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El polvo africano en suspensión también transporta nutrientes para los campos palentinos

Se podría decir que no tiene más que lados negativos. Ensucia los cristales, las poyatas, las calles, los coches, hace que piquen los ojos, que a algunas personas les cueste respirar o se le agraven sus dolencias respiratorias y que tampoco podamos ver el sol y Palencia se parezca a Mad Max, llena de arena y con cielos anaranjados. Pero lo cierto es que, siendo positivos, viendo el reloj de arena casi sin comenzar a soltar granitos, también se le puede encontrar un lado bueno. Pequeño, quizá sin mucha influencia, pero confiemos en que así sea.

El polvo que estos días ha llegado a Palencia se crea por las tormentas y los vientos que se dan más al sur del desierto del Sahara. Y no hacen falta grandes vendavales para que la parte más fina de la arena tome altura. Con apenas unos 40 km horas ya se levanta una polvareda que se mantiene luego en suspensión por acción de las corrientes convectivas y la inversión térmica.

Ocurre un poco al contrario de lo que en los meses de noviembre y diciembre pasa en Palencia con las nieblas. A ras de tierra se queda el aire más frío (aquí la niebla) y el aire más caliente, el que contiene la calima en suspensión, se queda en las partes altas. En situaciones normales, cuando se normaliza la situación atmosférica, ese polvo en suspensión cae cerca de donde salió. Lo que ha ocurrido ahora es que ese polvo en suspensión ha encontrado un motor que lo ha lanzado contra la Península Ibérica: la borrasca Celia. Con tanta fuerza que no se ha quedado en la cuenca mediterránea, sino que ha llegado de pleno a la provincia de Palencia y el resto del norte de España.

Flujo hasta Palencia.

Eso nos llevado a que las tierras palentinas puedan disfrutar de lo que en otros lugares se considera un maná. Porque el polvo del Sáhara y del subsáhara es, al fin y al cabo, en gran medida roca triturada, muy fina, compuesta por diferentes elementos químicos. Muchos de esos agentes, como el fósforo y el nitrógeno, son nutrientes beneficiosos para la tierra. De hecho, hasta hace una semanas los agricultores palentinos han estado esparciendo esos nutrientes en sus campos para fertilizarlos. Y los han pagado al doble de lo que lo hicieron el pasado año.

Ahora, ese oro molido y anaranjado les ha llegado gratis. Quizá no sea una gran cantidad y tampoco se puede pensar en que esos nutrientes vayan a suponer que se pueda sustituir una pasada con los fertilizantes. Más bien, como se dice con la lluvia, agua de cielo no quita riego. Lo que caiga estos días, porque al menos dos jornadas más, según la Aemet sí seguiremos con el polvo en suspensión, será un extra. Un extra muy completo que, por ejemplo, al Amazonas le viene muy bien.

Investigación.

Hace unos años la investigación Polvo del Sahara que fertiliza el Océano Atlántico y la selva amazónica a través del transporte y la deposición de largo alcance: una perspectiva de las mediciones satelitales de varios años, confirmó que el polvo que llega al Amazonas después de cruzar todo el Atlántico desde el Sáhara proporciona alrededor de 22.000 toneladas de fósforo a la selva amazónica anualmente, lo que le permite reponer la fuga de este nutriente. Es cierto que la Amazonía es unas 17 veces España, pero cualquier aporte de este material para los campos palentinos, por pequeño que sea, es siempre beneficioso.

Además no solo lleva fósforo, también hierro o nitrógenos, entre otros nutrientes para el campo. Otros estudios, como Lluvias de polvo en Mallorca (Mediterráneo Occidental): su ocurrencia y papel en algunos procesos geológicos recientes (2005), señalan que en un año en esas islas se llegaron a recoger 14 gramos de polvo subsahariano por cada metro cuadrado. No parece mucho. De hecho no lo es, pero elevado a una hectárea de campo… en ese polvo hay mucho espacio para nutrientes.

Así que este episodio de calima, que está dejando problemas en la calidad del aire de la provincia de Palencia, con del conjunto del país, puede que no sea del todo malo. Al menos, sí podremos decir que tiene un lado positivo, aunque sea poco.

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