La butaca del cine, por Javier Cáceres Herrero / Cinéfilo

«Pop Corn, Coke and Relax. In that order»

Presión (2018)

El mar y la supervivencia a contrarreloj, otra vez unidos en la gran pantalla. Uno de los grandes objetivos del cine, como siempre digo, es entretener. Conforme pasan los años, el mar sigue dando mucho juego en todos los géneros que maneja, terror, amor, drama, guerra, etc.. Si te apetece pasar una hora y media sin pestañear, aquí te dejo algunas pautas para que juzgues, después de verla, si ha merecido la pena esta recomendación, desde luego que aburrirte, no te vas a aburrir.

Nos encontramos en la costa de Somalia, una embarcación ha dañado un oleoducto con su ancla y hasta allí deberán dirigirse cuatro trabajadores para proceder a su reparación. Los cuatro, tienen que sumergirse a una gran profundidad para solucionar el problema, pero cuando lo están consiguiendo, una gran tormenta hunde el barco que une a su “ campana “ -así se llama a la cápsula en la que se desciende para hacer este tipo de maniobras-, haciendo imposible emerger a la superficie. Entre todos, se las tendrán que ingeniar para poder ascender sin que ello les provoque la muerte. Es solo el principio de una carrera por su supervivencia.

Otra de tantas historias agobiantes submarinas, que aunque vuelve a tirar de elementos típicos como son la escasez de aire, esta vez no ha necesitado de tiburones con malas intenciones en el guión, para crear el entretenimiento necesario y lo que es mejor, con la duración justa para dejar un buen sabor de boca, a pesar de la angustia constante.

La película tiene una gran carga emocional, tensión que atenaza los nervios por momentos, pero sobre todo, diálogos repletos de dilemas morales -o inmorales, depende como se mire-. Con un reparto cortito, no más de lo necesario, nos encontramos con alguna cara conocida, Danny Huston por ejemplo, o lo que es lo mismo, Stryker, encargado de transformar el esqueleto de Logan -Lobezno- en adamantium en el film de 2009 “X-Men Origins: Lobezno”. Un buen actor, de esos que tantas veces digo que no suelen ser cabezas de cartel y sin embargo, en sus apariciones en gran pantalla tienen muy buenas actuaciones. Esta es una interesante oferta “cinéfila” que hace efectivo el dicho de “lo bueno si breve, dos veces bueno”.


No respires (2016)

Es costumbre de quien no tiene gusto por el cine de terror, confundir cualquier film que contenga algún susto con ese género. “No respires”, que a priori puede parecer “una de miedo” (y así está calificada), es en realidad una de esas películas de suspense, que llegaron a las carteleras de las salas de cine sin hacer mucho ruido y consiguió una más que aceptable audiencia y recaudación. Seguramente, es uno de los mejores guiones no premiados de los últimos años. Pendientes del estreno de la segunda parte, os ofrezco la oportunidad de descubrir esta intrigante historia.

Tres amigos que se dedican al asalto de casas, descubren una morada en la que habita un exmilitar ciego. En ella, guarda un botín de 300000 dólares que les permitirá llevar una vida sin delitos. Lo que en principio se antoja como un trabajo sencillo, se empieza a torcer, cuando el dueño del hogar, despierta en plena noche y se percata de que tiene una visita que no esperaba. Pronto descubrirán que la casa es en realidad una “jaula”, de la que escapar con vida, se tornará en una odisea.

Reinventar y dar otra vuelta de tuerca más a los asaltos de casas.

Sin descanso, sin respiro, eso es esta película, que de verdad, hace honor a su título. Con muy buena aceptación por gran parte de la crítica experta en la materia, en poco tiempo se ha hecho hueco en las filmotecas, por tener una trama muy bien narrada e interpretada.

Rápidamente reconoceréis el rostro del anfitrión del hogar que visitan los 3 delincuentes. Y es que, si visteis “Avatar”, Stephen Lang da vida en aquel taquillazo al malvado Coronel Miles Quaritch. Aquí lo volvemos a ver en una forma física espléndida a sus 68 años y por supuesto, con una magistral interpretación que te deja con la boca abierta. El “problema” de esa brillante interpretación, es que empequeñece la de los tres “pardillos” asaltantes y eso, que sus actuaciones son bastante correctas.

