Como algunos sabréis por la columna anterior, mi familia y yo vivimos en Londres. El rugby en este país es un orgullo nacional y para entrar en los buenos colegios uno de los requisitos que piden a los alumnos es ser buenos jugadores de este deporte.

Todos los domingos acudimos en peregrinaje a ver a los niños jugar. Entre toda la chavalería del equipo eligen a la mitad para disputar los partidos. Cuando os hablo de rugby seguramente tenéis la imagen de un hombre con cara de lelo y músculos hasta en los dedos de los pies, con un balón en la mano. En la mayoría de los casos es así, pero para ser justos, en este país no se puede ser jugador de rugby profesional si no se sacan buenas notas.

En fin, después de meteros un poco en situación os contaré que mi pobre hija también juega al rugby. En realidad no le gusta pero era la única manera de que no se aburriese mientras esperaba a sus hermanos.
Contra todo pronóstico esta temporada le han elegido para jugar. Su primer partido fue este fin de semana.

Cuando llegamos conseguí escuchar cómo su entrenador le decía “ Isabella ya sé que eres la única chica, es muy peligroso, ten mucho cuidado, entiendo que te dé miedo”.
Ese comentario me hizo reflexionar, si le estás metiendo en la cabeza antes del partido que no va a ser capaz, es imposible que haga un buen trabajo y así fue. Primera parte del partido ni se acercó a la pelota.

En el descanso me acerqué a ella y le susurré al oído: “Isabella, garrote, que eres de Bilbao con sangre palentina, enséñale a esos guiris de lo que eres capaz”. Y esa niña, amigos, se convirtió en una máquina de matar guiris, yo no me lo podía creer.
Lo cierto es que esto que cuento en tono jocoso es la vida, lo que nos dicen los demás nos afecta sobremanera y no somos conscientes de ello. Un simple comentario le puede condicionar la vida a un chiquillo, mucho cuidado con lo que le metemos en la cabeza a los pequeños.

Ahora que nos dicen que para ser ecuánimes tenemos que expresarnos con tres géneros diferentes cada vez que abrimos la boca a mí me hierve la sangre. De verdad, no quiero herir susceptibilidades, no es un tema político, es un tema de sentido común. No puedo de verdad con la hipocresía y el postureo. ¿De qué me sirve que me digan “chica, chico, chique” si cuando me enfrento a la vida me miran con cara de pena por ser mujer?
A estas mujeres que se erigen en nuestras salvadoras les diría yo que se dieran una vueltecita, con cinco minutos me basta, por países como Arabia Saudí donde a la mujer hasta hace dos días no la dejaban conducir, subirse a un columpio, caminar sola, pasear con un hombre que no fuera su marido llevando los papeles en el bolso, mostrar su pelo y una infinidad de prohibiciones que no tengo tiempo de enumerar.

En ese país viví tres años de mi vida. Vivía en un hotel en el que no me dejaban ir al gimnasio porque distraía a los hombres, a pesar de ir tapada de pies a cabeza. Cada vez que osaba ir al supermercado me seguían los coches a pesar de llevar hasta los ojos cubiertos con una fina gasa negra. En uno de esos fugaces viajes me robaron la cartera delante de la policía y cuando quise poner la denuncia intentaron llevarme al calabozo por pasear sola.

Os puedo asegurar que un calabozo en esos países no es plato de buen gusto. Para empezar, la policía religiosa denominada Motawa está formada en su gran mayoría de exconvictos. Por esto y muchas cosas más le diría a las mujeres que me leen: aprovechad de la libertad de la que gozamos. Afortunada me siento de disfrutar del privilegio con P de ser mujer en Palencia, donde los hombres y mujeres conviven en igualdad de condiciones. Con P de se puede, se puede disfrutar de la paridad sin odiar a los hombres. Con P de piropo, que no se acaben nunca los piropos dichos desde el respeto y la admiración.
Con P de poderosas, porque si hay algo que somos las mujeres es poderosas. La mujer trabaja, cuida, se cuida, es compasiva, es fuerte, es frágil, es Madre, es compasiva y, sobre todo, es imprescindible. Y por último con P de Palentinas. Palentinas fuertes y libres. Así que chicas “garrote” sonreíd y disfrutad de la suerte de ser mujer. Feliz Navidad y un 2022 lleno de alegrías para todas, todes y todos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa tu comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí