El mayor reto al que se enfrenta la robótica agrícola: que las empresas de servicios se ocupen de hacerla llegar al agricultor

Es la principal conclusión del Foro Nacional “Robótica Aplicada en la Agricultura”, que se ha celebrado este martes en Palencia, organizado por Itagra dentro del programa Centr@tec del ICECyL.
Grupo de expertos en robótica agrícola en un foro nacional
Foro Nacional sobre Robótica Agrícola.

El avance que la robótica agrícola ha experimentado en los últimos años ha sido exponencial: desde vehículos autónomos que analizan la tierra o buscan plagas en los viñedos, hasta máquinas que asisten a los operarios en la recolecta de los frutos para evitar que tengan que cargar peso. Tecnología que combina drones y robots de tierra para optimizar al máximo la pulverización de fitosanitarios o fertilizantes, o flotas de robots coordinadas, capaces de orientarse y “sentir” todo lo que sucede a su alrededor, para tomar datos y tomar decisiones en el momento.

La agricultura está marcada por un contexto cambiante, debido al cambio climático, la búsqueda de una mayor rentabilidad de cultivos, la creciente demanda de alimentos o la escasez de mano de obra. Factores que “constituyen el marco ideal para el desarrollo de nuevas soluciones robóticas”, según explicaba Carmen Paniagua, investigadora del Instituto Tecnológico de Aragón (ITA) y una de las ponentes del Foro Nacional “Aplicaciones de la Robótica en la Agricultura”, que se celebró este martes en Palencia, organizado por el centro tecnológico Itagra. “Está pensada para ayudar a las personas, a través de operaciones más eficientes y que sustituyan trabajos costosos para el ser humano”. Y que, tal y como apuntaba el director de Itagra, Asier Saiz, “no llegan para sustituir el trabajo de las personas, sino hacerlo más eficiente y seguro”.

El presente son equipos que combinan 5G con conexiones satelitales para recoger datos que procesan mediante IA para tomar decisiones; plataformas autónomas capaces de realizar análisis de suelo y estudiarlo en un laboratorio portátil, como la que desarrolla en estos momentos una colaboración entre el ITCL Tecnology Centre y el centro tecnológico Itagra (Proyecto Anastra); o sistemas de predicción inteligente para viñedos como el proyecto SmartAgro 5G, que combina las conexiones 5G y la tecnología sensórica con las últimas novedades IoT, como el desarrollado por la Universidad Politécnica de Madrid en colaboración con Telefónica. Pero también máquinas que “abrazan” los árboles para pulverizar tratamientos de precisión, capaces de detectar dónde comienza y termina su copa, o cuadrúpedos y drones que ofrecen soluciones a medida. “Si queda algo por desarrollar son robots para la recogida de frutos delicados”, puntualiza Carmen Paniagua. En la actualidad, la investigación trabaja en el impulso de tres pilares tecnológicos: la percepción (sensores que capturan el entorno, como cámaras, LiDAR, radar, térmicos e hiperespectrales); la decisión (algoritmos de IA que interpretan datos y generan planes de acción adaptativos); o la acción (actuadores y plataformas móviles que ejecutan tareas físicas con precisión milimétrica.

Y si la tecnología está tan avanzada, ¿por qué no está ya implantada en el trabajo agrícola cotidiano? Es la gran pregunta a responder. “Los agricultores son empresarios. Quieren soluciones prácticas, rentables”, puntualiza Ángela Ribeiro, mientras que para Adrián Salazar, del ITCL, la incertidumbre que viven estos profesionales, sometidos a cambiantes exigencias legales y “un papeleo complejo”, supone que “tengan que centrarse en solventar esos problemas, que están yendo más lentos de lo que deberían”.

El horizonte temporal para la automatización total sigue siendo una incógnita. Mientras que los tractores autónomos ya son una realidad comercial en cultivos extensivos, la recolección de fruta de mesa aún requiere la delicadeza del factor humano. Ángela Ribeiro puso el foco en la incipiente Agricultura 5.0, donde la tecnología no busca desplazar al trabajador, sino rodearlo de herramientas que hagan su labor menos lesiva. “Hay tareas que no merece la pena automatizarlas, sino mantener la inteligencia del operario y conseguir que su trabajo sea más eficiente”. Para Constantino Valero, catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid, estas tecnologías se están introduciendo “por niveles”. “Todo lo que tiene que ver con fitosanitarios e insumos ya está presente en la robótica comercial. Y estamos viendo también un impulso a la robótica de apoyo a las tareas manuales”, mientras que el siguiente paso lo darán los robots que ayuden al productor a recabar más datos sobre los que apoyar sus decisiones.

Ángela Ribeiro hablando en el Foro Nacional sobre robótica agrícola.
Ángela Ribeiro durante su intervención en el Foro organizado por Itagra.
Constantino Valero hablando en el Foro Nacional de Robótica Aplicada en la Agricultura
Constantino Valero durante su intervención en el Foro organizado por Itagra.

La brecha no está en la tecnología, ni en la inteligencia española que la desarrolla desde universidades y centros tecnológicos. Está en las empresas de servicios. Como resume Mauricio Rodríguez, gerente del Digital Innovation Hub on Livestock, Environment, Agriculture & Forest), el tejido productivo compuesto por pymes y pequeños agricultores carece de la capacidad de inversión de los grandes centros tecnológicos, lo que obliga a replantear el modelo de propiedad. La solución parece pasar por las empresas de servicios y el asociacionismo, permitiendo que las explotaciones familiares accedan a drones o robots mediante cooperativas, o bien alquilándolos, con servicio técnico y formación incluida, de manera similar a las cosechadoras.

Para llegar a este escenario, la transferencia de conocimiento científico, del laboratorio al negocio comercial, es imprescindible. Así lo destacaba Asier Saiz en el cierre de este foro que ha reunido a cerca de 150 agricultores, ingenieros agrónomos y tecnólogos en el Centro Integrado de Formación Profesional Viñalta, de Palencia. Una actividad enmarcada en el programa Centr@tec, una iniciativa del Instituto para la Competitividad Empresarial de Castilla y León (ICECYL) de la Junta de Castilla y León. Para Saiz, es imperativo “impulsar la transferencia de conocimiento, la formación especializada y una actualización urgente de la legislación que hoy actúa como barrera”, que permita al sector evolucionar hacia nuevos modelos de gestión donde la innovación garantice la viabilidad económica en un entorno de márgenes estrechos, puesto que “la tecnología debe ayudar a la rentabilidad” y no un gasto inasumible para el agricultor.

Adrián Salazar presenta un cuadrúpedo agrícola en un evento de robótica.
Foro Nacional sobre Robótica Agrícola.
Equipo autónomo de pulverización AGC en un campo verde
Foro Nacional sobre Robótica Agrícola.

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