizadas y que, con el paso del tiempo, terminan incorporándose a la memoria visual de quienes viven allí o pasan por delante.
“Para mí cada mural es como un pequeño bebé”, cuenta con una sonrisa. Esa relación con sus trabajos explica que, incluso cuando tiene que desplazarse por otros motivos, no pueda evitar desviarse unos minutos para comprobar cómo se conservan.
“A veces voy conduciendo y paso por Grijota, por ejemplo, y digo: venga, va, me voy a desviar diez minutos a ver qué tal está el mural”. Entonces se detiene, lo observa y comprueba cómo luce con la luz del momento o si se ha incorporado algún elemento que lo realce. «Dices ‘qué bien, se mantiene bien. O qué bien se ve con esta luz’ y eso hace muchísima ilusión verlo», relata.
También disfruta de esa sensación cuando viaja acompañada de Chisco, el muralista con el que comenzó a colaborar y de quien ha aprendido buena parte de los aspectos prácticos de esta profesión. Él lleva décadas pintando y cuenta con trabajos repartidos por numerosos pueblos. En ocasiones, durante los desplazamientos hacia un nuevo encargo, se detiene para enseñarle alguna de sus obras realizadas años atrás. Nadia contempla esas escenas pensando que algún día le gustaría poder hacer lo mismo con sus propias intervenciones.
Del encargo particular a una profesión
Aunque su vocación artística viene de lejos, convertirla en una fuente estable de ingresos ha sido un proceso mucho más largo. Desde los 14 o 15 años recibía pequeños encargos de ilustraciones, retratos o camisetas personalizadas. Eran trabajos que le permitían empezar a familiarizarse con el mundo profesional, aunque las cantidades que recibía apenas tenían carácter simbólico.
Tenía claro que quería dedicarse al arte, pero no encontraba fácilmente la manera de hacerlo. Durante su etapa formativa llegó a plantearse otros caminos. Era buena estudiante y podría haber optado por itinerarios académicos diferentes, pero su inclinación siempre estuvo ligada al dibujo y a la creación.
Después del Bachillerato Artístico estudió Ilustración y continuó ampliando su formación en distintas disciplinas. Sin embargo, pronto descubrió una de las dificultades habituales de las profesiones creativas: tener una titulación no garantiza encontrar un empleo relacionado con ella.
“Entro en LinkedIn y no hay ninguna oferta que busque a alguien que sea graduado en Bachillerato Artístico”, explica. Incluso después de obtener el título de ilustradora se encontró con una realidad similar. “Apenas hay demanda de ilustradores y el título no te lo piden. Lo que quieren es ver que tienes experiencia, que has trabajado ya en editoriales, quieren ver tu estilo”.
Durante esos años fue acumulando conocimientos y experiencias, al tiempo que buscaba una salida profesional. La colaboración con Chisco, iniciada en 2020, le permitió acercarse al muralismo desde dentro y conocer la organización de los proyectos. Más adelante, trabajar también con Fumantwo le ayudó a entender mejor cómo se presupuestan las intervenciones y qué valor económico puede tener el proceso creativo.
Fue entonces cuando empezó a cambiar su perspectiva. Hasta ese momento había visto los murales como encargos puntuales, pero comenzó a comprobar que existía un mercado con posibilidades reales. Los ayuntamientos y otras entidades promovían intervenciones artísticas y podían disponer de financiación para desarrollarlas.
En ese cambio de mentalidad tuvo especial importancia su participación en proyectos vinculados al muralismo durante el último año. La experiencia le permitió comprobar que el trabajo no se limita a pintar una pared, sino que incluye un proceso de diseño, preparación, ejecución y organización que debe tener su correspondiente valoración económica.
“Empecé a ver que efectivamente sí que hay encargos de muralismo que se pagan bien, que si pides una elevadora te pones a la elevadora”, explica. También observó que cada vez más ayuntamientos se interesaban por este tipo de intervenciones. Una tendencia que, según le han trasladado otros profesionales, ha ganado fuerza especialmente desde 2020.