El joven director, Federico Álvarez, que también se ha encargado de la segunda parte que se estrenará este año, si nada lo impide, demuestra la eficacia que tienen los silencios sin músicas que anticipen sobresaltos. Todo lo que rodea a la ambientación de cada sala de la casa, es perfecto, incluido… bueno, eso tendrás que descubrirlo. Un director a tener en cuenta para futuras proyecciones.

En definitiva, esta es la historia del cazador cazado, una muy recomendable propuesta que tiene el material suficiente para pasarte sin pestañear y pegado al asiento un buen rato.


La historia de Marie Heurtin (2014)

No hay nada mejor, para un buen amante del cine o para cualquiera que le guste mínimamente, que toparse, casi sin quererlo con una buena ficción plasmada en una pantalla. ¡Qué digo buena! Éste, es con diferencia, el mejor film que he tenido la oportunidad de ver en mucho tiempo, es por ello, que este mes quiero acercaros esta maravilla. Un relato inspirado en hechos reales, de esos que hay que ver si o si.
Honestamente, ¿cuántas veces hemos escuchado en el último año “de esta pandemia saldremos mejores”?, bueno, pues seguramente, el ver esta película, te ayude a ser mejor persona de lo que eres.

Estamos a finales del siglo XIX, Marie Heurtin (Ariana Rivoire), es una joven que nació ciega y sorda. Incapaces de ayudarla en su educación y desechando la idea del médico de ingresarla en un manicomio, sus padres, deciden llevarla a un instituto para sordomudos, donde un grupo de monjas, ayudan a que tengan una vida mejor. Cuando llega Marie, una de ellas, la hermana Marguerite (Isabelle Carré), tiene una revelación y siente que su misión es ayudarla, aunque la “rebeldía” de la recién llegada, pondrá a prueba algo más que su paciencia y su fe.

Una vez más, empecemos por enaltecer los papeles protagonistas. Dar vida en una ficción, a una niña que nace sorda y ciega y reflejar la dureza de una situación que, difícilmente podemos llegar a imaginar, no es tarea fácil, pero es que esta actriz, Ariana Rivoire, lo lleva a un punto, que uno llega a creer que realmente carece de esos dos sentidos, en cada aparición de su papel. Y no se queda atrás la impresionante actuación de Isabelle Carré, que refleja en todo momento la dureza y la alegría que supone el esfuerzo y la victoria de ayudar a quien lo necesita.

Jean Pierre Améris, director francés con un buen puñado de buenas películas a sus espaldas, pone toda la carne en el asador, recreando esta historia real con los medios justos para crear una ambientación de época, que refleja cómo era la vida en esos tiempos.
Cargada de situaciones emotivas y duras, “La historia de Marie Heurtin” lleva en si, un mensaje de lucha, de no bajar los brazos, de la necesidad y la importancia que tienen los abrazos… nada es fácil en esta vida, pero tampoco nada es imposible.

Te recomiendo encarecidamente, dejar un hueco libre para ver esta brillante producción francesa, una más. Sentimientos a flor de piel al final, tocará la fibra sensible de la persona más ruda.


El bosque de los sueños (2015)

A los pies del Monte Fuji, en Japón, se encuentra el parque natural de Aokigahara, conocido popularmente como “El bosque de los suicidios”, un paraje de gran extensión con una frondosa vegetación y al parecer, excelentes vistas desde las zonas más altas. Decir que, Aokigahara y el Golden Gate de San Francisco, son los lugares más frecuentados del mundo, por quienes quieren quitarse la vida. Esta entrada, sirve para indicarte, que “El bosque de los sueños”, nos va a llevar hasta allí, que es donde se desarrolla el grueso de esta historia.

Arthur Brennan (Matthew McConaughey), es un hombre atormentado por un suceso del pasado, que decide viajar al famoso “bosque de los suicidios” japonés para quitarse la vida. Una vez en él, se encontrará con un misterioso personaje, Takumi Nakamura (Ken Watanabe), que está allí por el mismo motivo, pero en unas condiciones deplorables. Arthur, en un intento por ayudar a Takumi a salir de allí, empezará a entablar conversaciones con el que le harán replantearse su drástica decisión.

