¿En tu casa también parece que septiembre llega de golpe? Cambian los horarios, vuelven las prisas y, de repente, esperamos que los peques se acuesten temprano, madruguen contentos y entren en clase como si nada.
Pero adaptarse necesita tiempo. Y acompañar este momento no consiste en conseguir una rutina perfecta, sino en hacer la transición con calma, presencia y mucho cariño.
Un cambio poquito a poco
El psicólogo Alberto Soler recomienda recuperar las rutinas de forma progresiva. No podemos pedir que todo cambie de un día para otro y que, además, no haya protestas. Unos días antes de empezar el cole podemos adelantar poco a poco la hora de acostarse y levantarse, ordenar las comidas y anticipar cómo serán las mañanas.
También ayuda hacerles partícipes: preparar la mochila, elegir el material, guardar las cosas del verano o hablar de lo que van a encontrarse. Cuando saben qué va a pasar y sienten que cuentan, el cambio se hace un poquito más sencillo.
La rutina también es nuestra
Hay algo importante que Soler recuerda: los adultos también tenemos que adaptarnos. Si pedimos menos pantallas, horarios más ordenados o calma en la mesa, necesitan vernos caminar en esa dirección. No hace falta hacerlo perfecto. Hace falta coherencia y constancia.
Septiembre puede ser un buen momento para revisar lo que funcionaba en casa y lo que ya no. Las necesidades cambian, especialmente cuando son pequeños. Quizá ahora la cena necesita adelantarse, hace falta más tiempo de juego o las mañanas pueden prepararse la noche anterior.
Rutinas que cuidan
Las recomendaciones del Ministerio de Sanidad ponen el foco en hábitos cotidianos que sostienen el bienestar: sueño regular, alimentación, movimiento y límites claros con las pantallas. Propone evitar las pantallas durante las comidas y antes de dormir, favorecer el juego activo y, siempre que sea posible, caminar al cole o compartir actividades en familia.
Y no olvidemos la parte emocional. Puede haber ilusión, nervios, enfado, miedo… todo junto. Podemos escuchar sin quitar importancia, poner palabras a lo que sienten y transmitir seguridad: «Entiendo que te cueste. Estoy aquí contigo».
La vuelta al cole no tiene que convertirse en una carrera. Necesita paciencia, pequeños pasos y expectativas realistas. Acompañar no es evitarles cualquier incomodidad, sino ofrecerles una base segura mientras encuentran su nuevo ritmo.
Respiramos. Nos organizamos. Y empezamos, poquito a poco.
¿Cómo lo estás viviendo tú?