Los trabajos realizados y la difusión que tuvieron algunas de esas intervenciones contribuyeron a que otros municipios se interesaran por su actividad. Después de una etapa con numerosos encargos durante el invierno, en enero, febrero y marzo comenzaron a llegar nuevos contactos y propuestas.
A ello se sumó el acompañamiento recibido para iniciar su actividad por cuenta propia, así como las ayudas destinadas a facilitar el comienzo de los jóvenes autónomos. Con un portfolio de trabajos, experiencia acumulada y personas que podían orientarla en la parte administrativa, decidió dar el paso.
“Tengo portfolio, tengo ganas, tengo coche, sé que hay subvenciones, sé que tengo personas que me están orientando a nivel papeleo. Me dije a mi misma que para adelante”, recuerda.
En el terreno artístico, Nadia continúa buscando una identidad propia. Ha trabajado junto a otros muralistas y ha tenido que adaptarse a diferentes formas de pintar, pero quiere que sus intervenciones tengan cada vez más un sello reconocible.
Una de sus principales diferencias está en la técnica. Frente al uso del aerosol, habitual en buena parte del muralismo urbano, ella trabaja principalmente con pintura acrílica, brocha y pincel. Una elección que también condiciona el resultado final y la manera de construir las imágenes.
“Lo que me diferencia es que yo pinto siempre con pintura acrílica, o sea, pintura, brocha y pincel, que no spray”, explica. Pero si hay algo que destaca en sus obras es el tratamiento del color. Sus composiciones buscan alejarse de los contrastes habituales del blanco y el negro para construir imágenes a partir de una combinación de tonalidades. Los colores se relacionan entre sí para generar sombras, luces y volumen.
“Yo hago todo con color puro. Si algo es rosa, pues yo lo voy a sombrear con morado y le voy a dar luz con un verde lima”, detalla. Una manera de trabajar que da lugar a murales vistosos y llenos de matices.
También tiene una inclinación clara por los motivos naturales. La fauna y la flora aparecen cada vez con mayor frecuencia entre sus propuestas, con animales, vegetación y elementos que buscan integrarse en el entorno. Es una línea creativa que quiere seguir desarrollando en los próximos años, aunque reconoce que todavía está construyendo su propio estilo.
Esa combinación entre arte y naturaleza se aprecia especialmente en el trabajo que está realizando en Calabazanos. Se trata de un mural de 130 metros cuadrados, con una altura aproximada de diez metros, en el frontón de la localidad. Una intervención que responde a una petición vecinal para dar una nueva imagen a un espacio que llevaba años esperando una actuación de este tipo.
El proyecto se ha desarrollado con el apoyo de una subvención municipal denominada A Huebra y cuenta con un componente participativo. La parte inferior de la pared se ha realizado con la colaboración de niños de un colegio, que han podido participar directamente en la intervención. Nadia se ha encargado del diseño y de completar el resto de la superficie.
La artista ha tenido que enfrentarse además a un nuevo reto profesional: trabajar por primera vez sola con una plataforma elevadora para alcanzar las zonas más altas de la fachada. El tamaño de la pared y las condiciones meteorológicas han convertido el trabajo en una intervención especialmente exigente.
El diseño elegido representa una ardilla subida a unas ramas acompañadas de flores. No es una composición casual. Nadia ha tenido en cuenta los dos árboles situados frente al frontón, cuyas copas crecerán con el paso del tiempo y podrían llegar a ocultar parte del mural.
“El diseño está pensado para que lo que es la ardilla nunca quede tapada por las copas”, explica. La intención es que la obra dialogue con el entorno y que su aspecto siga funcionando cuando la vegetación recupere su volumen. “Creo que va a quedar súper bien cuando crezcan”, apunta.
El trabajo está prácticamente terminado, pendiente de los últimos retoques y del barnizado. La lluvia y el viento habían condicionado el calendario, además de la disponibilidad de la plataforma elevadora necesaria para completar la parte superior.
