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El director del proyecto cultural La Bella Reconocida, Rubén Fernández, atribuye al autor renacentista francés Juan Picardo algunas esculturas del retablo de la Capilla de Santa Lucía, en un artículo en el último número de la revista de la Institución Tello Téllez de Meneses

La Catedral de Palencia lleva con nosotros 700 años, pero alberga todavía cuantiosos secretos. Rubén Fernández Mateos, director del proyecto cultural La Bella Reconocida y próximo doctor en Historia del Arte (leerá su tesis en un mes) lleva años observando con ojos expertos cada uno de los rincones de la seo donde ejerce su trabajo diario como divulgador cultural y, de algún modo, también custodio del templo.

Esas horas de observación entregada, junto con su pericia profesional, le han permitido descubrir uno de esos múltiples secretos de la Bella todavía un poco Desconocida: la autoría de tres esculturas del retablo de la Capilla de Santa Lucía, que corresponden al autor francés Juan Picardo (1506-h.1576). Una importante aportación al conocimiento de la Historia del Arte en nuestro territorio que ha optado por publicar en la revista de la Institución Tello Téllez de Meneses, para que su logro «se quedara en Palencia», frente a otras revistas científicas de mayor repercusión, de las que su investigación era igualmente digna.

Como el detective que desvela sus indagaciones, Rubén explica que una casualidad le dio la pista para iniciar este trabajo. «Estaba preparando una catalogación de una virgen para una colección particular, para lo que estudié obras de Picardo. No se correspondían con aquella virgen, pero me di cuenta de lo mucho que me recordaban a este retablo».

El retablo en cuestión está en la Capilla de Santa Lucía, pero de manera circunstancial. Había sido creado en torno al año 1550 por Manuel Álvarez, artista palentino (se cree que de Castromocho) discípulo de Alonso Berruguete, para el Monasterio de la Santa Espina, en el municipio de Castromonte (Valladolid).

Se trataba del retablo de la capilla mayor, que era románica y fue posteriormente sustituida por otra mucho más grande, por lo que el Monasterio vendió la obra a la parroquia y, ésta, al arcediano de Palencia, Francisco de Rivadeneira, para la capilla de Santa Lucía de la catedral palentina en el año 1580. Rivadeneira abonó 275 ducados por este conjunto que hasta ahora se atribuía íntegramente al discípulo de Berruguete, quien había trabajado con el maestro paredeño en la sillería del coro y el sepulcro del Cardenal Tavera en la Catedral de Toledo.

«Su estilo berruguetesco se aprecia en el relieve de La Anunciación o La Visitación de la Virgen», entre otros elementos del retablo. Y, como curiosidad, la Santa Lucía que preside el retablo, creada por el propio Manuel Álvarez tres décadas después, ya para la Catedral, presenta ya un estilo posterior denominado romanismo miguelangelesco, influenciado por escultores que se formaron en Italia, como Gaspar Becerra.

escultura-de-juan-picardo---PaCO-MagazineHasta ahí, todo claro. Pero a Fernández no le encajaban obras como El llanto sobre el Cristo Muerto, los relieves del sotobanco o La Asunción de la Virgen.

Mediante el método atribucionista o conocedor, que es un método del estudio del arte en basado en la comparación con obras documentadas, Fernández comprobó la coincidencia de numerosos estilemas que no dejaban lugar a dudas de que estas tres obras pertenecen al imaginero Juan Picardo y su taller.

En el verano de 2020 se desplazó hasta la colegiata de Medina del Campo para fotografiar y estudiar otras obras de este escultor procedente de la Picardía francesa, asentado en Peñafiel, que había trabajado junto con Juan de Juni en la catedral del Burgo de Osma e incluso en la propia catedral de Burgos, en este caso aportando esculturas en piedra al cimborrio.

En la colegiata de Medina del Campo pudo comparar los relieves del retablo mayor y varias imágenes, entre ellas el Cristo de la Paz, uno de los pasos de Semana Santa más importantes de Medina. También estudió las obras de Peñafiel y El Burgo de Osma, donde Picardo comparte el encargo de construir el retablo mayor con Juan de Juni, «y lo tuve cada vez más claro», confirma.

Gracias a su estudio, descubrió también otras tres obras de Juan Picardo en la propia colegiata de Medina del Campo: dos imágenes de San Pedro y San Pablo, que estaban en la Sacristía de la Colegiata, y un cristo en la iglesia de Santiago, también en Medina.

Juan Picardo no trabajó directamente en la provincia de Palencia (aunque en su época, Peñafiel pertenecía a la Diócesis palentina), pero su obra terminó aquí. Un hallazgo que no será el último en la Catedral de Palencia: Rubén Fernández cree que en un futuro próximo podrá hacer nuevas atribuciones a obras hasta ahora poco conocidas.

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