Uno de los papeles menos conocidos del gran Matthew McConaughey -¿alguien, a parte de él, ha conseguido pronunciar correctamente su apellido?-, que sin embargo, aunque no es de una gran exigencia física, si requiere de sus excelentes dotes artísticas y expresivas, para dar vida a este marido desesperado. Y de esas virtudes, Matthew ya ha dejado grandes muestras en su dilatada y premiada carrera. Lo acompañan en el reparto otra de las grandes de Hollywood en los últimos años, Naomi Watts, que da vida a su esposa, Joan Brennan, una inteligente mujer con carácter, pero con un gran problema de adicción y que también, demuestra sus dotes interpretativas en cada escena. Completa el trío, Ken Watanabe, actor japonés de gran talento, que a mi personalmente, me encanta, fácilmente reconocible por participar en un montón de taquillazos, como “El último samurai (2003), las últimas películas de “Godzilla” o “Memorias de una geisha” entre otras. Aquí, cada una de sus apariciones, darán la pausa y tranquilidad necesaria en los momentos más dramáticos.

Gus Van Sant -El indomable Will Haunting” (1997)-, es el encargado de dirigir esta cinta, que destaca por la perfección a la hora de enlazar presente con recuerdos, sin que el espectador pierda el hilo de la narración y por la increíble fotografía que tiene, espectacular. Y si en “La historia de Marie Heurtin” comprobamos la importancia que tiene en la vida el afecto y el cariño y los beneficios que aportan, aquí, veremos todo lo contrario, las consecuencias de carecer de esas pequeñas cosas tan vitales. ¿Debemos esperar a que pase algo malo para descubrir lo que de verdad importa?


CLÁSICOS DEL CINE

El Séptimo sello (1957)

El ajedrez vuelve a estar de moda gracias a la serie “Gámbito de dama” y su brillante protagonista Anya Taylor Joy. Sirva este apunte de introducción para el clásico que me traigo este mes, pues en torno a una partida de este bello juego, gira la trama de “El Séptimo Sello”, uno de los más destacados títulos en la dilatada carrera del gran director sueco Ingmar Bergman, del cual, daré también alguna pincelada para que, quien aún no lo conozca, descubra a uno de los directores más importantes e influyentes del cine.

Antonio Block (Max Von Sydow), se encuentra con la Muerte, a su regreso a casa, después de 10 años de cruzadas. Block se resiste a dejar este mundo y la propone jugar una partida de ajedrez, en la cual, pondrá su destino en juego, para bien o para mal. Durante el desarrollo de la partida, Antonio y su fiel escudero Juan (Gunnar Björnstrand), se encontrarán con una familia de comediantes, que ayudarán a Block, un creyente que ha perdido toda su fe, a dar un sentido a su vida y a prepararse para su viaje póstumo.

El Séptimo Sello, es una de esas historias que quizás necesites ver dos veces, la primera, te servirá para descubrir paisajes increíbles en blanco y negro y una perfecta selección de actores y actrices con estéticas tan actuales, que cuesta creer que se rodara en los años 50.

Esos planos y esa fotografía hacen que dejes un poco de lado la trama y las conversaciones, que sin duda, tienen un contenido y un mensaje oculto tan reflexivo, que cuando comprendes el fondo de los diálogos, entiendes porqué es una obra maestra, a pesar de los zafios comentarios descontextualizados del escudero, que a decir verdad, no son aptos para pieles finas de hoy en día, que no entiendan el tiempo en el que se rodó y en qué época se desarrolla la historia.

Por cierto, a la cabeza del reparto está Max Von Sydow, -inolvidable padre Merrin en “El exorcista”-, jovencísimo y casi irreconocible en uno de sus primeros trabajos y seguramente, una de sus mejores actuaciones.
De Ingmar Bergman, se puede decir, que aparte de maestro del cine, tiene una de las más extensas e importantes filmografías, -unas 60 películas dan fe de ello, ¿alguien da más?-, con guiones imperecederos en el tiempo. Marcado por una dura infancia, que dejó huella en todos sus trabajos,en especial en “Fanny y Alexander” (1982), el sueco, se movió entre el teatro y el cine. “Fresas salvajes” (1957), “Gritos y susurros” (1972) o “El manantial de la doncella” (1960), son algunas de sus grandes películas.

No encontraréis en ninguna de ellas historias desenfrenadas y llenas de ritmo, pero se puede apreciar el amor que tuvo por el Séptimo arte y los guiones con cotidianidades de personas normales que podemos encontrarnos en cualquier lugar del mundo.

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