Su experiencia en Palencia también le ha permitido comprobar que las oportunidades no siempre están donde se espera. En una ocasión coincidió durante un trabajo con muralistas procedentes de Madrid y Murcia. Al hablar sobre las posibilidades de desarrollar su actividad, le sorprendió descubrir que ellos mismos veían ventajas en el mercado palentino.
“No se lo creen, te dicen que estás mucho mejor tú a nivel de trabajo aquí en Palencia que ellos en Madrid. Hay mucha competencia, a ellos les cuesta muchísimos años poder empezar”, recuerda que le dijeron con pesar.
Una conversación que reforzó su percepción de que el tamaño de una ciudad no determina necesariamente las posibilidades de encontrar encargos. En una provincia con menos profesionales especializados, la cercanía y el contacto directo pueden convertirse en una ventaja.
Nadia considera que el boca a boca sigue teniendo un peso importante en el medio rural. La confianza que se genera entre clientes, profesionales y ayuntamientos permite que los proyectos vayan llegando y que el trabajo bien hecho abra nuevas oportunidades. Por eso, durante su participación en la Feria de Empleo Rural, Vivienda y Oportunidades celebrada en Baltanás este jueves, quiso trasladar un mensaje de confianza a quienes se plantean emprender.
“Que no tengan miedo, porque además te lo dejan muy fácil”, señaló al referirse a las ayudas y al acompañamiento que pueden recibir los jóvenes. También quiso animar a quienes tienen una vocación artística a intentar convertirla en una profesión. Para ello, considera fundamental formarse, pero también moverse, conocer a otros profesionales y mostrar el trabajo realizado.
“No es tan necesario el título, sino moverse, conocer gente del gremio, moverse muchísimo”, defendió. Y, sobre todo, no descartar el pueblo como lugar desde el que construir un proyecto profesional.
Su mirada está puesta ahora en seguir creciendo. Le gustaría realizar algún día un mural de grandes dimensiones y colaborar con artistas de otros lugares, tanto de España como del extranjero. No se trata únicamente de viajar para pintar, sino de aprender nuevas técnicas, conocer otros procesos de trabajo y compartir experiencias con profesionales que llevan años desarrollando su trayectoria.
Incluso ha conocido propuestas internacionales que le resultan especialmente atractivas, como un gran proyecto artístico en Suecia que contempla la intervención de numerosas columnas de un puente por artistas de distintos países. Una posibilidad que le gustaría explorar si llega la oportunidad.
“Me encantaría tener esa experiencia de viajar, irme a otro sitio, hacer un mural muy grande, conocer gente de otros lados, hablarles un poco de lo que yo hago aquí en Palencia”, afirma. Eso sí, no contempla por ahora trasladar su residencia fuera de España. Su idea es poder salir, trabajar en otros lugares y regresar después a su casa.
Porque, de momento, su centro de operaciones sigue estando en Villamuriel de Cerrato. Desde allí organiza los materiales, prepara los diseños, atiende a los clientes y pone rumbo a las paredes que esperan convertirse en una nueva obra. Una rutina que ha ido construyendo paso a paso y que demuestra que también es posible desarrollar una actividad creativa desde el medio rural.
A sus 25 años, Nadia Bilbao todavía está definiendo el alcance de su carrera, pero ya ha conseguido algo importante: transformar una afición que la acompaña desde niña en un proyecto profesional con el que empieza a abrirse camino. Sus murales, repartidos por distintos puntos de Palencia, son la parte más visible de ese recorrido.
Ahora quiere que lleguen nuevos encargos, seguir aprendiendo y encontrar proyectos que le permitan llevar su arte más lejos. Sin renunciar al lugar desde el que ha comenzado.











Un comentario
Orgullosísima de mí hija. Tanto como artista, que a la vista está, y como persona, sociable, cariñosa, educada, empática y por encima de todo, buena persona 😍😍😍😍