Cuando el cineasta alemán Wertner Herzog se echó a andar en 1974 desde su casa en Munich a París para conocer la ciudad francesa, sólo él sabía de la necesidad que le nació dentro para hacerlo. Sólo él sabía sus motivos y él sólo recorrería a pie los 775 kilómetros que separaban ambas ciudades. En un mundo donde todo pasa a veces demasiado deprisa. Donde el desarrollo de los transportes y las tecnologías crean el caldo de cultivo perfecto para que prime más alcanzar una meta que disfrutar del recorrido, parece una locura plantearse este tipo de gestas.

Esta cuarentena he leído libros que relatan caminos que se han transitado y que nos hablan con amor sobre el propio acto de caminar. Entre ellos me quedo con dos: ‘Castilla a pie’ (1971) del escritor segoviano Ignacio Sanz y que es todo un viaje revelador por algunas de las provincias que hoy en día configuran la comunidad de Castilla y León. Y con el libro ‘Millones de pasos’ (2020) de la periodista argentina Carolina Reymúndez, que paradójicamente lo terminó de escribir cuando comenzamos a sufrir el ataque y expansión del covid19. En ambos libros me he contagiado del amor que profesan hacia al acto de andar por una tierra, que comprende recorrer un territorio para conocer en primera persona su paisaje y su paisanaje, su cultura y los estilos de vida que se desarrollan en ella. Más allá del reto personal que supone enfrentarse a un esfuerzo físico de millones de pasos durante días.

Podría decirse que hoy en día cada vez andamos menos; cogemos el coche para casi todo, hacemos pedidos por internet para no tener que salir a patear la ciudad en busca del regalo perfecto, o incluso mandamos una nota de audio a alguien para no tener que ir andando hasta su casa en un día de lluvia. Sin embargo, hay ritos ancestrales y gestas que resisten al paso de los años, y que suponen todo un hito precisamente por el propio valor añadido que otorgan al acto de caminar.

Uno de ellos es el Camino de Santiago. Hito cultural universal y que por fortuna, sigue siendo recorrido por decenas de miles de personas cada año (exceptuando este año pandémico por razones evidentes). Si hay algo que nos ha enseñado la pandemia, por las limitaciones que existen a la hora de viajar, es a valorar lo que tenemos cerca de nuestra casa, el paisaje y sus recursos. Y recorrer el Camino de Santiago, clave en este 2021 al ser Año Jacobeo, puede ser una excelente oportunidad para viajar en muchos sentidos.

El Camino Francés configura una verdadera arteria cultural e histórica universal y atraviesa nuestra provincia de este a oeste habiéndonos legado impresionantes monumentos como la iglesia de San Martín de Frómista, la de Santa María la Blanca de Villalcázar de Sirga o el Monasterio de San Zoilo en Carrión de los Condes. El manto verde que lo envuelve en estas fechas configura un paisaje del que también podemos deleitarnos. El Camino de Santiago es una suerte y toda persona deberíamos recorrerlo al menos una vez en nuestra vida.

En un mundo lleno de ruido, caminar a solas puede ser algo realmente terapeútico. «Caminando se encuentra un silencio hondo. El silencio interior.» Earling Kagge.

Miguel Sánchez González.
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